La carrera global por la transición energética y la seguridad de suministro ha devuelto al uranio un protagonismo estratégico. En Argentina, que domina el ciclo tecnológico nuclear pero importa el 100% de la materia prima que consumen sus centrales, el sector privado ha comenzado a mover sus fichas con agresividad.
Ivana Minerales, firma subsidiaria de la canadiense Blue Sky Uranium Corp. y del holding local Corporación América, dio inicio formal a una nueva campaña de perforaciones en la locación denominada Ivana Este, en la provincia de Río Negro.
Este nuevo objetivo exploratorio se ubica aproximadamente a 10 kilómetros al noreste del depósito original de uranio y vanadio Ivana, dentro del bloque denominado Amarillo Grande, situado al norte de la localidad de Valcheta.
De acuerdo con los datos técnicos de la compañía, la interpretación geológica moderna indica que la Formación Chichinales, identificada rigurosamente como la unidad huésped que alberga el mineral en el yacimiento principal, se extiende de manera directa hacia este nuevo sitio de exploración.
El programa de trabajo en Ivana Este ha sido estructurado mediante una serie de perforaciones de reconocimiento con una profundidad media de aproximadamente 50 metros.
El depósito Ivana se consolidó como el corredor de uranio más avanzado del país administrado por capitales privados, con un perfil de explotación de muy bajo costo.
Las tareas apuntan directamente a capturar la mineralización de uranio de carácter superficial que se aloja a lo largo de la discordancia entre la Formación Chichinales y las rocas del basamento subyacente. Para garantizar la calidad científica de la información, la empresa está empleando el método de perforación diamantina, una tecnología que permite la recuperación continua de testigos.
El modelo económico de Amarillo Grande
El proyecto minero Amarillo Grande posee características operativas singulares que lo diferencian de la minería tradicional de roca dura.
Al haberse evaluado su potencialidad durante las últimas dos décadas, los especialistas determinaron que el mineral se extraería mediante una modalidad de mina a cielo abierto similar a una cantera convencional, debido a que el uranio se encuentra depositado a escasos metros de la superficie.
Esta particularidad geomorfológica reduce drásticamente los costos operativos de remoción de estéril. Además, el proyecto cuenta con el beneficio del vanadio como subproducto estratégico, un metal de alta demanda internacional que se utiliza para el endurecimiento y producción de acero.

En el plano financiero, la hoja de ruta que la empresa presentó ante las autoridades de la provincia de Río Negro contempla un esquema de inversión escalonado.
El depósito Ivana se consolidó como el corredor de uranio más avanzado del país administrado por capitales privados, abarcando una extensión identificada de 145 kilómetros de largo con un perfil de explotación de muy bajo costo.
La paradoja del uranio importado y el Plan Nuclear
El despliegue exploratorio en Río Negro cobra una relevancia mayúscula al analizar el contexto histórico del país. Argentina no produce uranio en su propio suelo desde el año 1995, momento en que salió la última tonelada de origen nacional desde el yacimiento de Sierra Pintada, en la provincia de Mendoza.
Producir uranio es tener independencia energética. Hay un déficit global en la oferta primaria y es una oportunidad enorme para el país
Desde entonces, el Estado nacional se ve obligado a importar anualmente alrededor de 220 toneladas del mineral para mantener operativas sus tres centrales nucleares de potencia como Atucha I, Atucha II y Embalse.
Esta dependencia exterior contrasta abiertamente con los datos de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), que certifican recursos propios bajo tierra suficientes para cubrir 150 años de consumo doméstico continuo.
Con el objetivo de revertir este déficit comercial y energético, el gobierno nacional incluyó al sector dentro del Plan Nuclear Argentino anunciado en diciembre de 2024.
La iniciativa busca duplicar la capacidad nuclear instalada mediante la incorporación de reactores modulares pequeños (SMR) y activar la explotación minera de uranio para abastecer el mercado local y generar saldos exportables.

En la actualidad, la Secretaría de Minería de la Nación registra 21 proyectos de uranio activos, concentrados mayoritariamente en la región patagónica.
Tres yacimientos de uranio frente a sus propios límites
- Cerro Solo (Chubut): Es la mayor reserva cuantificada gestionada por el Estado, con 4.420 toneladas de uranio aseguradas por la CNEA. El proyecto choca de frente con la barrera legislativa de Chubut, provincia que prohíbe por ley la actividad minera metalífera a cielo abierto.
- Sierra Pintada (Mendoza): Cuenta con un volumen histórico de 10.010 toneladas identificadas. Aunque ha ingresado en fase de prefactibilidad, el emprendimiento enfrenta una persistente resistencia por parte de sectores de la comunidad local y severos condicionamientos ambientales.
- Amarillo Grande – Proyecto Ivana (Río Negro): Se posiciona en la vanguardia del sector privado gracias a su marco regulatorio provincial favorable. Posee la mayor estimación de recursos bajo estándares internacionales (NI 43-101) del país y su viabilidad técnica e industrial no cuenta con impedimentos legislativos.
Con la campaña de perforación diamantina iniciada en Ivana Este, Río Negro pica en punta para transformar los recursos minerales subterráneos en soberanía energética real, destrabando el eslabón primario de una de las industrias más limpias y estratégicas del planeta.







