El resultado positivo alcanzó los USD 5.076 millones entre enero y junio, impulsado principalmente por el crecimiento de las exportaciones de petróleo y la mayor producción de Vaca Muerta. En paralelo, las compras externas de energía se mantuvieron contenidas, aunque el invierno volvió a exponer las limitaciones del sistema gasífero.

La balanza comercial cerró el primer semestre de 2026 con un superávit energetico de USD 5.076 millones, impulsada por el crecimiento de las exportaciones de crudo.

La producción de Vaca Muerta explica buena parte del resultado, mientras las importaciones continúan concentradas en cubrir los faltantes de gas durante los meses de mayor demanda.

El superávit energético anual podría superar los USD 12.000 millones y dejar muy atrás el récord de USD 7.815 millones alcanzado en 2025.

El resultado representa una mejora del 61,7% respecto del superávit de USD 3.139 millones registrado durante los primeros seis meses de 2025, de acuerdo con el informe de Intercambio Comercial Argentino (ICA) difundido por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec). La evolución confirma el peso creciente del sector energético en las cuentas externas del país.

Más producción y mayores volúmenes exportados

Entre enero y junio, las exportaciones de combustibles y energía alcanzaron los USD 6.594 millones, con una expansión interanual del 42,5%. En paralelo, las importaciones sumaron USD 1.518 millones y aumentaron apenas 1,9% frente al mismo período del año pasado.

Detrás de ese crecimiento, aparece un cambio relevante en la composición del negocio: el incremento de las ventas externas está explicado principalmente por una mayor disponibilidad de hidrocarburos para exportar y no únicamente por una mejora de las cotizaciones internacionales.

Los precios internacionales también aportaron, especialmente en un escenario atravesado por el conflicto armado en Medio Oriente, aunque su incidencia fue menor frente al crecimiento de la producción local.

El petróleo crudo fue, con amplia diferencia, el principal motor de las exportaciones. Los despachos de aceites crudos de petróleo crecieron 47,7% en el semestre y generaron ingresos por USD 4.693 millones, equivalentes al 71,2% de todas las ventas externas del sector energético.

Detrás se ubicaron las naftas, con exportaciones por USD 346 millones y un incremento interanual del 41,5%. Los envíos de butanos licuados alcanzaron USD 231 millones, un 37,3% más que un año atrás, mientras que el propano licuado sumó USD 177 millones, con una suba del 23%.

Solo durante junio, las exportaciones energéticas totalizaron USD 1.234 millones, lo que implicó un crecimiento del 28,5% interanual. Nuevamente, el crudo concentró la mayor parte de los ingresos, con USD 918 millones y una expansión del 24,3%.

El gas importado expone una limitación de infraestructura

La foto del comercio exterior energético presenta, sin embargo, una contradicción. Mientras la producción hidrocarburífera permite generar un superávit cada vez mayor, la Argentina todavía necesita recurrir a compras externas de gas para atravesar los períodos de máxima demanda.

Durante el primer semestre, las principales importaciones estuvieron vinculadas al gas natural licuado, por USD 418 millones; la energía eléctrica, por USD 356 millones; y el gas natural en estado gaseoso, por USD 74 millones.

La presión aumentó en junio, cuando las importaciones energéticas se dispararon 126,5% interanual y llegaron a USD 765 millones, principalmente por el incremento de las compras de GNL y gasóleo.

La explicación está en la brecha entre producción y consumo durante el invierno. La Argentina genera aproximadamente 140 millones de metros cúbicos diarios de gas, pero en los momentos de mayor demanda estacional el consumo puede superar los 180 MMm3/d.

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La Argentina todavía necesita recurrir a compras externas de gas para atravesar los períodos de máxima demanda.

A esto se suma que la red de transporte todavía no cuenta con capacidad suficiente para llevar todo el gas producido en las cuencas hasta los principales centros de consumo cuando se producen los picos de demanda.

Por ese motivo, el GNL importado funciona como un mecanismo de respaldo para cubrir los faltantes temporales. Sin embargo, el costo de ese recurso generó fuertes tensiones durante este invierno.

El costo del GNL golpeó a la industria

Antes del inicio de la temporada fría, el Gobierno había buscado que un operador privado asumiera la compra, administración y distribución de los cargamentos de GNL. Pero el proceso se prolongó debido a la falta de acuerdo sobre los valores de importación y finalmente la operación volvió a quedar bajo responsabilidad de Enarsa, como ocurría desde 2008.

La diferencia respecto de otros inviernos estuvo en la decisión oficial de trasladar a la industria el costo completo del gas importado, sin recurrir a subsidios del Tesoro. La medida se encuadra en la política energética que busca que los usuarios afronten el costo real de la energía que consumen.

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El oleoducto VMOS tiene prevista su puesta en funcionamiento hacia fines de 2026.

El impacto quedó expuesto durante los días de temperaturas más bajas de julio. Cerca de 130 plantas industriales de distintas partes del país sufrieron restricciones en el suministro o resolvieron detener temporalmente sus operaciones ante el fuerte aumento del precio del GNL.

Superávit energetico en un escenario de mayor capacidad exportadora

Las estimaciones para el cierre de 2026 anticipan exportaciones de combustibles y energía cercanas a los USD 11.300 millones, tomando como referencia un precio promedio del Brent de USD 82 por barril.

Si esas previsiones se cumplen, el superávit energético anual podría superar los USD 12.000 millones y dejar atrás el récord de USD 7.815 millones alcanzado en 2025.

A ese escenario se suma la ampliación de la capacidad de evacuación del petróleo neuquino. El oleoducto VMOS, que unirá la cuenca de Vaca Muerta con la costa de Río Negro mediante un trazado de casi 600 kilómetros entre Allen y Punta Colorada, tiene prevista su puesta en funcionamiento hacia fines de 2026.

La obra permitiría sumar una capacidad inicial de evacuación de 190.000 barriles diarios, con potencial de alcanzar los 550.000 barriles por día. Para mediados de 2027, se proyecta una capacidad cercana a los 390.000 barriles diarios.

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