El transporte de cargas sumó nuevas exigencias en un escenario de baja demanda y costos elevados.
El transporte de cargas cerró julio con una nueva señal de alerta: los costos operativos volvieron a acelerarse y consolidaron un escenario cada vez más exigente para las empresas del sector.
Aunque el combustible —el insumo más determinante de la actividad— no registró variaciones durante el mes, su impacto acumulado en lo que va del año, sumado al fuerte incremento de los peajes, configuró una presión estructural que se siente en cada kilómetro recorrido.
El Índice de Costos de Transporte (ICT), elaborado por la Federación Argentina de Entidades Empresarias del Autotransporte de Cargas (FADEEAC), marcó en julio un aumento de 2,25%, por encima de los registros de mayo (1,91%) y junio (1,81%), aunque por debajo del 2,42% de abril.
Con este resultado, el indicador acumula 25% entre enero y julio, superando ampliamente el 18,6% observado en igual período de 2025, y alcanza un incremento interanual del 44%.
La combinación de peajes más caros, combustible acumulado al alza, infraestructura deteriorada y una economía de expansión limitada configura un escenario operativo más exigente para la logística por carretera, que impacta sobre los grandes jugadores.
La dinámica del mes estuvo dominada por dos factores que, por su peso relativo y su frecuencia de actualización, se han convertido en los principales motores del encarecimiento logístico: los peajes y el combustible.
Peajes: el rubro que más subió y golpea la operación diaria
Julio dejó un dato contundente: los peajes aumentaron 18,3%, convirtiéndose en el componente de mayor variación del ICT.
La suba respondió a nuevas actualizaciones tarifarias en los corredores nacionales y en los accesos a la Ciudad de Buenos Aires, y se transformó en la tercera corrección significativa del año, luego de un 2025 prácticamente sin movimientos.
Para el sector logístico, el impacto es inmediato. Los peajes son un costo directo y no evitable: cada viaje, cada tramo de autopista y cada corredor concesionado se traduce en un gasto que se multiplica según la frecuencia de los servicios y la distancia recorrida.
En un país donde el transporte carretero concentra más del 90% del movimiento de mercaderías, cualquier ajuste en este rubro repercute de manera transversal.

Además, el aumento de los peajes se produce en un contexto de deterioro de la infraestructura vial, que obliga a desvíos, mayores tiempos de viaje y un uso más intensivo de combustible y mantenimiento.
Combustible, un componente clave en la estructura operativa
Aunque el gasoil no registró modificaciones en julio, su peso en la estructura de costos sigue siendo determinante. En lo que va de 2026, el combustible acumula una suba de 34%, impulsada principalmente por el fuerte ajuste de marzo, cuando el ICT trepó 10,15% y el gasoil aumentó 24,7% en un solo mes.
Desde abril, la aplicación del mecanismo de “buffer”, que evita subas bruscas el precio de referencia de los combustibles en el mercado local, permitió estabilizar temporalmente el valor en surtidor.
Sin embargo, esta estabilidad es frágil: el precio internacional del petróleo Brent —referencia para el mercado argentino— osciló entre 80 y 85 dólares durante la última semana de julio, con altos niveles de volatilidad.
A esto se suma la postergación de la actualización plena de los impuestos a los combustibles, que debía aplicarse de manera gradual desde mayo de 2024 pero fue diferida nuevamente mediante los decretos 562/26 y 693/26.

Para las empresas transportistas, el gasoil sigue siendo el factor más crítico: representa entre el 35% y el 40% de la estructura operativa en muchos segmentos, y cualquier variación se traslada de manera casi inmediata a las tarifas.
Un sector clave que opera con señales mixtas
El análisis económico de FADEEAC advierte que la actividad real muestra comportamientos dispares. Mientras el agro, la energía y la minería sostienen parte del crecimiento, el consumo, la industria y la inversión pública evidencian un mayor debilitamiento.
Para la logística, esto se traduce en corredores con alta demanda y otros con volúmenes en retroceso, lo que obliga a una gestión más fina de flotas, rutas y contratos.
En este contexto, la estructura de costos se convierte en un factor crítico para la planificación operativa. Las empresas deben equilibrar:
- Aumentos constantes en insumos clave,
- Tarifas que no siempre pueden ajustarse al ritmo de los costos,
- Clientes que enfrentan su propia desaceleración,
- Infraestructura vial que agrega costos ocultos.
La variación acumulada de 25% entre enero y julio, sumada al 44% interanual, indica que el sector transita un año de encarecimiento más intenso que el anterior. Y aunque la curva mensual muestra cierta desaceleración desde abril, el impacto de los peajes y del combustible sigue siendo decisivo.
Un escenario que no permite absorber nuevos incrementos
La combinación de peajes más caros, combustible acumulado al alza, infraestructura deteriorada y una economía de expansión limitada configura un escenario operativo más exigente para la logística por carretera, que impacta sobre los grandes jugadores.

Las empresas enfrentan mayores costos (directos e indirectos), dificultades financieras y una volatilidad en los precios difícil de planificar.
En este contexto, la eficiencia operativa —optimización de rutas, mantenimiento preventivo, gestión de flotas, digitalización de procesos— se vuelve tan determinante como la capacidad de negociación comercial.
La estructura de costos del transporte de cargas se encuentra bajo presión y la competitividad del sector depende cada vez más de la capacidad de anticipar, gestionar y mitigar estos incrementos.
En un país donde el transporte carretero es la columna vertebral de la logística, la evolución de estos dos rubros seguirá definiendo el ritmo del ICT y condicionando la planificación de las empresas durante el resto del año.






