El insumo utilizado para sostener las fracturas hidráulicas enfrenta una cadena de costos que se vuelve cada vez más relevante para el desarrollo de la formación neuquina. La distancia desde los centros de extracción, el transporte, el procesamiento y la carga tributaria explican buena parte de la brecha frente a Estados Unidos.

Una tonelada de arena extraída del río Paraná en Ibicuy, Entre Ríos, cuesta alrededor de USD 22 en origen, pero llega a un pozo de Vaca Muerta por unos USD 145.

El salto, que multiplica más de seis veces el valor inicial del insumo, expone uno de los problemas logísticos que enfrenta la industria hidrocarburífera argentina a medida que aumenta la actividad en la cuenca neuquina.

El desafío puede intensificarse durante los próximos años. Vaca Muerta demandaría alrededor de 8 millones de toneladas de arena en 2026 y las proyecciones del sector ubican la necesidad en torno a 12 millones hacia 2030.

La diferencia no responde a una cuestión de calidad del material, sino principalmente al traslado de unos 1.300 kilómetros y a la acumulación de costos logísticos y tributarios a lo largo de la cadena.

Como referencia, en el Permian de Estados Unidos una tonelada de arena llega al pozo por aproximadamente USD 60.

La arena, un insumo clave para extraer petróleo

La importancia de la arena está directamente relacionada con el desarrollo de Vaca Muerta. La fractura hidráulica utiliza agua a alta presión para generar fisuras en la roca y permitir la salida de los hidrocarburos. Luego, la arena funciona como agente de sostén: mantiene abiertas esas fracturas durante la vida productiva del pozo.

El volumen requerido es considerable. Cada etapa de fractura demanda entre 200 y 250 toneladas de arena, mientras que un pozo completo puede utilizar entre 12.500 y 13.000 toneladas.

El crecimiento de la producción incrementó, por lo tanto, la necesidad de garantizar un abastecimiento continuo y competitivo. En junio de 2026, la producción argentina de petróleo alcanzó los 914.900 barriles diarios, un máximo histórico, con Vaca Muerta como principal impulsor.

El Instituto Argentino del Petróleo y del Gas (IAPG) estimó además que la formación cuenta con 30.170 millones de barriles técnicamente recuperables. El volumen representa un aumento del 89% respecto de la estimación realizada por la Agencia de Información de Energía de Estados Unidos en 2013.

Roberto Lino Blanco, consultor especializado en desarrollo de negocios y logística para Oil & Gas, sostiene en un informe que estos números obligan a considerar a la arena como un componente estratégico de la producción.

Su conclusión es que “el agente de sostén deja de ser un ítem de compras y pasa a ser una variable del recurso declarado”.

El costo está en la logística a Vaca Muerta

El análisis de Blanco permite desarmar los USD 145 que termina pagando la operación. El material lavado y cargado en la cabecera entrerriana representa entre USD 20 y USD 22 por tonelada. A eso se agregan aproximadamente USD 70 de transporte de larga distancia, USD 15 correspondientes al secado, USD 27 de última milla y otros USD 10 por el servicio de bombeo en boca de pozo.

Así, la arena propiamente dicha representa apenas una fracción del precio final. La logística concentra más del 70% del costo.

La estructura tributaria agrega otra presión. Sobre el margen bruto del productor, que ronda los USD 6 por tonelada, impactan la guía de tránsito de minerales de Entre Ríos, el canon de extracción, las tasas municipales y el impuesto a los Ingresos Brutos.

Arenas patagónicas, NGR, Entre Ríos, Vaca Muerta
Cada etapa de fractura demanda entre 200 y 250 toneladas de arena, mientras que un pozo completo puede utilizar entre 12.500 y 13.000 toneladas.

Este último genera un efecto acumulativo porque se aplica sobre la facturación y no sobre el valor agregado.

Como la arena atraviesa varias operaciones comerciales antes de ingresar al pozo, el costo fiscal termina incorporándose sucesivamente al precio.

La comparación con Texas

El contraste con la cuenca pérmica de Texas permite dimensionar el problema.

Allí, la arena puede costar unos USD 30 por tonelada en boca de mina y el traslado hasta el pozo agrega entre USD 20 y USD 30. El resultado final se ubica alrededor de USD 60.

La diferencia responde, en buena medida, a la geografía. Las principales fuentes de arena del Permian se encuentran dentro de la propia cuenca, por lo que las distancias son sustancialmente menores.

“La brecha es de mapa y de Estado: 1.300 kilómetros que en Texas no existen porque la mina está adentro de la cuenca, y una superposición de ventanillas fiscales que allá tampoco existe porque el mineral se mueve dentro de una sola jurisdicción”, escribió Blanco.

Incluso frente a los problemas de tránsito generados por la actividad petrolera, Texas avanzó con alternativas como grandes sistemas de transporte por cinta para reducir el movimiento de camiones.

La demanda crece más rápido que la capacidad

El desafío puede intensificarse durante los próximos años. Vaca Muerta demandaría alrededor de 8 millones de toneladas de arena en 2026 y las proyecciones del sector ubican la necesidad en torno a 12 millones hacia 2030.

La capacidad actual de procesamiento, considerando las plantas de lavado activas en las zonas de extracción, se encuentra entre 6,5 y 7 millones de toneladas anuales.

El déficit entre oferta y demanda plantea una presión adicional sobre una cadena que deberá ampliar su infraestructura para acompañar el crecimiento de la producción.

El sector arenero aparece como uno de los principales eslabones a reforzar. Se trata de una actividad fragmentada, con márgenes brutos estimados entre USD 4 y USD 6 por tonelada antes de impuestos, desde los cuales debe financiar inversiones en canteras, plantas, almacenamiento y logística.

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