La expansión del cobre, el litio y otros minerales críticos está modificando las capacidades que necesitan las compañías. Un relevamiento regional identificó nuevas funciones vinculadas con agua, ambiente, seguridad, tecnología, proveedores y regulación, en un escenario que también obliga a adaptar la formación profesional.

La minería ya está definiendo buena parte de los perfiles profesionales que necesitará para acompañar su expansión a futuro.

Un estudio del Proyecto MinJust (Minerales para una Transición Justa en América Latina y el Caribe), una iniciativa internacional cofinanciada por la Unión Europea y el Gobierno de Alemania, identificó 20 perfiles laborales que ya demanda la industria minera y que son aplicables a distintos países y tipos de minerales, incluso aquellos que no son considerados estratégicos.

La característica común es que se trata de perfiles transversales, aplicables a diferentes minerales y países.

El relevamiento fue presentado en la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional de San Juan (UNSJ), donde especialistas del proyecto explicaron cómo se construyó el mapa de competencias laborales.

El trabajo buscó detectar qué conocimientos y capacidades están siendo requeridos por las empresas y cuáles deberán incorporarse a la oferta educativa para acompañar la transformación de la actividad.

Los nuevos puestos que gana la minería

El estudio identificó inicialmente 300 perfiles a partir del análisis de la demanda laboral regional. Luego de un proceso de validación con especialistas y actores del sector, el universo se redujo hasta llegar a 20 perfiles definitivos.

Entre los puestos que fueron dados a conocer aparecen el Gestor Hídrico e Hidro-ambiental, el Coordinador de Desempeño Social, el Especialista en Gestión de Relaves y el Gestor de Desarrollo de Proveedores Locales.

El resto de las funciones identificadas está relacionado con áreas como economía circular y recuperación de residuos mineros, permisos, fiscalización y cumplimiento regulatorio, eficiencia energética y geociencias.

La característica común es que se trata de perfiles transversales, aplicables a diferentes minerales y países. Esto marca un cambio en las necesidades de las compañías: además de especialistas para las etapas productivas, crece la demanda de profesionales capaces de administrar los impactos ambientales, sociales y regulatorios que acompañan a cada proyecto.

Agua y ambiente, entre las prioridades

La gestión hídrica aparece como una de las principales necesidades de formación. En operaciones ubicadas en regiones con disponibilidad limitada de agua, administrar este recurso requiere conocimientos específicos sobre comportamiento de cuencas, clima, evaporación, efluentes y medición de la huella hídrica.

El desafío es particularmente relevante para Argentina por la localización de buena parte de los proyectos de cobre y litio en zonas cordilleranas y de la Puna.

También ganan importancia la economía circular y la recuperación de residuos mineros. La incorporación de estas capacidades apunta a mejorar el aprovechamiento de materiales, reducir descartes y hacer más eficiente el uso de recursos dentro de las operaciones.

La permisología, fiscalización y cumplimiento regulatorio conforman otro de los grupos de competencias que aparecen en el relevamiento. El crecimiento de los proyectos implica procesos ambientales, técnicos y administrativos cada vez más complejos, lo que genera espacio para especialistas dedicados específicamente a su gestión.

La seguridad cambia y la tecnología acelera el proceso

La seguridad operacional es otro de los grandes ejes de la transformación laboral. El desafío para las empresas no se limita a contar con protocolos, sino a desarrollar una cultura preventiva capaz de reducir de manera sostenida la exposición de los trabajadores.

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La automatización de camiones de extracción forma parte de una tendencia que busca reducir la presencia humana en actividades de mayor riesgo.

En paralelo, la incorporación de tecnología está modificando las tareas dentro de las minas. El mantenimiento predictivo asistido por inteligencia artificial, la automatización de camiones de extracción y el control remoto de plantas desde salas centralizadas forman parte de una tendencia que busca reducir la presencia humana en actividades de mayor riesgo.

La transformación tecnológica también genera nuevas necesidades de capacitación. Los trabajadores deberán combinar conocimientos técnicos tradicionales con capacidades vinculadas al análisis de datos, automatización, sistemas de monitoreo, mantenimiento predictivo y seguridad operacional.

El resultado es una estructura laboral con puestos más especializados y multidisciplinarios, capaces de interactuar con sistemas automatizados y utilizar información para anticipar fallas y mejorar la toma de decisiones.

Minería: proveedores locales y desarrollo de capacidades

El desarrollo de proveedores locales ocupa un lugar específico dentro de los nuevos perfiles. La función del Gestor de Desarrollo de Proveedores Locales apunta a fortalecer las empresas ubicadas en las regiones donde se desarrollan los proyectos y aumentar su participación en la cadena de valor.

La necesidad es especialmente relevante para las provincias argentinas que buscan que las inversiones mineras generen actividad más allá de los yacimientos. Para eso, los proveedores locales deberán alcanzar los estándares técnicos, ambientales y comerciales que exige la industria.

El relevamiento también plantea un desafío para el sistema educativo. Universidades, escuelas técnicas y centros de formación deberán adaptar sus programas a una actividad que incorpora nuevas tecnologías y demanda conocimientos cada vez más específicos.

El Proyecto MinJust prevé continuar con talleres junto a universidades y organismos provinciales hasta diciembre de 2027, con el objetivo de ajustar planes de estudio y certificaciones a las necesidades reales del sector.

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