Las lluvias previstas podrían poner bajo presión una cadena logística que ya trabaja con tiempos superiores a los previstos. Y el crecimiento de la actividad no convencional reduce el margen disponible para absorber posibles interrupciones.

El fenómeno climático El Niño 2026/27 podría convertirse en un factor de riesgo para la expansión de Vaca Muerta, al poner bajo presión la infraestructura utilizada para transportar arena silícea desde las canteras de Entre Ríos hasta la cuenca neuquina.

El escenario adquiere relevancia ante las previsiones de crecimiento de la actividad de fractura durante los próximos años.

Las llamadas arenas de cercanía, producidas por las propias operadoras en la cuenca neuquina, explican no más del 14% del consumo total. Por eso, una sustitución rápida de las fuentes alejadas no aparece como una alternativa viable para el próximo verano.

De acuerdo con un informe elaborado por Roberto Lino Blanco, consultor en desarrollo de negocios, logística y análisis regulatorio del sector Oil & Gas, las condiciones climáticas proyectadas para el próximo verano podrían afectar un corredor que ya funciona con tiempos de traslado superiores a los previstos originalmente.

El reporte toma proyecciones de la NOAA y del Servicio Meteorológico Nacional y señala una probabilidad del 81% de que entre octubre y diciembre de 2026 se registre un evento de intensidad muy fuerte, mientras que la posibilidad de continuidad hasta comienzos de la primavera boreal de 2027 (otoño en el hemisferio sur) alcanza el 97%.

Para la Argentina, el período de mayor impacto se concentraría entre noviembre de 2026 y febrero del año siguiente.

Entre Ríos, en el centro de la alerta

El principal punto de vulnerabilidad se encuentra lejos de los yacimientos. Entre Ríos concentra entre 70% y 80% del abastecimiento nacional de arena silícea utilizada para fractura hidráulica, aunque la estimación de Blanco eleva esa participación por encima del 80%.

La dependencia responde a las características del material disponible en la provincia.

«Ibicuy y Diamante concentran el material de mayor pureza y mejor esfericidad, y por eso las operadoras lo eligen a pesar de la distancia«, sostiene el consultor.

Las llamadas arenas de cercanía, producidas por las propias operadoras en la cuenca neuquina, explican no más del 14% del consumo total. Por eso, una sustitución rápida de las fuentes alejadas no aparece como una alternativa viable para el próximo verano.

El problema no termina en la extracción. La arena atraviesa procesos de lavado y abandona las plantas con aproximadamente 12% de humedad. Una mayor presencia de agua incrementa las exigencias sobre el secado y puede reducir la capacidad diaria de procesamiento y despacho.

Una ruta a Vaca Muerta que ya llega exigida

El corredor logístico enfrenta además una situación de partida poco holgada.

Cada pozo no convencional requiere entre 11.000 y 15.000 toneladas de arena y más del 70% del valor del insumo puesto en boca de pozo corresponde al transporte y la logística.

Entre 2.000 y 3.000 camiones circulan diariamente por el sistema, con una flota dedicada estimada entre 4.000 y 4.300 unidades.

Un recorrido que debería completarse en unas 48 horas demanda actualmente entre 70 y 75 horas por las demoras asociadas a infraestructura, operación y condiciones climáticas.

«Un ciclo más largo es, aritméticamente, una flota más chica», explica Blanco.

El efecto es especialmente relevante ante un aumento de la demanda, porque cada demora reduce la capacidad efectiva del sistema para mover toneladas adicionales.

La Ruta Provincial 45, principal salida desde Ibicuy hacia la Ruta Nacional 12, constituye uno de los puntos sensibles. El corredor soporta más de 350 camiones batea diarios y fue intervenido en 2024 mediante un programa de bacheo cercano a los $5.000 millones.

Arenas patagónicas, NGR, Entre Ríos, Vaca Muerta
Las condiciones climáticas proyectadas para el próximo verano podrían afectar un corredor que ya funciona con tiempos de traslado superiores a los previstos originalmente.

También existe una red secundaria de aproximadamente 780 kilómetros en el departamento Islas del Ibicuy.

Allí se realizan trabajos de alteo para disminuir el riesgo de cortes durante lluvias intensas. El último tramo hasta las canteras queda bajo responsabilidad de cada productor.

«La ruta troncal está en obra, el camino secundario se altea para que no se corte y el último tramo a cantera no tiene doliente único. Tres regímenes distintos para un mismo camión», plantea el informe.

Más consumo de arena y menos margen

La presión podría aumentar a medida que crezca la actividad.

El consumo de arena, según el reporte, pasó de los 5,5 millones de toneladas en 2025 y podría alcanzar 8,4 millones en 2027, 9 millones en 2028 y cerca de 12 millones hacia 2030.

En paralelo, las etapas de fractura podrían pasar de unas 25.000 en 2025 a entre 30.000 y 35.000 durante los próximos dos años. El crecimiento deja menos espacio para absorber interrupciones en la cadena.

Una alternativa de largo plazo es la denominada «Ruta de la Arena«, que contempla transportar el material mediante un buque granelero desde el área del Paraná hasta San Antonio, en Río Negro.

Desde allí, el trayecto terrestre hasta Añelo sería de entre 600 y 700 kilómetros, frente a los actuales 1.300 kilómetros.

Sin embargo, el propio informe advierte que la solución no llegará a tiempo para el próximo verano. «Nada de este esquema —ni el granelero, ni el corredor dedicado— va a estar operativo para enero de 2027. Es la respuesta correcta al problema de fondo, no al problema de este verano».

Para los últimos meses de 2026 y los primeros de 2027, las medidas pasan por mejorar las playas de acopio, optimizar drenajes, controlar la humedad, ordenar los despachos y aumentar las reservas en Neuquén.

La capacidad disponible en Añelo ronda las 200.000 toneladas, equivalente a apenas ocho o nueve días de consumo.

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