La industria energética y del transporte en América Latina atraviesa un momento decisivo en su búsqueda por equilibrar crecimiento económico, sostenibilidad ambiental y eficiencia operativa. En este contexto, el gas natural emerge como un recurso clave para impulsar la transición energética, modernizar el transporte pesado y fortalecer la integración regional.
El sector del transporte pesado es uno de los principales beneficiarios potenciales de la transición energética. El uso de GNC permite reducir las emisiones en aproximadamente un 20%, ofreciendo una alternativa viable y disponible en el corto plazo.
En este contexto, mientras empresas como Scania refuerzan su apuesta por el gas como solución para el transporte, el sector energético también plantea miradas e informes sobre su potencial.
Para el sector logístico, la disponibilidad sostenida de GNC -actualmente, con interrupciones en ciertas épocas- podría ser uno de los mejores resultados del desarrollo de Vaca Muerta y su potencial energético.
De ahí que tanto empresarios logísticos como del sector energético impulsen distintas iniciativas en el Congreso para desarrollar el uso del GNC en el transporte pesado.
Actualmente, el uso de GNC puede implicar hasta un 50% de ahorro en el gasto directo de combustible en rutas logísticas, un factor clave en un sector cada vez más competitivo. Además, el uso de biometano —una variante renovable del gas— permite reducir hasta un 90% las emisiones de gases de efecto invernadero.
Aunque el diésel sigue predominando en la región, el GNC es un segmento con gran potencial de crecimiento que necesita fortalecerse
La clave está en adaptar las soluciones tecnológicas a la realidad de cada país. Si bien existen alternativas como la electrificación o el hidrógeno, su implementación enfrenta limitaciones en términos de infraestructura y madurez tecnológica.
En cambio, el gas natural ofrece una opción intermedia que combina viabilidad económica y beneficios ambientales.
La experiencia de Colombia y el desarrollo del GNC en camiones
Uno de los principales focos del debate que se llevó a cabo en el Congreso de ARPEL fue el rol del gas natural en el transporte de carga pesada, un segmento altamente dependiente del diésel y con importantes desafíos en materia de emisiones.

Luz Stella Murgas, presidenta de Naturgas Colombia, destacó que la renovación del parque automotor es una condición indispensable para avanzar hacia un modelo más limpio y eficiente, pero advirtió que este proceso requiere políticas públicas integrales.
Según Murgas, la transición hacia vehículos a Gas Natural Comprimido (GNC) necesita una red de infraestructura adecuada, especialmente estaciones de servicio que garanticen la disponibilidad de combustible. Sin este soporte, la adopción tecnológica se vuelve limitada.
En Colombia, el avance hacia esta transformación ha estado respaldado por políticas específicas que buscan incentivar la renovación de la flota. Uno de los mecanismos más relevantes ha sido la implementación de bonos de compensación para la chatarrización de vehículos con más de 15 años de antigüedad, siempre que sean reemplazados por unidades impulsadas a GNC.
Este esquema ha permitido modernizar progresivamente un sector altamente fragmentado, en el que cerca del 70% de los camiones pertenece a pequeños empresarios.
Sin embargo, el acceso al financiamiento sigue siendo una de las principales barreras. Muchos transportistas no cuentan con historial crediticio o capacidad financiera suficiente para adquirir nuevos vehículos.
Frente a este escenario, la industria del gas en Colombia promovió la creación de un fondo con tasas de interés subsidiadas, facilitando el acceso al crédito y acelerando la incorporación de tecnología más limpia.
Aunque el diésel sigue predominando en la región, Murgas subrayó que el GNC es un segmento con gran potencial de crecimiento que necesita fortalecerse. Existen casos exitosos a nivel local que evidencian su viabilidad: en Bogotá, aproximadamente el 30% de la flota de transporte pesado opera con gas natural, mientras que en Cartagena se apuntó al transporte público, donde este porcentaje alcanza el 100%.

Para la ejecutiva, estos resultados demuestran que “la mejor política pública es el incentivo económico”, capaz de movilizar la inversión privada y acelerar el cambio tecnológico.
Argentina y el desafío de consolidar su potencial gasífero
Desde una perspectiva regional, el debate también incluyó el papel estratégico de Argentina en el desarrollo del gas natural. Pablo Ferragut, Director de ARPEL, sostuvo que el país cuenta con una ventaja comparativa significativa tanto en recursos como en infraestructura.
Argentina posee una de las redes de gas más extensas de América Latina, lo que facilita la distribución y el consumo interno. A esto se suma el potencial de formaciones como Vaca Muerta, que podrían posicionar al país como un actor relevante en el mercado energético global.
Sin embargo, Ferragut advirtió que el sector enfrenta desafíos importantes, especialmente en la articulación de una cadena de valor fragmentada y en la definición de políticas públicas que orienten el desarrollo.
Para el especialista, la participación del Estado es clave para establecer un rumbo claro y aporte una planificación estratégica que brinde previsibilidad a largo plazo.
En este sentido, destacó la importancia de construir una visión compartida entre actores públicos y privados, donde el financiamiento será un elemento determinante.
Un camino en construcción
En conjunto, las intervenciones y análisis presentados en la Conferencia ARPEL 2026 reflejan un consenso creciente: el gas natural jugará un papel central en la transición energética de América Latina.
Sin embargo, el éxito de esta estrategia dependerá de la capacidad de los países para articular políticas públicas coherentes, movilizar inversiones y desarrollar infraestructura. La experiencia de Colombia demuestra que los incentivos adecuados pueden acelerar el cambio, mientras que el potencial de Argentina evidencia las oportunidades que ofrece la región.
En un escenario global marcado por la incertidumbre energética y la presión por reducir emisiones, América Latina cuenta con los recursos y las condiciones para convertirse en un actor relevante. El desafío será transformar ese potencial en una realidad sostenible, capaz de impulsar el desarrollo económico y mejorar la calidad de vida de millones de personas.






