En julio la actividad registró su mayor retroceso mensual del año, aunque todavía se mantiene en niveles elevados. El resultado abre dudas sobre si se sostendrá el alto ritmo operativo en la segunda mitad de 2026.

La actividad de fractura hidráulica en Vaca Muerta registró una fuerte baja durante julio, con 2.010 etapas completadas, según el relevamiento de NCS Multistage.

El volumen implicó una contracción del 27,2% respecto de junio, cuando se había alcanzado el máximo histórico de 2.760 operaciones, y representó el retroceso mensual más pronunciado de 2026.

Antes de conocerse el registro de julio, las estimaciones sectoriales apuntaban a que 2026 podía cerrar por encima de las 28.000 etapas de fractura. El desempeño de la primera mitad del año había respaldado esa expectativa, con varios máximos mensuales y un nivel operativo sostenido.

El descenso se produjo justo después del récord alcanzado en el primer semestre y llevó por primera vez en el año el nivel de actividad por debajo de las 2.300 etapas mensuales.

Sin embargo, la caída no modifica todavía el balance acumulado: entre enero y julio se realizaron más de 16.900 etapas y el promedio mensual continúa por encima de las 2.400.

Un cambio de ritmo después del máximo histórico

La evolución de las fracturas durante los primeros siete meses muestra una actividad elevada, aunque con oscilaciones. En enero se registraron 2.401 etapas y en febrero 2.371. Marzo marcó una primera aceleración, con 2.616 operaciones, seguida por una corrección en abril, cuando se contabilizaron 2.335.

El ritmo volvió a incrementarse en mayo, con 2.484 etapas, y alcanzó su punto máximo en junio, cuando las 2.760 operaciones establecieron un nuevo récord para Vaca Muerta. Un mes después, el indicador retrocedió hasta las 2.010, el menor registro de todo 2026.

La magnitud de la variación mensual resulta significativa, pero la comparación debe realizarse sobre una base excepcionalmente alta. Junio había superado incluso la marca anterior de marzo y llevó la actividad a un nivel que difícilmente podía sostenerse indefinidamente sin variaciones.

Por eso, el dato de julio no alcanza por sí solo para determinar un cambio estructural. Los próximos relevamientos permitirán establecer si las empresas atravesaron una pausa operativa puntual o si comenzó una desaceleración más prolongada.

Qué muestra este indicador sobre Vaca Muerta

Las etapas de fractura son una de las referencias más utilizadas para medir el nivel de actividad del shale argentino. Su importancia radica en que permiten observar de manera relativamente inmediata la intensidad de los trabajos de completación que realizan las compañías sobre los pozos no convencionales.

Cada etapa forma parte del proceso de estimulación hidráulica de la roca, necesario para generar las condiciones que permiten el flujo de hidrocarburos hacia el pozo. Por ese motivo, una mayor cantidad de fracturas suele asociarse con un mayor ritmo de desarrollo de nuevos pozos y con la preparación de producción futura.

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El volumen implicó una contracción del 27,2% respecto de junio, cuando se había alcanzado el máximo histórico de 2.760 operaciones, y representó el retroceso mensual más pronunciado de 2026.

El indicador no equivale directamente a barriles producidos ni permite trasladar de manera automática una cantidad determinada de etapas a un volumen de petróleo o gas. Sin embargo, sí ofrece una señal sobre la intensidad con la que las operadoras están ejecutando sus programas de desarrollo.

En ese sentido, el retroceso de julio constituye una señal que el mercado seguirá de cerca, especialmente porque ocurre en un momento en el que Vaca Muerta viene aumentando su escala productiva y buscando ampliar su capacidad de evacuación.

El desafío de sostener el ritmo

Antes de conocerse el registro de julio, las estimaciones sectoriales apuntaban a que 2026 podía cerrar por encima de las 28.000 etapas de fractura. El desempeño de la primera mitad del año había respaldado esa expectativa, con varios máximos mensuales y un nivel operativo sostenido.

El nuevo dato introduce una condición adicional para alcanzar esa meta: la actividad deberá recuperar parte del terreno perdido durante los próximos meses y ubicarse nuevamente en niveles superiores a los de julio.

La referencia resulta relevante porque el primer semestre había construido una dinámica de operaciones por encima de las 2.300 etapas mensuales. Para sostener las proyecciones anuales, las empresas deberán volver a acercarse a ese rango o compensar el menor desempeño de julio con una aceleración posterior.

Por ahora, el escenario presenta dos etapas claramente diferenciadas. La primera mitad de 2026 estuvo marcada por una sucesión de registros elevados y un récord absoluto en junio. El comienzo del segundo semestre, en cambio, arrancó con una caída considerable.

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