Con retrocesos interanuales del 4,6% en la industria manufacturera y del 5,1% en el comercio durante julio, la logística enfrenta una demanda más débil y la necesidad de ayudar a sus clientes a reducir costos y mejorar sus operaciones.

La caída de la actividad industrial y comercial empieza a reflejarse en el movimiento de mercaderías y suma presión sobre un sector que todavía debe resolver cómo aportar competitividad a sus clientes.

Con menos consumo de gasoil, una retracción del transporte de cargas y señales de enfriamiento en el empleo privado, el sector se ve en la necesidad de encontrar respuestas para una economía que demanda eficiencia, pero mueve cada vez menos volumen. 

En julio, la actividad económica argentina cayó 1,4% interanual y 2,9% frente a junio, según el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC).

Dentro de ese resultado, la industria manufacturera retrocedió 4,6% y el comercio mayorista, minorista y reparaciones cayó 5,1%. Son dos actividades centrales para el transporte y la distribución de mercaderías, cuya evolución repercute directamente en la demanda de servicios logísticos. 

El escenario plantea una dificultad que alcanza tanto a los transportistas como a los grandes operadores logísticos del país.

En paralelo, el Indicador Sintético de Servicios Públicos del INDEC registró una caída interanual del 2,8% en julio y un retroceso mensual del 4,5% en términos desestacionalizados. La comparación contrasta con los aumentos interanuales que había mostrado la actividad entre marzo y junio, cuando las subas oscilaron entre el 10,6% y el 22,2%. 

A esa señal se suma la evolución del consumo de combustible. Según datos de la Secretaría de Energía citados por la Federación Argentina de Entidades Empresarias del Autotransporte de Cargas (FADEEAC), el consumo de gasoil grado 2 y 3 vinculado al sector se contrajo 4,5% en el acumulado hasta julio frente al mismo período de 2025, mientras que la caída interanual alcanzó el 6,8%. 

En tanto, los patentamientos de unidades rodantes disminuyeron 6% entre enero y julio respecto del mismo período del año anterior, de acuerdo con los datos de la Asociación de Concesionarios de Automotores de la República Argentina (ACARA). Para las empresas de transporte, la combinación de menos actividad y mayores costos reduce el margen para renovar flotas, incorporar tecnología o ampliar capacidad. 

Menos volumen, costos persistentes y presión sobre las operaciones 

El escenario plantea una dificultad que alcanza tanto a los transportistas como a los grandes operadores logísticos del país.

Cuando la industria y el comercio reducen sus movimientos, las empresas que prestan servicios de almacenamiento, distribución y transporte enfrentan una menor utilización de sus recursos, mientras deben sostener estructuras operativas, personal, instalaciones y equipamiento. 

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La logística no puede compensar por sí sola la caída de la actividad económica, pero puede contribuir a reducir costos y mejorar la distribución

El problema se vuelve más complejo cuando los costos siguen aumentando.

El índice de costos logísticos elaborado por la Universidad Tecnológica Nacional (UTN) y el Centro Tecnológico de Transporte, Tránsito y Seguridad Vial (C3T), junto con la Cámara Empresaria de Operadores Logísticos (CEDOL), registró una suba del 2,55% en septiembre.

La presión sobre los costos convive así con una demanda que pierde fuerza, una combinación que puede deteriorar los márgenes si las empresas no consiguen mejorar la productividad o generar nuevos negocios. 

En ese contexto, las grandes compañías del sector como Andreani, DHL Supply Chain, OCASA, Celsur y TASA Logística cuentan con la escala, la infraestructura y la tecnología para ofrecer soluciones más complejas.

Pero, al mismo tiempo sostienen estructuras que necesitan un flujo importante de mercaderías para operar de manera eficiente. Con menos volumen, la capacidad instalada puede convertirse en un problema si no se traduce en nuevas oportunidades o en mejoras concretas para los clientes. 

La evolución del empleo privado aporta otra señal, aunque con diferencias entre actividades. Durante el segundo trimestre de 2026, el conjunto del empleo asalariado privado registrado cayó 2% interanual, con 135.719 puestos menos.

En el desglose sectorial disponible para el primer trimestre, la rama de manipulación de carga, almacenamiento y depósito mostró un comportamiento diferente: incorporó 4.341 trabajadores frente a un año antes, un incremento del 3,4%. 

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Las grandes firmas de logística buscan diversificar las industrias con las que trabajan para garantizar movimiento.

La diferencia importa. Los datos no permiten afirmar que la logística en su conjunto esté destruyendo empleo ni que las principales compañías hayan comenzado a recortar sus planteles.

Sí muestran que el deterioro de la actividad convive con realidades distintas dentro de la cadena logística y que la evolución de los volúmenes será determinante para las decisiones operativas y laborales de los próximos meses. 

El desafío de ofrecer algo más que transporte 

La discusión de fondo pasa por la capacidad del sector para convertirse en una herramienta de competitividad para la industria. En un mercado con demanda debilitada, las empresas manufactureras necesitan reducir costos, ajustar inventarios, mejorar la distribución y aprovechar mejor sus recursos.

La logística puede contribuir a esos objetivos mediante una planificación más precisa, la optimización de rutas, la consolidación de cargas, una gestión eficiente del almacenamiento y una mayor integración de la información con sus clientes. 

Sin embargo, incorporar tecnología o ampliar infraestructura no garantiza por sí solo una mejora en los resultados. El desafío es traducir esas inversiones en soluciones que resuelvan problemas concretos de las empresas que contratan los servicios.

De lo contrario, la logística corre el riesgo de quedar atrapada entre costos crecientes, clientes que buscan pagar menos y una actividad que no ofrece suficiente volumen para sostener las estructuras existentes. 

Si no encuentra esa respuesta, el ajuste puede terminar trasladándose a las decisiones de inversión, la organización de las operaciones y, eventualmente, el empleo. Para determinar si ese proceso ya alcanza a los principales operadores del país, será necesario observar sus balances y las medidas que adopten frente a la caída de la demanda. 

La contracción industrial y comercial deja así una advertencia para toda la cadena. La logística no puede revertir por sí sola la pérdida de actividad económica, pero sí tiene margen para ayudar a sus clientes a operar mejor.  

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