El Sistema Integrado Cristo Redentor enfrenta desde este lunes un nuevo cierre total por fuertes nevadas y condiciones meteorológicas extremas, que podría extenderse hasta el 31 de agosto. Se vuelve a tensionar la logística regional en plena temporada de alto tránsito.
El paso internacional Cristo Redentor volvió a cerrar esta semana, por nuevos temporales de nieve, y la reapertura podría demorar hasta el próximo lunes 31, tras el bloqueo récord que se extendió durante 34 días hasta el 18 de agosto.
El cierre afecta tanto a vehículos particulares como al transporte internacional de carga, que depende del corredor para conectar los puertos chilenos del Pacífico con los centros productivos del centro y norte argentino.
Las autoridades de ambos países advirtieron que el sistema permanecerá clausurado “hasta que las condiciones de seguridad lo permitan”, debido a la acumulación de nieve, hielo y fuertes ráfagas de viento en alta montaña. Impacto logístico
El cierre se produce en un contexto de alta demanda logística, cuando todavía se buscaba liberar a los más de 2.000 camiones que quedaron varados por el largo temporal que comenzó en julio. Cada cierre prolongado genera un efecto dominó sobre la cadena de abastecimiento, con demoras en entregas, reprogramación de rutas y sobrecostos operativos.
El fenómeno meteorológico expone una vez más la vulnerabilidad del sistema frente a otros estables, como los puertos de Buenos Aires y Rosario.
En ese marco, las empresas de transporte internacional reportaron que más de 1.000 camiones permanecen detenidos en distintos puntos de la ruta 7, a la espera de la reapertura.
El fenómeno meteorológico expone una vez más la vulnerabilidad del sistema frente a otros estables, como los puertos de Buenos Aires y Rosario.
Expertos en logística advierten que la falta de alternativas eficientes incrementa la presión sobre el corredor. Si bien existen rutas complementarias como Pino Hachado o Pehuenche, o Jama al norte del país, su capacidad es limitada y no pueden absorber el volumen del Cristo Redentor.
Los pasos alternativos: falta de capacidad y las mismas dificultades
Las rutas alternativas existen, pero ninguna puede reemplazar al Cristo Redentor en capacidad, infraestructura ni tiempos de viaje. La opción más utilizada es el Paso Pino Hachado, en Neuquén, que conecta con la región de La Araucanía en Chile.

Aunque es una vía pavimentada y con buena infraestructura, su capacidad es limitada y el desvío implica entre 600 y 900 kilómetros adicionales, dependiendo del origen de la carga. Para camiones que parten desde Mendoza o San Juan, el desvío hacia Pino Hachado puede sumar entre 12 y 18 horas de viaje, además de mayores costos de combustible y desgaste de flota.
Otra alternativa es el Paso Pehuenche, en Malargüe, –también cerrado– que conecta con la región del Maule. Aunque ha mejorado en los últimos años, su infraestructura aún no permite absorber grandes volúmenes de transporte pesado.
Además, el trayecto incluye zonas de curvas pronunciadas y sectores donde la nieve también puede interrumpir el tránsito. Para cargas provenientes del centro del país, Pehuenche implica un desvío de más de 700 kilómetros y tiempos de viaje que pueden duplicar los del Cristo Redentor.
El Paso San Francisco, en Catamarca, y el Paso Jama, en Jujuy, son alternativas para cargas que se dirigen a puertos del norte de Chile, como Antofagasta o Mejillones.
Sin embargo, estos corredores están lejos de ser opciones viables para el flujo que normalmente utiliza el Cristo Redentor, ya que implican desplazamientos de más de 1.000 kilómetros adicionales y atraviesan zonas de altura extrema, lo que limita el tránsito de camiones con cargas sensibles o refrigeradas.
El impacto económico del nuevo cierre del Cristo Redentor
El impacto económico del cierre es inmediato y profundo. Las cámaras de transporte estiman que cada día de interrupción genera pérdidas superiores a los USD 3 millones, considerando costos de espera, combustible, penalidades por incumplimiento de contratos y deterioro de cargas perecederas.
Para el sector frutícola y hortícola, que exporta productos frescos hacia los puertos de Valparaíso y San Antonio, un cierre prolongado puede significar la pérdida total de la mercadería.

Las empresas de transporte internacional también enfrentan un problema operativo crítico: la inmovilización de flota.
Cuando cientos de camiones quedan detenidos en la cordillera, se paraliza la rotación de unidades, se retrasan los ciclos de carga y descarga y se afecta la disponibilidad de vehículos para nuevos contratos. Esto genera un efecto cascada que impacta en toda la cadena logística, desde productores hasta distribuidores finales.
Los cierres prolongados, además, exponen la falta de infraestructura y la crisis que viven los transportistas en cuanto a alimentación y descanso.







