El recrudecimiento del conflicto en Medio Oriente revirtió la tendencia bajista que mostraba el mercado durante las últimas semanas. La atención vuelve a concentrarse en el estrecho de Ormuz, mientras organismos internacionales advierten sobre las consecuencias económicas que podría generar una crisis prolongada.
El precio internacional del petróleo volvió a registrar fuertes subas y quedó nuevamente cerca de los US$90 por barril, luego de una nueva escalada militar entre Estados Unidos e Irán que incrementó la incertidumbre sobre el abastecimiento energético global.
El Brent, referencia para buena parte del comercio internacional de crudo, avanzó este martes más de 4% hasta ubicarse alrededor de los US$87,3 por barril, mientras que el WTI estadounidense también operó en alza y rondó los US$80.
La CEPAL proyectó que el precio promedio del petróleo durante 2026 podría ubicarse entre 20% y 25% por encima del registrado este año. Ese incremento agregaría entre 0,3 y 4,6 puntos porcentuales a la inflación de los países de la región, mientras que para Argentina el impacto oscilaría entre 0,9 y 2,5 puntos.
La recuperación de las últimas jornadas llevó al mercado a sus valores más elevados en más de un mes, después de varias semanas en las que el Brent se había mantenido por debajo de los US$80.
El movimiento profundizó el rebote iniciado el lunes, cuando el Brent llegó a ganar cerca del 10% en una sola rueda, reflejando la rápida reacción de los operadores frente al deterioro del escenario geopolítico.
Aunque los valores actuales permanecen lejos de los máximos cercanos a los US$120 por barril alcanzados durante la etapa más crítica del conflicto, la posibilidad de nuevas interrupciones en Ormuz mantiene bajo presión a los mercados internacionales.
Ormuz, otra vez en el centro de la tensión
La reacción del mercado se produjo después de que Estados Unidos concretara una tercera jornada consecutiva de ataques sobre objetivos militares iraníes.
De acuerdo con el Comando Central de Estados Unidos (Centcom), la ofensiva alcanzó instalaciones ubicadas en Bushehr, Chah Bahar, Jask, Konarak, Abu Musa y Bandar Abbas mediante municiones de precisión dirigidas contra sistemas de defensa costera, bases de misiles, drones y capacidades navales iraníes.
El objetivo, según Washington, es reducir la capacidad de Teherán para afectar el tránsito marítimo comercial.
Tras la operación, el presidente Donald Trump anunció que Estados Unidos asumirá el rol de «guardián» del estrecho de Ormuz, uno de los corredores marítimos más relevantes para el comercio mundial de petróleo.
Además, sostuvo que su país cobrará una compensación equivalente al 20% de toda la carga que transite por esa vía y afirmó que el paso permanecerá abierto «con o sin Irán».
La respuesta iraní fue inmediata. Según trascendió, las fuerzas de Teherán atacaron objetivos en Baréin, Jordania y dos buques petroleros vinculados con Emiratos Árabes Unidos que navegaban por el estrecho.
En ese contexto, el canciller iraní Abás Araqchi respondió a Trump mediante un mensaje publicado en la red social X: «Irán siempre ha sido el guardián del estrecho y lo seguirá siendo para siempre«. Luego agregó: «El presidente de Estados Unidos tiene toda la razón. Quien garantice el paso seguro debe recibir una compensación».
El alto el fuego quedó atrás y crece la incertidumbre
La nueva suba del petróleo coincide con el quiebre definitivo de la tregua que ambos países habían alcanzado semanas atrás. El propio Trump anunció el fin del acuerdo al afirmar que «se ha terminado», dando paso a una nueva etapa de enfrentamientos.

Hasta entonces, el mercado mostraba una marcada corrección. El acuerdo de cese del fuego había permitido que el Brent descendiera desde los US$98 hasta un piso cercano a los US$70 por barril. La reanudación de las hostilidades interrumpió esa tendencia y volvió a instalar la volatilidad.
Antes de esta nueva escalada, la Agencia Internacional de Energía (AIE) había informado que durante junio la oferta mundial aumentó en 4,1 millones de barriles diarios, hasta alcanzar los 98,8 millones, favorecida por la reapertura parcial del tránsito a través del estrecho de Ormuz.
Sin embargo, la producción seguía ubicada unos 9,4 millones de barriles diarios por debajo de los niveles previos al conflicto.
Las exportaciones desde la región también habían mostrado una recuperación hasta 16,1 millones de barriles diarios. No obstante, la propia AIE advirtió que esa cifra continúa muy por debajo de los cerca de 24 millones registrados antes del inicio de la guerra.
El impacto económico de la suba del petróleo
Más allá del comportamiento inmediato de los precios, los organismos internacionales comenzaron a evaluar las consecuencias que podría generar un conflicto prolongado.
La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) proyectó que el precio promedio del petróleo durante 2026 podría ubicarse entre 20% y 25% por encima del registrado este año.
Según sus estimaciones, ese incremento agregaría entre 0,3 y 4,6 puntos porcentuales a la inflación de los países de la región, mientras que para Argentina el impacto oscilaría entre 0,9 y 2,5 puntos.
Por su parte, la Agencia Internacional de Energía sostuvo que la demanda mundial de petróleo caerá alrededor de un millón de barriles diarios durante 2026 antes de recuperarse en 2027.
«Los renovados enfrentamientos armados en el Golfo (Pérsico) esta semana ponen de manifiesto los riesgos de no alcanzar un acuerdo de paz duradero, algo imprescindible para la normalización de los mercados petroleros», señaló el organismo.
La AIE añadió que sus proyecciones de un eventual superávit hacia fines de 2026 dependen de que el tránsito de buques por el Golfo Pérsico se normalice progresivamente, permitiendo que los productores de Medio Oriente recuperen los niveles de producción y exportación previos a la guerra.






