La provincia cuenta con más de 200 iniciativas vinculadas a la exploración minera en distintas etapas de desarrollo. El «litio «oro blanco» continúa liderando la actividad, aunque el avance de la transición energética amplía el interés por otras opciones estratégicas y reconfigura el potencial geológico local.

El Salar de Arizaro se consolidó como el principal polo de exploración minera de Salta. De acuerdo con datos de la Secretaría de Minería provincial, allí se concentran 17 de los 54 proyectos de exploración avanzada que cuentan con Declaración de Impacto Ambiental (DIA) vigente, lo que representa el 31,5% del total. En la etapa de exploración superficial también lidera el ranking, con 13 de los 78 proyectos activos.

Las cifras fueron presentadas durante un seminario sobre exploración minera realizado en la Universidad Católica de Salta, organizado por el Instituto para el Desarrollo de la Minería Sustentable (Idemis), y reflejan cómo se distribuye la actividad exploratoria en una provincia que busca ampliar su cartera de proyectos para sostener el crecimiento del sector en el largo plazo.

En conjunto, la provincia registra 132 proyectos de primera categoría con Declaración de Impacto Ambiental aprobada entre exploración superficial y avanzada. A esa cifra se suman 126 expedientes asociados exclusivamente a iniciativas en la etapa inicial de exploración.

La exploración ocupa un lugar estratégico dentro del desarrollo minero porque permite garantizar el recambio de proyectos. A diferencia de otras actividades extractivas, las minas tienen una vida útil limitada, por lo que la incorporación de nuevos yacimientos resulta clave para mantener la producción y atraer inversiones.

Después del Salar de Arizaro, el segundo lugar lo ocupa el Salar de Río Grande, que reúne cinco proyectos en exploración superficial y nueve en la etapa avanzada.

El resto de la actividad se distribuye entre otros salares de la Puna salteña, como Pocitos, Taca Taca, Rincón, Pastos Grandes, Hombre Muerto, Tolillar, Llullaillaco, Cauchari y Centenario, cada uno con participaciones que oscilan entre el 4% y el 11%, según la fase de desarrollo.

En conjunto, la provincia registra 132 proyectos de primera categoría con Declaración de Impacto Ambiental aprobada entre exploración superficial y avanzada. A esa cifra se suman 126 expedientes asociados exclusivamente a iniciativas en la etapa inicial de exploración.

Salta: del oro y la plata al litio y los minerales críticos

El mapa de la exploración también cambió en función de los minerales que buscan las empresas. Si durante décadas la actividad estuvo dominada por la búsqueda de oro, plata, cobre, hierro y boratos, hoy el interés se expandió hacia recursos considerados estratégicos para la transición energética y el desarrollo tecnológico.

Litio, níquel, cobalto, manganeso, grafito y tierras raras comenzaron a ganar protagonismo y se incorporaron a la cartera de proyectos que se desarrollan en la provincia.

«Los minerales críticos no reemplazan a los tradicionales; se suman a ellos y amplían las oportunidades exploratorias», señalaron desde la Secretaría de Minería durante la presentación.

Ese cambio también se refleja en la composición de los proyectos más avanzados. En minería metalífera, Salta cuenta actualmente con una mina en producción —Lindero, dedicada a la extracción de oro—, un proyecto con Declaración de Impacto Ambiental aprobada para iniciar la construcción, Diablillos, de plata y oro, y otro con Informe de Impacto Ambiental en evaluación, Taca Taca, uno de los principales desarrollos cupríferos del país.

lindero salta
En minería metalífera, Salta cuenta actualmente con una mina en producción —Lindero, dedicada a la extracción de oro—

En litio, el escenario muestra un mayor grado de desarrollo: la provincia posee cuatro operaciones en producción, cinco proyectos en construcción con DIA aprobada, otros dos con evaluación ambiental para avanzar hacia esa etapa y tres emprendimientos que funcionan como plantas piloto.

Un potencial geológico aún sin explorar

Los datos provinciales encuentran respaldo en un relevamiento del Servicio Geológico Minero Argentino (Segemar), que identificó 26.142 registros minerales en todo el país. Sin embargo, apenas el 20% del territorio con potencial geológico fue explorado en profundidad, mientras que el 80% restante todavía presenta oportunidades de investigación.

Entre las regiones con mayor potencial figuran la Puna, la Cordillera Oriental y los Andes Centrales, áreas donde Salta concentra buena parte de sus recursos de litio, cobre, oro, plata, boratos y minerales críticos.

La Secretaría de Minería destaca además otras fortalezas de la provincia, como el liderazgo nacional en proyectos de litio, el potencial geológico para el desarrollo de cobre y la experiencia acumulada durante décadas en exploración de salares y sistemas metalíferos.

«La pregunta ya no es si Salta tiene recursos minerales. La pregunta es cuánto potencial permanece aún oculto bajo un territorio que continúa revelando nuevas oportunidades geológicas», resumió el secretario de Minería, Gustavo Carrizo.

Por qué sigue siendo una actividad de alto riesgo

Durante el mismo encuentro también se presentaron datos que muestran el nivel de incertidumbre que caracteriza a la exploración minera. El geólogo Gonzalo Mauro de la Hoz citó un estudio de Schodde (2014), según el cual solo uno de cada 200 proyectos que comienzan en la etapa conceptual llega a convertirse en una mina en producción.

El recorrido incluye sucesivas fases de exploración, perforación, estimación de recursos, evaluación económica y estudios de factibilidad, con un elevado porcentaje de iniciativas que quedan descartadas en el camino.

El especialista también destacó que los métodos de descubrimiento evolucionaron significativamente durante el último siglo. Mientras que en las primeras décadas predominaba la prospección directa en superficie, desde mediados del siglo XX las herramientas geofísicas y geoquímicas pasaron a explicar más de la mitad de los nuevos hallazgos.

A ese escenario se suma una tendencia global: cada vez se descubren menos yacimientos de gran escala y los nuevos proyectos suelen ubicarse en zonas más remotas, lo que incrementa los costos de exploración y desarrollo.

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