El desarrollo ya tiene inversión aprobada, financiamiento cerrado y permisos británicos para iniciar la etapa productiva. El paquete de medidas anunciado por el presidente Javier Milei vuelve a generar incertidumbre sobre un proyecto que pretenden poner en marcha en 2028.
El proyecto de petróleo offshore Sea Lion, ubicado a unos 220 kilómetros al norte de las Malvinas, volvió al centro de la disputa entre la Argentina y el Reino Unido por los recursos hidrocarburíferos del Atlántico Sur.
El desarrollo está encabezado por la británica Rockhopper Exploration y la israelí Navitas Petroleum, que mantienen su objetivo de comenzar a extraer petróleo en 2028.
Rockhopper y Navitas informaron a los mercados de Londres y Tel Aviv que las medidas argentinas no alterarán el desarrollo ni los plazos previstos. También remarcaron que sus licencias cuentan con el “apoyo total y continuo del Gobierno británico”.
La reacción del Gobierno argentino se produjo luego de que el 4 de septiembre se reglamentara, mediante el Decreto 868/2026, la aplicación de la Ley 26.659, que fija condiciones para las actividades hidrocarburíferas en la Plataforma Continental Argentina.
La norma amplía el alcance de las posibles sanciones a empresas que exploren o produzcan, pero también a quienes participen en su financiamiento o les brinden asistencia técnica, comercial o logística.
En ese marco, el Gobierno inició procedimientos administrativos contra 45 personas y compañías vinculadas directa o indirectamente con la explotación de hidrocarburos en las islas.
Los involucrados todavía no pueden ser considerados sancionados: se trata de investigaciones destinadas a determinar si existieron infracciones.
La ofensiva oficial, sin embargo, busca elevar los costos y las dificultades para quienes participen del desarrollo.
Rockhopper descubrió el yacimiento
Sea Lion forma parte del bloque PL032, una de las áreas offshore que Rockhopper obtuvo en 2005. La compañía británica había sido creada un año antes con el objetivo de explorar petróleo y gas al norte de las Malvinas.
El descubrimiento llegó el 6 de mayo de 2010, cuando Rockhopper informó los resultados del pozo 14/10-2. Antes de la perforación, RPS Energy calculaba unos 170 millones de barriles recuperables para el prospecto. Los resultados obtenidos llevaron esa estimación a 242 millones de barriles.
La compañía continuó con una campaña de evaluación que incluyó ocho pozos exploratorios adicionales sobre el complejo Sea Lion. Seis de ellos registraron acumulaciones de hidrocarburos que Rockhopper clasificó como nuevos descubrimientos. También se perforaron pozos de evaluación dentro del propio yacimiento, entre ellos los 14/10-4 y 14/10-5.
En 2012, Premier Oil adquirió determinados derechos de las licencias de Rockhopper y tomó una participación del 60% en Sea Lion. Después de la fusión entre Premier Oil y Chrysaor, que dio origen a Harbour Energy, la nueva compañía decidió abandonar el desarrollo.
Navitas tomó el control
La salida de Harbour abrió la puerta al ingreso de Navitas Petroleum. En 2022, la compañía israelí tomó una participación del 65% en Sea Lion y asumió como operadora.
Navitas fue fundada en 2013 por Gideon Tadmor, empresario con trayectoria en el desarrollo de proyectos offshore de gas en Israel. Durante su carrera estuvo vinculado con iniciativas como Yam Tethys, Tamar y Leviathan. Actualmente, a través de Navitas, también participa en proyectos de aguas ultraprofundas en el Golfo de México.

La experiencia de la compañía es uno de los principales argumentos a favor de la posibilidad de concretar Sea Lion. No obstante, el antecedente de Harbour muestra que la escala del proyecto, su ubicación y la falta de infraestructura constituyen obstáculos relevantes.
La inversión en aguas de las Malvinas
Rockhopper y Navitas dieron un paso decisivo en diciembre de 2025, cuando sus directorios aprobaron la decisión final de inversión. Doce días después, el 22 de diciembre, alcanzaron el cierre financiero.
La primera fase demanda US$1.800 millones para alcanzar el First Oil y unos US$2.100 millones para completar el desarrollo, incluidos contingencias y costos financieros. Según las compañías, el esquema contempla US$1.000 millones de deuda bancaria, mientras que el resto será cubierto mediante capital de riesgo compartido y el flujo de caja que genere el propio proyecto.
El programa aprobado contempla una producción inicial de aproximadamente 55.000 barriles diarios desde el primer trimestre de 2028. Esa cifra representa cerca del 6% de la producción petrolera argentina actual. En las etapas posteriores, Sea Lion podría alcanzar 150.000 barriles diarios en 2030 y superar los 200.000 en 2032, aunque esos volúmenes requerirían nuevas decisiones de inversión.
La evaluación independiente de Netherland, Sewell & Associates estimó en agosto de 2026 un total de 408,2 millones de barriles entre reservas probadas, probables y posibles. El breakeven informado por Rockhopper se ubica por debajo de US$24 por barril.
El riesgo que persiste y la respuesta de Navitas y Rockhopper
El financiamiento cerrado y la FID reducen una parte importante de la incertidumbre, pero no eliminan los riesgos. El proyecto debe desarrollarse en una zona remota, sin infraestructura petrolera instalada y con una cadena logística que puede verse afectada por decisiones políticas.
Analistas también han advertido sobre la exposición a los precios internacionales y a eventuales sobrecostos. A eso se suma la posibilidad de que la Argentina impulse medidas contra empresas, proveedores o embarcaciones vinculadas con el desarrollo.
Rockhopper y Navitas, por ahora, sostienen que nada de eso modificará sus planes.
Ambas compañías informaron a los mercados de Londres y Tel Aviv que las medidas argentinas no alterarán el desarrollo ni los plazos previstos.
También remarcaron que sus licencias cuentan con el “apoyo total y continuo del Gobierno británico”.







