Siendo uno de los tres proyectos mineros más antiguos en actividad en la Argentina, el yacimiento sanjuanino transformó la matriz económica provincial y aportó más de US$13.600 millones al país. Sin embargo, entre las obras estratégicas del fideicomiso y un accidente ambiental, el balance exhibe avances notables y deudas institucionales pendientes.
El 11 de octubre de 2005 no fue una fecha cualquiera para la geografía productiva sanjuanina ni para la minería nacional. Aquella jornada, la primera colada de oro obtenida por Veladero en las alturas del departamento Iglesia de la mano de Barrick Gold inauguró formalmente la era de la minería metalífera a gran escala en la provincia.
A 21 años de aquel hito histórico, el yacimiento —hoy operado por la compañía canadiense en alianza estratégica con la china Shandong Gold— ratifica su condición como uno de los tres proyectos mineros más antiguos que se mantienen en actividad continua en la Argentina, compartiendo ese podio de longevidad operativa con emprendimientos pioneros del mapa nacional como Mina Aguilar en Jujuy y Cerro Vanguardia en Santa Cruz.
En ese contexto, hay que mencionar también a Bajo de la Alumbrera en Catamarca que cerró la explotación, pero instalaciones se encuentran en integración con proyectos vecinos como MARA.
Esa permanencia en el tiempo pone a Veladero con un expediente complejo: un proyecto atravesado por un incuestionable impacto macroeconómico, profundas lecciones ambientales y una marcada contradicción entre la riqueza generada en la cordillera y su exposición tangible en el desarrollo de la comunidad.
El peso de los números
Evaluar el legado de Veladero exige, en primera instancia, mensurar su dimensión económica. A lo largo de dos décadas de operación continua, el yacimiento generó un valor de impacto superior a los US$13.600 millones en la economía argentina, de acuerdo con el informe que publicó la propia empresa.
Veladero: un incuestionable impacto macroeconómico, profundas lecciones ambientales y una marcada contradicción entre la riqueza generada en la cordillera y su exposición tangible en el desarrollo de la comunidad.
Este flujo financiero no se limitó a las arcas corporativas, sino que se tradujo en más de US$8.600 millones destinados a compras de bienes y servicios a proveedores nacionales, US$3.700 millones en conceptos tributarios, regalías y retenciones, y US$1.200 millones en salarios directos.
En el plano del empleo, la operación sostiene hoy una masa laboral de 2.476 trabajadores directos e indirectos, con un 90% de radicación sanjuanina y cerca de un 30% del personal proveniente de los departamentos Iglesia y Jáchal, ambos situados al norte de la provincia.

La inclusión de la mujer también es importante ya que alcanza el 16,5% de la plantilla, y la consolidación de una red de 343 empresas proveedoras locales dan cuenta de una cadena de valor especializada que antes del proyecto simplemente no existía en la provincia.
Asimismo, la infraestructura provincial experimentó saltos cualitativos apalancados por la actividad. A través del Fideicomiso Minero de San Juan, la mina aportó más de US$51 millones destinados a obras viales y de conectividad, al tiempo que financió tendidos estratégicos como la interconexión eléctrica Mendoza–San Juan y la línea de alta tensión Nueva San Juan–Rodeo, infraestructura que hoy sostiene el consumo domiciliario e industrial del norte sanjuanino.
Del trauma de 2015 a la extensión bajo el RIGI
Pero el trayecto de Veladero dista de haber sido lineal. El punto de inflexión más dramático de su historia ocurrió en septiembre de 2015, cuando el derrame de solución cianurada en la cuenca del río Potrerillos sacudió la licencia social de la minería cuyana.
La ruptura en una válvula de una tubería que transportaba una solución cianurada hacia el valle de lixiviación fue el principio de incidente. El líquido tóxico se desvió y una compuerta que debía estar cerrada, se encontraba abierta por una falla humano.
Aquel episodio obligó a una severa investigación judicial, sanciones institucionales y una reestructuración drástica de los estándares operacionales.
De esa crisis nacieron los nueve Comités de Desarrollo Comunitario y los esquemas de monitoreo ambiental participativo, donde los propios vecinos fiscalizan periódicamente la calidad del agua.
Lejos de ingresar en su fase de declive, la mina revalidó este año su proyección temporal.
La reciente aprobación de su proyecto por US$400 millones bajo el Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI) para la construcción y ampliación de las Fases 8 y 9 del valle de lixiviación garantiza la continuidad de las operaciones al menos hasta el año 2032, sumando unos 500 puestos de trabajo adicionales en su etapa de construcción.
El laberinto de las regalías en Iglesia
Es en el plano del desarrollo local donde el balance de los 21 años exhibe sus aristas más controvertidas.
Mientras la infraestructura provincial capitalizó los aportes del fideicomiso minero en obras estructurales de largo alcance, persiste una histórica polémica en el departamento Iglesia respecto al destino y la administración de los fondos percibidos por concepto de regalías mineras.

Pese a haber recibido durante dos décadas sumas millonarias destinadas por ley a promover la diversificación productiva y el desarrollo sustentable del municipio, la percepción ciudadana y las evaluaciones económicas en el departamento señalan un marcado déficit en infraestructura básica, servicios esenciales y proyectos productivos alternativos que sobrevivan al eventual cierre de la mina.
La paradoja es un departamento que alberga a uno de los yacimientos de oro más importantes de Sudamérica, pero que aún lucha por consolidar una matriz económica autosostenible para cuando la actividad de la mina finalmente concluya.
El desafío hacia el futuro
A 21 años de su puesta en marcha, la historia de Veladero demuestra que la minería metalífera a gran escala es un proceso en constante aprendizaje. Su condición de veterano de la industria nacional le otorga la responsabilidad de marcar el camino para los nuevos proyectos que asoman en el horizonte sanjuanino.
Sin embargo, el verdadero éxito de las próximas décadas no se medirá únicamente en las onzas de oro extraídas ni en el cumplimiento de los estándares del RIGI, sino en la capacidad de las instituciones políticas para lograr que las regalías mineras se traduzcan de manera transparente y definitiva en un progreso real y perdurable para las comunidades cercanas.





