Empresas logísticas argentinas como Andreani incorporaron durante los últimos años objetivos ambientales y reportes de sustentabilidad. Pero la expansión de la IA abre un nuevo interrogante sobre el impacto energético de la automatización y los centros de datos.

Durante los últimos años, la sustentabilidad ocupó un lugar central en el discurso de las grandes compañías logísticas. La reducción de emisiones, la eficiencia energética, la economía circular y los compromisos ESG pasaron a formar parte de las estrategias corporativas del sector.

Sin embargo, la irrupción acelerada de la inteligencia artificial comenzó a modificar esas prioridades. Hoy, buena parte de las empresas parecen inmersas en una carrera tecnológica donde la automatización y la digitalización avanzan más rápido que la discusión sobre el impacto ambiental de esa transformación.

La infraestructura tecnológica necesaria para sostener esa transformación también tiene un costo ambiental cada vez más visible.

Entre 2022 y 2024, las compañías del sector multiplicaron reportes y compromisos vinculados con sostenibilidad. En junio de 2024, GXO Logistics publicó su informe ESG global y su CEO, Malcolm Wilson, sostuvo que la compañía estaba “en una posición única para hacer más sustentables las operaciones” de miles de clientes mediante eficiencia y economía circular.

En la misma línea, Claudia Núñez, vicepresidenta de Supply Chain Nutrition LATAM de Unilever, afirmó durante un foro logístico en 2023 que las empresas del sector debían “avanzar cada vez más en sustentabilidad para contribuir al cuidado del planeta”.

¿La IA desplaza la agenda sustentable?

En Argentina, el discurso también ganó centralidad. Oscar Andreani, presidente del Grupo Logístico Andreani, afirmó en el Reporte de Sustentabilidad 2024 de la compañía que “las empresas tomamos conciencia de la importancia de una gestión sustentable para tomar decisiones alineadas a los requerimientos del mercado”.

El ejecutivo sostuvo además que la estrategia de sustentabilidad debía acompañar el crecimiento del negocio y la transformación del sector logístico.

Pero en paralelo empezó a crecer otro fenómeno: la explosión de la inteligencia artificial aplicada a logística. Sistemas de ruteo inteligente, automatización de depósitos, analítica predictiva, visión artificial, monitoreo en tiempo real y agentes autónomos comenzaron a ganar protagonismo en las operaciones.

En el contexto actual del negocio, atravesado por márgenes ajustados y fuerte competencia, cualquier mejora de eficiencia puede representar una diferencia relevante en costos y productividad. Y en lo que a la IA respecta, no es “cualquier mejora” sino el nuevo paradigma para la automatización con la que sueña gran parte del sector.

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El problema es que la infraestructura tecnológica necesaria para sostener esa transformación también tiene un costo ambiental cada vez más visible. Detrás de cada algoritmo de optimización, cada modelo predictivo o cada agente de IA existe una red global de centros de datos que consume enormes cantidades de electricidad y agua.

Y aunque una empresa logística argentina contrate servicios alojados en servidores ubicados en Estados Unidos, Europa o Asia, el impacto ambiental asociado sigue existiendo porque el procesamiento ocurre físicamente en esos centros de datos distribuidos alrededor del mundo.

El impacto ambiental de la IA

Diversos estudios publicados en 2026 empezaron a advertir sobre este fenómeno. Un informe de Javier Santos Criado, especialista en IA & Machine Learning, sobre consumo energético de IA señaló que los centros de datos vinculados a inteligencia artificial consumen actualmente unos 415 TWh anuales, equivalente a más de toda la demanda eléctrica de países como Argentina o Suecia.

El mismo análisis remarcó que los sistemas de IA ya representan cerca del 40% del consumo total de energía de los data centers globales. La propia International Energy Agency advirtió que el consumo eléctrico de los centros de datos podría superar los 1.000 TWh y continuar creciendo impulsado principalmente por la inteligencia artificial.

El fenómeno ya comenzó a generar tensiones sobre redes eléctricas, infraestructura energética y abastecimiento en distintas regiones del mundo.

La operación técnica de estos centros ayuda a entender el problema. Los sistemas de IA requieren procesamiento permanente, servidores de alta densidad y enormes capacidades de refrigeración. Un reporte publicado en febrero de 2026 explicó que entre 35% y 45% de toda la energía consumida por un data center se destina únicamente a sistemas de enfriamiento que funcionan las 24 horas.

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En ese sentido, Óscar García, Head of Growth de la firma energética Energía Real, afirmó entonces que “la IA está impulsando una expansión sin precedentes de la infraestructura digital”. Incluso comenzaron a aparecer advertencias sobre la llamada “paradoja verde” de la IA.

 Informes de consultoras y medios especializados sostienen que muchas compañías logran reducir kilómetros recorridos o mejorar eficiencia operativa, pero simultáneamente incrementan su huella energética mediante infraestructura digital mucho más intensiva.

Un reporte difundido por NTT Data alertó que la inteligencia artificial “debe ser sostenible desde su diseño” debido al crecimiento exponencial del consumo energético de los centros de datos.

Fear of Missing Out

La problemática se vuelve todavía más sensible en el sector logístico argentino. Las empresas operan en un contexto de costos crecientes, infraestructura deficiente y márgenes muy ajustados. En ese escenario, la presión competitiva empuja a acelerar procesos de automatización y digitalización.

Un artículo publicado este año en Infobae Movant describió cómo los centros de distribución están evolucionando hacia “ecosistemas gobernados por inteligencia artificial prescriptiva”, donde los algoritmos ya no solo sugieren decisiones, sino que también las ejecutan.

Esa carrera tecnológica tiene además un componente defensivo. Muchas compañías consideran que quedarse afuera de la ola de IA puede traducirse en pérdida de competitividad. En distintos análisis sectoriales de 2026 comenzó a instalarse la idea de que implementar inteligencia artificial dejó de ser una ventaja para convertirse en una condición básica de supervivencia empresarial.

La consecuencia es que la discusión ambiental suele quedar relegada frente a la urgencia de ganar eficiencia, bajar costos y sostener operaciones cada vez más exigentes. La situación abre un debate incómodo para el sector.

Durante años, la logística presentó la sustentabilidad como uno de sus grandes objetivos estratégicos. Pero la expansión acelerada de la inteligencia artificial está desplazando parte de esa agenda hacia una lógica dondela prioridad parece ser automatizar primero y medir impactos después.

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