La historia atómica de la Argentina siempre se caracterizó por un marcado contraste entre su peso científico y su gravitación comercial. Mientras el país acumula siete décadas de soberanía tecnológica, instalaciones complejas e instituciones reconocidas en el mundo, su participación en el mercado global del sector apenas roza el 0,5%.
Frente a esa paradoja, la nueva estrategia trazada para el reactor nuclear multipropósito RA-10 inaugura un cambio de época: abrir el ecosistema estatal a esquemas de capital mixto para monetizar la investigación y ganar escala exportadora.
El viraje conceptual no implica un desmantelamiento de la presencia pública, sino una redefinición de roles.
El Estado conservará las facultades regulatorias, de seguridad radiológica y salvaguardias, pero traspasará la gestión operativa, la inversión de capital para infraestructura y el despacho logístico a manos privadas mediante sociedades anónimas con participación pública.
El proyecto del RA-10, ubicado en el Centro Atómico Ezeiza, constituye el escenario donde se pondrá a prueba este nuevo paradigma.
Tras una reestructuración de contratos concretada entre 2024 y comienzos de 2025 que permitió reacelerar el ritmo de obra al 2% mensual, la construcción alcanzó un 90% de ejecución global y proyecta su puesta en marcha operacional hacia principios de 2027.
Con un desembolso histórico acumulado de u$s 600 millones en capex estatal, la instalación requiere ahora de la iniciativa privada para desplegar todo su potencial comercial.
La nueva estrategia para el reactor multipropósito RA-10 busca abrir el ecosistema estatal a esquemas de capital mixto para monetizar la investigación y ganar escala exportadora.
El vehículo elegido para estructurar este esquema es la creación de una empresa mixta bajo el amparo de la Ley 24.804.
A través de una licitación pública para otorgar la concesión de la operación comercial, la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) busca incorporar un socio operador que asuma los costos de funcionamiento diarios (opex) y financie con u$s 200 millones adicionales la construcción de la planta de procesamiento de radioisótopos.

La CNEA no solo conservará la propiedad del activo y una acción de oro veto ante decisiones estratégicas, sino que percibirá dividendos por las ventas.
En antecedente nuclear de gestión mixta y la oportunidad para los reactores argentinos
Este modelo encuentra un antecedente exitoso en Conuar, la compañía especializada en la fabricación de elementos combustibles donde el capital privado coexiste con la participación accionaria estatal.
La premisa es económica y presupuestaria: operar una instalación nuclear de gran escala consume partidas corrientes del Estado que deberían destinarse de manera prioritaria a la investigación de frontera.
Al transferir el riesgo y la administración comercial al sector privado, el organismo científico libera presupuesto y asegura la sostenibilidad financiera del complejo.
El contexto internacional ofrece una oportunidad de mercado inédita que explica el apuro por cerrar la ecuación económico-financiera.
El mercado mundial de radioisótopos médicos atraviesa frecuentes episodios de desabastecimiento debido al envejecimiento de los reactores de investigación en Europa y América del Norte.
Radiofármacos indispensables como el Molibdeno-99 -utilizado en el 80% de los estudios de diagnóstico cardiovascular y oncológico- sufren constantes cuellos de botella por paradas no programadas en plantas añejas.
Con la operación plena del RA-10 y la puesta a punto de su planta asociada, la Argentina estará en condiciones de multiplicar por seis la capacidad de producción del actual reactor RA-3.
Esto permitirá no solo garantizar el autoabastecimiento del sistema de salud local, sino capturar aproximadamente un 20% de la demanda global de Molibdeno-99.

Tratándose de insumos cuya caducidad útil se mide en cuestión de horas o días, la eficiencia en la cadena logística y de despacho internacional resulta tan determinante como la propia técnica de irradiación neutrónica.
Para el inversor privado, el atractivo de ingresar al proyecto no reside únicamente en la demanda cautiva de la salud mundial, sino en el marco regulatorio financiero.
El argumento del Gobierno es que operar una instalación nuclear de gran escala consume partidas corrientes del Estado que deberían destinarse de manera prioritaria a la investigación de frontera.
Al requerir una inversión de u$s 200 millones para la planta de procesamiento, la obra habilita al concesionario a calificar bajo los beneficios del Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) antes del vencimiento de su ventana normativa en 2027.
Dicho encuadre aporta un blindaje impositivo, aduanero y cambiario crucial para proyectos intensivos en capital a largo plazo.
El camino del prestigio al negocio
Más allá de la medicina nuclear, la infraestructura multipropósito del RA-10 abre unidades de negocio paralelas con un alto valor tecnológico agregado.
La instalación permitirá ofrecer servicios internacionales de ensayo para calificación de elementos combustibles, desarrollo de técnicas neutrónicas avanzadas e irradiación de silicio para abastecer a la creciente industria global de semiconductores.
Estas prestaciones diversifican la cartera exportadora del sector atómico nacional.
El desafío de fondo implica cerrar la brecha entre la diplomacia científica y la balanza comercial. Si bien la Argentina aporta cerca del 10% de las actividades dentro del entorno de cooperación técnica del OIEA, su monetización efectiva en bienes y servicios exportables no alcanza el 0,5%.
Pasar del prestigio acumulado en las publicaciones académicas a las divisas de exportación representa una prioridad pragmática en la actual coyuntura macroeconómica.
El entramado nuclear del país cuenta con una cadena de valor integrada que respalda la iniciativa, y mientras Nucleoeléctrica Argentina opera las centrales generadoras Atucha I, Atucha II y Embalse, empresas como INVAP lideran el diseño e ingeniería de reactores de investigación exportados a mercados exigentes como Australia, Argelia o Egipto.
Sumado a la producción de insumos por parte de Dioxitek, ENSI y Conuar, la incorporación del capital privado en el RA-10 completa un ecosistema de alta especialización industrial.






