La reorganización de la empresa estatal, tras el fracaso de la privatización, incluye el retiro de personal y equipamiento de dos terminales patagónicas que todavía no cuentan con privados que puedan ofrecer el servicio. La medida también plantea interrogantes sobre la atención de vuelos con aeronaves de gran porte, como las que van a Malvinas.

Intercargo decidió dejar de prestar servicios de rampa en los aeropuertos de Río Gallegos y Comodoro Rivadavia, como parte de un proceso de reorganización que el Gobierno presenta como una estrategia para mejorar la eficiencia de la empresa.

La empresa estatal, que actualmente opera en 16 terminales del país y hasta no hace mucho tenía casi un monopolio en la mayoria de las terminales aéreas del país, concentrará recursos y equipos en aquellas escalas donde considera que tienen una mayor utilización.

El principal interrogante está relacionado con quién asumirá las tareas que hasta ahora realizaba Intercargo en ambas terminales. Los servicios de rampa incluyen actividades indispensables para la operación de los vuelos, como el movimiento de equipaje y carga y distintas tareas de asistencia en tierra.

La decisión llega pocas semanas después del fracaso de la licitación mediante la cual el Gobierno buscó desprenderse de la totalidad de las acciones de Intercargo.

La ausencia de ofertas llevó al Ejecutivo a modificar el rumbo y avanzar con una reducción y redistribución de la estructura operativa de la operadora de rampas estatal, que también se ocupa de la gestión del equipaje.

Dos aeropuertos sin operadores alternativos

El principal interrogante está relacionado con quién asumirá las tareas que hasta ahora realizaba Intercargo en la ciudad más poblada de Chubut y en la capital santacruceña.

Los servicios de rampa incluyen actividades indispensables para la operación de los vuelos, como el movimiento de equipaje y carga y distintas tareas de asistencia en tierra.

Según la Asociación del Personal Aeronáutico (APA), alrededor de 25 trabajadores que se desempeñan en las bases de Río Gallegos y Comodoro Rivadavia recibieron como alternativas un traslado a Rosario o el cobro del 50% de la indemnización correspondiente.

A esto se suma el retiro de equipamiento destinado a atender aeronaves de fuselaje ancho. Desde el gremio advierten que la disponibilidad de esos recursos podría convertirse en un problema durante la temporada de mayor actividad turística. En particular, señalan que podrían faltar equipos para asistir a los Airbus A330-200 que operan hacia El Calafate.

También permanece abierta la situación del servicio vinculado con el vuelo a las Islas Malvinas que parte desde Río Gallegos, una operación que requiere asistencia en tierra en esa terminal.

Fuentes del Gobierno aseguraron a La Nación que la modificación no tendrá impacto sobre los pasajeros ni sobre la continuidad de los servicios.

También explicaron que se trata de una medida de “eficiencia operativa, orientada a optimizar los recursos de la empresa y adecuar la distribución del equipamiento a las necesidades de cada escala”.

“La decisión alcanza únicamente a dos terminales (Río Gallegos y Comodoro Rivadavia) y permite reubicar esos recursos en puntos donde tienen un mayor nivel de utilización y resultan más funcionales para la operación”, señalaron.

La desregulación cambió el escenario

El argumento oficial para avanzar con la salida de Intercargo de ambas terminales está relacionado con la apertura del mercado de servicios de rampa.

A partir de la desregulación impulsada por la administración de Javier Milei, las compañías aéreas cuentan formalmente con la posibilidad de contratar distintos prestadores.

La Secretaría de Transporte habilitó a 15 empresas para ofrecer servicios aeroportuarios operacionales y de rampa. El problema es que la apertura regulatoria no necesariamente implica que exista una oferta efectiva en todos los aeropuertos.

Global Protection Service, servicio de rampas, intercargo, transporte aéreo
El argumento oficial para avanzar con la salida de Intercargo de ambas terminales está relacionado con la apertura del mercado de servicios de rampa.

En Río Gallegos y Comodoro Rivadavia, según fuentes del sector, no hay actualmente otros operadores de rampa que puedan asumir esas tareas.

Aerolíneas Argentinas constituye una excepción parcial: la compañía se autopresta los servicios y brinda asistencia a Jetsmart en otros aeropuertos, aunque no está confirmado que vaya a asumir las operaciones que dejará Intercargo.

La dificultad para atraer nuevos prestadores está vinculada con la escala de los mercados.

Fuera de Aeroparque y Ezeiza, son pocas las terminales que concentran un volumen de vuelos suficiente para generar incentivos económicos para el ingreso de operadores especializados.

Una alternativa a Intercargo que los aeronáuticos rechazan

Ante esa situación, en el sector comenzó a circular una posible salida para las escalas de menor tamaño: que los trabajadores reciban los equipos y conformen una sociedad para continuar con la prestación de los servicios de rampa.

La alternativa, sin embargo, es rechazada por el sindicato. Desde APA sostienen que Intercargo debería conservar un esquema de financiamiento integral, en el cual las bases con mayor rentabilidad compensen los costos de aquellas que tienen menor actividad.

LADE, Corredor del Atlántico, Vuelos, Comodoro Rivadavía
Intercargo decidió dejar de prestar servicios de rampa en los aeropuertos de Río Gallegos y Comodoro Rivadavia (foto).

Los concesionarios también siguen con atención la reorganización. Fuentes de Aeropuertos Argentina, responsable de las terminales de Comodoro Rivadavia y Río Gallegos, estimaron que Intercargo podría delegar las tareas en Aerolíneas Argentinas. La aerolínea de bandera, no obstante, aseguró que no tenía información sobre esa posibilidad.

Privatización fallida

El repliegue de Intercargo se produce después del intento del Gobierno de privatizar la empresa. En junio, luego de dos prórrogas, se realizó la apertura de los sobres de la licitación para vender el 100% de las acciones. El proceso quedó desierto porque no se presentó ningún interesado, pese a que el precio base había sido establecido en US$45 millones.

Para el Ejecutivo, la falta de ofertas estuvo relacionada con el cambio producido por la desregulación del mercado de rampa, que permitió el ingreso de competidores y terminó con el esquema cerrado en el que Intercargo había mantenido una posición dominante.

Desde el sector privado plantearon otra lectura. Según esa visión, las condiciones de la licitación dificultaban la aparición de compradores, debido a que la operación implicaba adquirir la compañía de manera integral, incluyendo sus contratos, licencias y actividades, además de mantener a Intercargo como unidad operativa.

Comentarios

Por si acaso, tu email no se mostrará ;)