Las intensas nevadas en la Cordillera de los Andes y las lluvias extraordinarias en las cuencas salares quebraron la previsibilidad en yacimientos en producción, al tiempo que acortaron la ventana estival de exploración en proyectos de cobre y litio desde la Puna hasta la Patagonia. La urgencia por activar planes de contingencia reconfigura los presupuestos de la minería en el país.

En el marco del evento climatológico de El Niño, el clima extremo a lo largo de la franja cordillerana viene poniendo a prueba los márgenes operativos de las compañías mineras durante la presente temporada.

La reaparición del fenómeno, traducida en temporales blancos con acumulaciones récord de nieve en cotas de alta montaña y precipitaciones atípicas en los salares del norte, reabrió un debate central para el sector en la Argentina: las severas consecuencias económicas, los sobrecostos logísticos y la reprogramación de inversiones que exige el bloqueo climático de la cordillera.

En los yacimientos históricos en producción —con exponentes como la mina de oro Veladero en San Juan o las operaciones del Macizo del Deseado como Cerro Vanguardia y Cerro Negro en la Patagonia—, los fenómenos climáticos severos paralizan las tareas en los pozos a cielo abierto y dificultan el tránsito en las bocaminas subterráneas por pérdida de adherencia, congelamiento de equipos y ablandamiento del terreno.

Mantener cientos de kilómetros de caminos de acceso e internos requiere el despliegue ininterrumpido de tractores bulldozer, orugas y barrenieves operando las 24 horas.

Si en las minas operativas el clima resta rentabilidad inmediata, en los megaproyectos en fase de exploración y prefactibilidad la afectación golpea directamente los cronogramas de inversión a nivel nacional.

Cada jornada de baja o nula actividad representa cientos de miles de dólares en volumen no procesado que se desplaza en el calendario financiero, sumado al consumo extraordinario de combustibles especiales y al desgaste acelerado de las flotas de maquinaria pesada.

Si en las minas operativas el clima resta rentabilidad inmediata, en los megaproyectos en fase de exploración y prefactibilidad la afectación golpea directamente los cronogramas de inversión a nivel nacional.

Históricamente, las empresas que operan en alta cordillera trabajan dentro de una ventana de trabajo que se extiende de septiembre a mayo. Sin embargo, las condiciones meteorológicas extraordinarias alteraron los planes en las principales provincias mineras.

Veladero
Los temporales de nieve pueden acumular varios metros, que tras la ventana de seguridad los trabajadores despejan para poder seguir trabajando.

En el Triángulo del Litio, integrado por Jujuy, Salta y Catamarca, las precipitaciones y la humedad inusual en salares como Olaroz, Cauchari, Centenario-Ratones, Sal de Vida y Antofalla diluyeron piletas de evaporación tradicional y anegaron huellas de penetración, obligando a extender los operativos de invierno y reprogramar el traslado de insumos.

En el cinturón cuprífero de la cordillera central, distribuido entre San Juan y Mendoza, las acumulaciones de nieve más intensas registradas en más de dos décadas obligaron a distritos de gran escala como Vicuña, Altar y Los Azules a posponer la apertura de accesos y acortar sus campañas de perforación.

Por su parte, en el Macizo del Deseado santacruceño, las lluvias intensas y los deshielos fuera de término exigieron reforzar los sistemas de bombeo en operaciones subterráneas.

En contraposición, únicamente los emprendimientos ubicados en la precordillera o con desarrollos subterráneos profundos, como Gualcamayo, lograron sortear los embates de alta montaña y mantener sus planes de perforación continuos.

De los riesgos de seguridad a los costos adicionales que trae «El Niño»

Ante el riesgo inherente a estas contingencias meteorológicas, las autoridades mineras nacionales y provinciales instaron a las operadoras a extremar los protocolos de seguridad.

El marco normativo ambiental habilita a las mineras a implementar de manera inmediata medidas de contingencia no previstas originalmente en sus Instrumentos de Gestión Ambiental para resguardar la seguridad del personal, la infraestructura operativa y el entorno natural en zonas de alta montaña o salares.

El acortamiento de la campaña estival terminará provocando una reconfiguración inevitable en la dinámica económica del sector. Al condensar en pocos meses trabajos de perforación e ingeniería planificados para medio año, se generará un diferimiento en la entrega de los estudios de prefactibilidad y factibilidad de los grandes proyectos de cobre y litio en cartera, desplazando las Decisiones Finales de Inversión hacia ventanas temporales posteriores.

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Desde el gobierno se pidió a las empresas extremar las medidas de precaución para los trabajadores e infraestructura.

A esto se suma la elevación de los costos fijos diarios por equipos y personal técnico en espera, obligando a las mineras a absorber sobrecostos significativos en despeje de huellas, logística de abastecimiento y mantenimiento de campamentos aislados.

No obstante, esta presión climática acelerará una reingeniería de procesos: en el sector del litio se refuerza la migración hacia tecnologías de Extracción Directa para reducir la dependencia de la evaporación solar, mientras que en la minería metalífera se exigirán mayores partidas presupuestarias en defensas aluvionales y acondicionamiento de accesos.

En el balance final, la minería internacional asume este escenario como un riesgo implícito de operar en la franja geológica de los Andes.

El elevado valor estratégico del cobre, el oro, la plata y el litio alojados en el subsuelo argentino absorbe los millones de dólares exigidos por la contingencia climática, ratificando la viabilidad económica y la competitividad de la minería argentina en el largo plazo.

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