La transición energética global generó una carrera por el abastecimiento de minerales críticos como el litio y el cobre, pero también de demanda energética para dar lugar a ese desarrollo. Según las proyecciones de la Agencia Internacional de Energía (IEA), para 2040 la demanda global de litio se multiplicará por seis, mientras que la de cobre crecerá un 50%.
En América Latina y el Caribe, donde la minería ya representa el 9% del consumo eléctrico, la Argentina se posiciona como el país con el mayor dinamismo relativo y la mayor presión potencial sobre su sistema energético para la próxima década.
De acuerdo con los datos presentados en el informe de la Organización Latinoamericana y Caribeña de Energía (OLACDE), el sector minero argentino registrará un dinamismo profundo en su perfil de consumo.
En 2024, la base sectorial era de 1.256 GWh, equivalentes al 1% del consumo nacional, pero sin embargo, las proyecciones para 2034 sitúan la demanda en 6.630 GWh, lo que representa un incremento del 425%.
Este salto exponencial responde a la maduración de los proyectos de litio en los salares del noroeste y, fundamentalmente, a la entrada en operaciones de yacimientos de cobre de escala global, incentivados por el marco normativo del Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), que ofrece estabilidad fiscal y cambiaria por 30 años.

Siguiendo el análisis del organismo regional, sin una expansión coordinada del Sistema Argentino de Interconexión (SADI) que acompañe el ritmo de las inversiones del RIGI, la brecha entre el recurso disponible en el subsuelo y la capacidad operativa de las redes se consolidará como el principal cuello de botella para el desarrollo del sector.
El origen de esta presión energética radica en la alta intensidad mineral que requieren las tecnologías limpias en comparación con las convencionales. Según datos del Banco Mundial citados en el documento, la fabricación de un vehículo eléctrico demanda, en promedio, seis veces más insumos minerales que un automóvil con motor de combustión interna.
En 2024, la base sectorial era de 1.256 GWh, equivalentes al 1% del consumo nacional, sin embargo, las proyecciones para 2034 sitúan la demanda en 6.630 GWh, lo que representa un incremento del 425%.
En el segmento de la generación, una planta eólica terrestre requiere unas nueve veces más minerales por unidad de capacidad instalada que una central térmica alimentada a gas natural.
Esta mayor necesidad de insumos consolida la actividad extractiva y de procesamiento como la base de la descarbonización, equiparando su impacto en las redes eléctricas globales al de tendencias de alta visibilidad como los centros de datos y la Inteligencia Artificial, que registran un incremento proyectado del 10%.
Las exportaciones mineras y las nuevas industrias
Actualmente, el país cuenta con 26 proyectos mineros en operación, con exportaciones que en 2024 superaron los U$S4.500 millones, escalaron a los US$6.000 millones en 2025, y por el efecto de incremento de precios internacionales podría llegar a los US$10.000 millones este año.
Aunque el oro explica hoy el 60% de esas ventas externas, las carteras de construcción y factibilidad avanzan hacia los minerales de la transición.

En litio ya existen siete proyectos operativos, pero el mayor impacto energético provendrá del cobre, un sector que hoy no registra producción industrial pero que cuenta con iniciativas avanzadas en la región andina. En lo que va del año registra un incremento superior al 218% en valores exportados, y más del 60% en volúmenes, con proyección de seguir escalando.
El informe de la OLACDE expone la magnitud de estos desarrollos al analizar los requerimientos de inversión y consumo eléctrico en el territorio: «Un caso testigo es el proyecto Taca Taca (First Quantum Minerals) en Salta, con una capacidad de procesamiento inicial de 40 Mtpa y una expansión prevista a 60 Mtpa».
La viabilidad de este crecimiento del 425% depende de obras de alta tensión (500 kV) que permitan evacuar la energía hacia los yacimientos y, en simultáneo, de la integración de fuentes renovables in situ
«Con una producción estimada de 291.000 toneladas de cobre anuales, este proyecto se posiciona como un nodo de demanda crítica que requerirá infraestructura energética de alta fiabilidad y una inversión de capital (CAPEX) superior a los 5.000 millones de dólares«, refleja el informe de Olacde
La principal implicancia de esta expansión es de carácter territorial. La concentración de proyectos de cobre y litio en San Juan, Salta y Catamarca desplazará el centro de gravedad de la demanda industrial hacia las regiones del NOA y Cuyo.
Yacimientos cupríferos como MARA, El Pachón, Josemaría y Los Azules, sumados a proyectos de litio como Centenario-Ratones, Sal de Oro y Mariana, configuran un clúster de alta intensidad energética en zonas que históricamente contaron con una infraestructura de red limitada.

Ante este panorama, el documento técnico advierte sobre las condiciones estructurales obligatorias para que el potencial geológico se traduzca en actividad efectiva: «La viabilidad de este crecimiento del 425% depende de la ejecución de obras de alta tensión (500 kV) que permitan evacuar la energía hacia los yacimientos y, en simultáneo, de la integración de fuentes renovables in situ para cumplir con los estándares de huella de carbono exigidos por el mercado global.»
Si bien la alta radiación solar de la Puna ofrece una ventaja estratégica para hibridar la matriz minera mediante generación fotovoltaica propia, la infraestructura de transporte operará como el factor determinante.






