El escenario regional actual indica que, a pesar del enorme potencial de Vaca Muerta y de una proyección de intercambios por US$5.000 millones anuales, hay temas a resolver que van más allá de la infraestructrua. La falta de acuerdos multilaterales firmes y los costos de transporte en terceros países se presentan como la amenaza a la competitividad del gas en el Cono Sur.

El debate sobre la integración energética en el Cono Sur suele caer con frecuencia en el entusiasmo de los mapas llenos de posibles trazados de infraestructuras, pero los resultados de la Fase V del Proyecto Regional de Integración Gasífera, presentados recientemente en São Paulo por la Organización Latinoamericana y Caribeña de Energía (OLACDE) y CAF, devuelven una dosis de realismo.

Construir una arquitectura transfronteriza estable demanda una billetera de US$18.000 millones en obras, pero el verdadero desafío que enfrentan los gobiernos y las empresas del bloque es la urgente necesidad de una reingeniería regulatoria e institucional que evite que el costo del transporte devore las ventajas competitivas de la producción en origen.

La fotografía actual expone una asimetría en los costos de desarrollo. La Argentina posee hoy en la Cuenca Neuquina un recurso no convencional de escala global, con un precio de ingreso al sistema de transporte (PIST) proyectado en torno a los 3 dólares por millón de BTU (USD/MMBTU).

En la otra vereda del principal mercado consumidor, el gas tratado del Pré-Sal brasileño llega al sistema con un costo significativamente mayor, cercano a los 11 USD/MMBTU.

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El paso del gas argentino hacia Brasil vía Bolivia es posible desde la infraestructura, pero limitado fuertemente por los costos que se pretenden imponer.

A priori, la ventana de oportunidad para el fluido neuquino parece inmejorable, máxime si se considera que Bolivia, el histórico proveedor de la región que operaba con un PIST local menor a 1,5 USD/MMBTU, sufre un declive irreversible en sus cuencas de Subandino Sur y Pie de Monte.

Sin embargo, a medida que el gas argentino recorre miles de kilómetros hacia los centros industriales de destino, la sumatoria de peajes y tarifas de tramo achica de manera notoria los márgenes comerciales.

El informe de simulación de flujos de OLACDE resulta esclarecedor al analizar las rutas en el período invernal. En el denominado Escenario Base, el gas de Vaca Muerta encuentra un destino competitivo en el sur de Brasil vía Uruguaiana, pero la infraestructura existente resulta insuficiente para penetrar en el estratégico mercado de San Pablo, el cual permanece bajo el dominio del Pré-Sal y de los buques de GNL.

Para que el fluido de Neuquén logre competir de igual a igual en el sudeste brasileño e inyectar hasta 10 millones de metros cúbicos diarios (MMm3/d) utilizando la infraestructura de Bolivia, resulta indispensable aplicar una agresiva reducción en los costos de transporte de los tramos regulados por terceros países.

Sin esa flexibilización tarifaria, el costo de transporte actúa como un arancel invisible que erosiona la competitividad argentina.

De las trabas al posible negocio de la integración gasífera

Si bien existen avances normativos valorables -como la vigencia del Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) y la Resolución 400/25 en la Argentina, o la ley Nova Lei de Gás y el programa Gás para Empregar en Brasil-, persisten escollos estructurales. Para la Argentina, el sostenimiento de los derechos de exportación funciona como un castigo impositivo que encarece el producto en las fronteras.

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Las obras que lleva adelante TGS en el Gasoducto Perito Moreno es parte de la infraestuctura requerida para una integración regional plena.

Para Bolivia, la tentación de fijar tarifas de agregación elevadas para el gas en tránsito hacia Brasil puede terminar por bloquear la viabilidad de la propia reversión del Gasoducto Norte, una obra de US$700 millones que requiere flujos constantes para amortizarse.

La escala del mercado potencial justifica el esfuerzo de sentarse a negociar un tratado multilateral que funcione como un paraguas de seguridad jurídica de largo plazo.

En un escenario de alta demanda regional, donde convivan la expansión de proyectos petroquímicos y de fertilizantes en Paraguay y la reactivación industrial brasileña, el intercambio regional de gas podría estabilizarse entre los 60 y 70 MMm3/d.

Esto implicaría transacciones comerciales por US$5.000 millones anuales y un ahorro en la balanza de pagos regional de hasta US$2.000 millones por año mediante la sustitución de GNL importado.

Frente a un mercado internacional vulnerable a los shocks geopolíticos, la integración gasífera regional dejó de ser una opción de simple oportunidad comercial para transformarse en un asunto de seguridad de abastecimiento para el Cono Sur, pero requiere una madurez regulatoria que facilite los esfuerzos de la integración.

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