El encarecimiento por la crisis en Medio Oriente revirtió los resultados positivos que la compañía de bandera había conseguido en los dos ejercicios anteriores. Pese al deterioro financiero, cubrió las pérdidas con fondos propios y sostiene que no necesitará nuevas transferencias del Estado.

Aerolíneas Argentinas cerró el primer semestre de 2026 con una pérdida de $95.580 millones, equivalente a unos US$ 63 millones, luego de haber conseguido ganancias anuales durante los dos ejercicios anteriores.

La compañía atribuyó el resultado negativo al aumento del precio del combustible aeronáutico, que generó un sobrecosto superior a los US$ 100 millones entre enero y junio.

Los datos surgen del informe de ejecución presupuestaria de las empresas públicas elaborado por la Secretaría de Hacienda del Ministerio de Economía.

Los costos de Aerolíneas Argentinas crecieron un 38,3% interanual, mientras que los ingresos avanzaron un 20,7%.

Según ese relevamiento, los costos de la aerolínea crecieron un 38,3% interanual durante el período, mientras que los ingresos avanzaron un 20,7%.

La diferencia entre ambas variaciones presionó sobre las cuentas de la compañía, en un contexto en el que el combustible representa uno de los principales componentes de los gastos operativos.

Fuentes de la empresa, presidida por Fabián Lombardo desde fines de 2023, indicaron que el precio del combustible para aviación aumentó alrededor de un 90% desde el inicio de la crisis en Medio Oriente. De acuerdo con la compañía, el valor alcanzó su nivel más elevado en más de una década, con la excepción de un pico transitorio registrado en 2022, durante la guerra en Ucrania.

Los indicadores operativos de Aerolíneas Argentinas

La empresa sostiene que el deterioro no responde a un retroceso estructural de su actividad, sino principalmente a un factor externo que alteró las previsiones presupuestarias.

Según sus cálculos, si el combustible hubiera mantenido los precios contemplados al elaborar el presupuesto de 2026, el resultado operativo habría permanecido en terreno positivo.

El EBIT, indicador que mide el resultado operativo antes de intereses e impuestos, terminó el semestre con un saldo negativo de US$ 84 millones.

Sin el impacto del encarecimiento del combustible, la compañía estima que habría alcanzado una ganancia de aproximadamente US$ 25 millones.

La evolución de los primeros semestres permite dimensionar la recuperación previa. En 2023, el EBIT había arrojado una pérdida cercana a los US$ 266 millones; en 2024, el déficit se redujo a US$ 44 millones, y en 2025 se transformó en una ganancia de US$ 66 millones.

La empresa vincula esa mejora con las medidas de reducción de gastos, la revisión de procesos y los avances de productividad implementados desde 2024.

Otro indicador relevante es el EBITDAR, que incluye el gasto en combustible, pero se calcula antes de descontar depreciaciones, amortizaciones y alquileres de aeronaves.

Durante el primer semestre, ese resultado se mantuvo positivo en US$ 64 millones, una señal de que la operación continúa generando recursos antes de esos conceptos.

La compañía descarta recurrir al Tesoro

A pesar de las pérdidas, Aerolíneas Argentinas aseguró que cubrió el resultado financiero negativo con la caja disponible al comienzo del ejercicio, sin solicitar nuevos aportes estatales ni financiamiento bancario.

“La reducción de gastos, las mejoras de productividad y la revisión de procesos realizadas desde 2024 permitieron que la compañía cubriera íntegramente el resultado financiero negativo del primer semestre con la caja disponible al inicio del ejercicio, sin nuevos aportes del Estado ni financiamiento bancario”, explicaron fuentes de la empresa a Infobae.

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Aerolíneas Argentinas atribuyó el resultado negativo al aumento del precio del combustible aeronáutico, que generó un sobrecosto superior a los US$ 100 millones entre enero y junio.

La compañía remarcó que no recibe fondos del Tesoro desde mediados de 2024 y que no prevé solicitar asistencia durante 2026 ni en 2027. El dato contrasta con los más de US$ 8.000 millones en transferencias estatales acumuladas entre 2008 y 2024.

Durante el semestre, además, cumplió con todos los vencimientos financieros sin refinanciarlos. En junio canceló el fideicomiso financiero Global ARSA, contratado en octubre de 2023 por US$ 100 millones. Previamente, hacia fines de 2025, había completado los pagos pendientes de los contratos de leasing financiero de las 30 aeronaves de su propiedad.

Una presión que atraviesa a la industria aérea

La escalada del combustible también deterioró las perspectivas de las compañías internacionales. El monitor de la Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA) registró a fines de septiembre un precio promedio mundial de US$ 185,43 por barril de combustible aeronáutico, frente a los US$ 88 que el organismo había proyectado antes del conflicto para el promedio de 2026.

En su informe de junio, IATA calculó un gasto global en combustible de US$ 350.000 millones para este año, frente a US$ 252.000 millones en 2025. También redujo un 44% su previsión de ganancias para el sector, hasta US$ 23.000 millones, frente a los US$ 41.000 millones estimados previamente.

El margen neto previsto quedó en apenas el 2%, con una ganancia promedio de US$ 4,50 por pasajero. Las estimaciones corresponden a junio y podrían haberse deteriorado desde entonces.

El impacto también llegó a la operación. Spirit Airlines dejó de volar el 2 de mayo, tras 34 años de actividad, al no conseguir una salida financiera que le permitiera afrontar el encarecimiento del queroseno.

En septiembre, AirBaltic solicitó protección bajo el Capítulo 11 de la legislación estadounidense para reorganizar su deuda, consiguió un compromiso de financiamiento por 350 millones de euros y anunció planes para reducir su flota de 54 a 36 aviones.

Las compañías de mayor tamaño tampoco quedaron al margen. Lufthansa anticipó que el sobrecosto anual superaría los 1.500 millones de euros previstos inicialmente y anunció la eliminación de 20.000 vuelos de corto alcance hasta octubre.

United Airlines comunicó en marzo un recorte cercano al 5% de sus vuelos programados para los dos trimestres siguientes, mientras que la brasileña Gol suspendió sus servicios a Punta Cana.

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