Un informe de Rystad Energy reconoce los cambios en el país para recuperar el potencial de sus yacimientos, pero advierte que solo con la nueva Ley de Hidrocarburos y la apertura a inversiones extranjeras no alcanza para lograr un crecimiento sostenido del bombeo. Los obstáculos a superar.

La recuperación de la industria petrolera de Venezuela enfrenta un obstáculo que podría limitar el crecimiento de la producción durante los próximos años: la falta de equipos de perforación y de capacidad suficiente en los servicios petroleros.

Así lo advierte un informe de Rystad Energy, que identifica en la infraestructura operativa uno de los principales límites para aprovechar el potencial hidrocarburífero del país.

El escenario cambió luego de la reforma de la legislación petrolera y del alivio parcial de las sanciones internacionales, medidas que volvieron a despertar el interés de compañías extranjeras.

Sin embargo, la disponibilidad de recursos y la llegada de capitales ya no aparecen como los únicos factores determinantes para una recuperación sostenida.

«La mayor parte del crecimiento esperado provendrá de empresas internacionales como Chevron, Repsol, Eni, Maha Energy y Maurel & Prom, principalmente mediante la expansión de emprendimientos existentes y no a partir de nuevos desarrollos», destaca el informe de Rystad Energy.

Venezuela deberá recuperar equipos que permanecen fuera de servicio, reacondicionar instalaciones y pozos y sumar nuevas unidades para aumentar el ritmo de perforación. En paralelo, será necesario fortalecer la infraestructura asociada a la producción y garantizar el acceso a los insumos necesarios para procesar sus crudos más pesados.

«La conversación pasó de preguntarse si Venezuela podía reabrir su sector petrolero a si será capaz de ejecutar una recuperación significativa de la producción. El potencial de recursos nunca estuvo en duda; el desafío ahora es convertir ese impulso en crecimiento operativo sostenido«, destaca el informe de Rystad Energy.

Venezuela y su capacidad de perforación

El Ministerio de Petróleo venezolano calcula que el país necesitará contar con 93 equipos de perforación activos hacia 2028.

El objetivo representa un fuerte incremento respecto de la capacidad disponible en la actualidad y obliga a poner en marcha un proceso de recuperación de rigs inactivos y de incorporación de unidades provenientes del exterior.

Para la consultora, este escenario representa una oportunidad para las compañías especializadas en servicios petroleros, pero también expone la magnitud de las inversiones necesarias para acompañar el crecimiento.

Sin equipos suficientes para perforar nuevos pozos y desarrollar los activos existentes, el incremento de la producción podría quedar limitado pese a la disponibilidad de reservas.

«La mayor parte del crecimiento esperado provendrá de empresas internacionales como Chevron, Repsol, Eni, Maha Energy y Maurel & Prom, principalmente mediante la expansión de emprendimientos existentes y no a partir de nuevos desarrollos», destaca el informe.

La recuperación de la actividad dependerá, además, de que los contratistas encuentren condiciones económicas que justifiquen el despliegue de equipos. Los costos de movilización, la extensión de los contratos y la evaluación del riesgo país serán factores centrales a la hora de definir nuevas inversiones en servicios petroleros.

Las petroleras internacionales y un operador clave

Las compañías extranjeras que ya operan en asociación con la estatal PDVSA tendrán un papel central en la evolución de la producción.

Según las estimaciones de Rystad Energy, cerca de dos tercios del crecimiento previsto entre fines de 2025 y fines de 2028 estará explicado por estas empresas.

Entre ellas, Chevron aparece como uno de los principales actores para incrementar el volumen extraído.

Su estrategia contempla optimizar campos que ya se encuentran en producción, avanzar con nuevas perforaciones dentro de áreas desarrolladas y ampliar progresivamente las operaciones en el bloque Ayacucho 8, ubicado en la Faja del Orinoco.

venezuela
Chevron aparece como uno de los principales actores para incrementar el volumen extraído.

La consultora proyecta que la producción petrolera venezolana podría crecer alrededor de 17%, equivalente a unos 194.000 barriles diarios, entre el cuarto trimestre de 2025 y el mismo período de 2028. Ese aumento se apoyaría principalmente en activos existentes, sin depender de nuevos descubrimientos de gran escala.

El rol de los campos maduros de la Faja del Orinoco

El desarrollo de campos maduros, el reacondicionamiento de pozos y la perforación de desarrollo tendrán mayor protagonismo que las nuevas campañas exploratorias. Cerca de tres cuartas partes de la producción continuará correspondiendo a crudos pesados y extrapesados, cuya explotación requiere una infraestructura específica.

«La velocidad de la recuperación dependerá de la ejecución operativa y no de la disponibilidad de recursos. El crecimiento provendrá principalmente de activos que ya están produciendo», sostiene Rystad Energy.

En este escenario, la Faja del Orinoco seguirá ocupando un lugar

central. Las proyecciones indican que esa región aportará cerca del 60% de la producción total de Venezuela durante los próximos años. Por ese motivo, el suministro permanente de diluyentes será otro elemento crítico para poder movilizar y procesar los crudos extrapesados.

La reforma de la ley abrió la puerta, pero la ejecución será decisiva

La Ley de Hidrocarburos de 2026 es considerada por Rystad como una de las reformas más relevantes para el sector venezolano en las últimas décadas.

La nueva normativa amplió el margen para la participación privada e introdujo mayor flexibilidad en materia fiscal, dos elementos que contribuyeron a mejorar las expectativas de inversión.

Sin embargo, el resultado final dependerá de cómo se implemente el nuevo marco.

La estabilidad de las condiciones fiscales, la continuidad del alivio de las sanciones internacionales y la recuperación de la capacidad operativa serán determinantes para que Venezuela pueda transformar su enorme potencial petrolero en un aumento sostenido de la producción durante el resto de la década.

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