Las principales compañías navieras de contenedores que operan en el Puerto de Montevideo elevaron al gobierno uruguayo una advertencia de inusual contundencia sobre el deterioro de las condiciones operativas. El conflicto salarial que motivó los paros sigue sin resolverse.

El planteo, realizado de manera conjunta por los representantes locales de Maersk, CMA CGM, Hapag-Lloyd, Ocean Network Express (ONE) y Cosco Shipping Lines, pone en evidencia una creciente inquietud dentro de la industria marítima internacional por los efectos que los conflictos laborales y las interrupciones de actividad están teniendo sobre la confiabilidad del sistema portuario uruguayo.

La nota se suma al reclamo presentado por más de 20 cámaras empresariales de Uruguay, quienes también expresaron su malestar e inquietud por la falta de solución al largo conflicto en el puerto de Montevideo.

La carta remitida a seis ministerios nacionales refleja una preocupación que trasciende la operativa diaria de una terminal portuaria y alcanza a toda la cadena de suministro vinculada al comercio exterior.

Para las navieras, la situación ha llegado a un punto crítico debido a la reiteración de medidas sindicales, paros y episodios de paralización que, según sostienen, dificultan la prestación normal de los servicios de transporte marítimo de contenedores.

El documento señala que las compañías decidieron dirigirse directamente a las autoridades nacionales ante un escenario definido como de “extrema incertidumbre y parálisis”.

Los clientes internacionales evalúan permanentemente la estabilidad y confiabilidad de los puertos que integran sus rutas logísticas

Desde la perspectiva de los operadores marítimos, la falta de previsibilidad constituye hoy uno de los principales factores de riesgo para la continuidad y eficiencia de los servicios internacionales que conectan a Uruguay con los mercados globales.

Las navieras sostienen que las medidas gremiales acumuladas durante los últimos meses han provocado una pérdida sostenida de regularidad operativa.

Uno de los datos más relevantes expuestos por las compañías es que durante 2026 el Puerto de Montevideo habría acumulado más de 35 días con distintos niveles de afectación operativa.

A ello se agregan las consecuencias derivadas de conflictos registrados desde octubre del año anterior, generando un escenario que, según los firmantes, está deteriorando progresivamente la competitividad del principal enclave marítimo de Uruguay.

Impacto directo sobre la cadena logística

El reclamo empresarial enfatiza que las consecuencias ya no se limitan al ámbito portuario. Por el contrario, alcanzan a exportadores, importadores, despachantes, operadores logísticos, transportistas terrestres y clientes finales.

Puerto de Montevideo, contenedores, TCP, Montevideo
La terminal de contenedores TCP, del Puerto de Montevideo, con dificultades operativas.

Las empresas navieras también alertan que la incertidumbre afecta la planificación comercial de los cargadores, quienes requieren previsibilidad para contratar servicios, coordinar entregas y cumplir compromisos internacionales.

En mercados cada vez más competitivos, la confiabilidad logística se ha convertido en un factor tan importante como el costo del transporte.

Para las compañías marítimas, la situación genera además un problema reputacional. Los clientes internacionales evalúan permanentemente la estabilidad y confiabilidad de los puertos que integran sus rutas logísticas.

La amenaza sobre los trasbordos

Entre todas las preocupaciones planteadas por las navieras, una sobresale por encima del resto: la pérdida de cargas de transbordo. Durante los últimos años, Montevideo buscó actuar como centro regional para operaciones de trasbordo de contenedores.

Esta actividad consiste en la transferencia de cargas entre distintos buques y representa una fuente fundamental de movimiento portuario, empleo e ingresos para la comunidad logística de Uruguay, sin escala propia para atraer el interés de las navieras.

La relevancia de los transbordos radica en que no dependen exclusivamente de la economía uruguaya. Montevideo capta cargas provenientes de diversos países de la región y compite directamente con otros puertos sudamericanos por esos volúmenes.

Las navieras advierten que la continuidad de los conflictos está provocando una pérdida sostenida de estos tráficos. Cuando una terminal deja de ofrecer garantías de regularidad operativa, los armadores suelen evaluar alternativas en otros puertos capaces de brindar mayor certidumbre respecto a tiempos de operación y cumplimiento de escalas.

Una vez que las líneas marítimas reconfiguran sus redes y consolidan nuevas alternativas operativas, el retorno de esos volúmenes no siempre es inmediato ni sencillo.

El conflicto del puerto de Montevideo sigue sin solución

Al día de hoy, el conflicto en torno a la operativa portuaria trasciende ampliamente una disputa laboral puntual y se ha convertido en una cuestión estratégica para la economía uruguaya.

El puerto de Montevideo, con pérdida de trasbordo de contenedores.

La disputa entre Terminal Cuenca del Plata (TCP, de Katoen Natie), y el sindicato SUPRA comenzó como una discusión salarial por un nuevo convenio colectivo, pero escaló tras la decisión del gobierno uruguayo de establecer guardias mínimas que permitan sostener la operatoria, tras la fuerte presión empresarial.

Desde entonces, el gremio inició nuevas medidas de fuerza que se extendieron a otros puertos menores de Uruguay, mientras continúan las negociaciones en el ministerio de trabajo local.

Las negociaciones mantienen reuniones diarias, y ahora es el propio gobierno el que busca presentar ofertas que acerquen posiciones entre la terminal y el sindicato, pero los días pasan y no hay acuerdo.

Las navieras decidieron dirigirse directamente a las autoridades nacionales ante un escenario definido como de “extrema incertidumbre y parálisis”.

El planteo formulado por Maersk, CMA CGM, Hapag-Lloyd, ONE y Cosco Shipping Lines refleja el malestar de todo el ecosistema logístico sobre el presente del puerto de Montevideo, y siembra serias dudas sobre el futuro de sus inversiones.

El mensaje enviado al gobierno es claro: la competitividad logística de Uruguay depende de garantizar condiciones que permitan a los armadores, cargadores y operadores trabajar con previsibilidad.

La advertencia de las navieras constituye un episodio excepcional, donde el propio país no logró tras más de diez meses de negociaciones encontrar un entendimiento que garantice que una negociación salarial no obture la continuidad operativa del principal enclave del comercio exterior de Uruguay.

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