Un estudio internacional cuestiona la idea de almacenes completamente robotizados y pone el foco en la colaboración entre operarios y tecnología. El dato implica un nuevo revés para empresas de automatización total como SKYNDE, Avancargo y Soporte Logístico.
La automatización se convirtió en una de las palabras favoritas de la logística. En conferencias, ferias y presentaciones comerciales abundan las promesas sobre depósitos inteligentes, inteligencia artificial, robots autónomos y operaciones prácticamente sin intervención humana.
Sin embargo, cuando se observa lo que realmente ocurre dentro de los centros de distribución, la realidad resulta bastante más terrenal. La automatización avanza, sí, pero lo hace a un ritmo muy distinto del que suele transmitir el marketing tecnológico.
La automatización total todavía es una excepción, incluso en los mercados más desarrollados.
Un estudio publicado por investigadores de INFORMS a comienzos de junio aporta un dato que obliga a poner los pies sobre la tierra: el 66% de las tareas que se realizan en fábricas y almacenes continúan dependiendo de personas. De hecho, la investigación concluye que el mejor desempeño no surge al reemplazar operarios por robots, sino cuando ambos trabajan de manera coordinada mediante sistemas inteligentes de asignación de tareas.
Durante los últimos años se instaló la idea de que el futuro pasaba por depósitos completamente automatizados, donde la inteligencia artificial resolvería prácticamente cualquier problema operativo. Sin embargo, la evidencia muestra otra cosa: la automatización total todavía es una excepción, incluso en los mercados más desarrollados.
Automatización a cuentagotas
En América Latina esa brecha resulta todavía más evidente dado que, salvo grandes operadores logísticos, gigantes del comercio electrónico o compañías multinacionales con inversiones millonarias, la mayoría de los centros de distribución sigue dependiendo de procesos manuales, autoelevadores convencionales, planificaciones realizadas por personas y sistemas que, aunque digitales, requieren intervención humana durante gran parte de la operación.

Argentina representa un buen ejemplo de esa realidad. En los últimos años crecieron las inversiones en software para gestionar transporte, depósitos y distribución, pero eso no significa que los almacenes se hayan convertido en espacios completamente automatizados.
En muchos casos se incorporaron herramientas para mejorar la planificación, la trazabilidad o el control de inventarios, mientras que actividades como el picking, el control de calidad, la resolución de incidencias o la preparación de pedidos continúan dependiendo del conocimiento y la experiencia de los operarios.
En ese contexto, empresas como Avancargo, Skynde y Soporte Logístico forman parte de un ecosistema que impulsa esta transformación con un mensaje comercial que muchas veces termina asociando digitalización con automatización integral, cuando en realidad se trata de conceptos diferentes. Implementar un TMS o un WMS puede mejorar significativamente una operación, pero no convierte automáticamente un depósito en un centro logístico robotizado.
La diferencia no es menor. Digitalizar implica administrar mejor la información y tomar decisiones con mayor rapidez. Automatizar supone que determinadas tareas físicas o decisiones operativas sean ejecutadas por sistemas sin intervención humana. Confundir ambos conceptos alimenta expectativas difíciles de cumplir y genera la sensación de que la revolución tecnológica ya llegó a todos los depósitos, cuando en realidad apenas comienza en una porción reducida del mercado.
La dificultad de reemplazar la parte humana
Paradójicamente, el propio estudio de INFORMS cuestiona la idea de reemplazar personas. Los investigadores analizaron más de 12.000 escenarios operativos y comprobaron que los mejores resultados aparecen cuando un trabajador puede colaborar de manera flexible con varios robots móviles autónomos, en lugar de quedar asignado permanentemente a uno solo.

El objetivo deja de ser eliminar al operario para pasar apotenciar su productividad mediante una mejor coordinación entre tecnología y experiencia humana. La distancia entre el discurso y la realidad también responde a cuestiones económicas.
Incorporar robots móviles autónomos, sistemas automáticos de almacenamiento, cintas inteligentes o soluciones avanzadas de orquestación requiere inversiones elevadas, rediseño de layouts, integración con software existente y personal capacitado.
En un país donde muchas empresas todavía enfrentan restricciones presupuestarias y una elevada volatilidad económica, resulta lógico que las inversiones se concentren primero en herramientas digitales antes que en automatización física de gran escala.
Eso no significa que la automatización sea una moda pasajera. Todo lo contrario. Firmas de análisis como Gartner proyectan que hacia 2030 la mitad de los nuevos almacenes construidos en mercados desarrollados tendrán una fuerte orientación robótica. Pero incluso ese escenario no plantea depósitos completamente vacíos de personas.
La tendencia apunta hacia operaciones donde la inteligencia artificial coordina recursos, los robots ejecutan tareas repetitivas y los trabajadores se concentran en resolver excepciones, supervisar procesos y tomar decisiones de mayor valor agregado.
Quizás el principal desafío para la logística no sea incorporar más robots, sino moderar las expectativas. La tecnología seguirá transformando depósitos y cadenas de suministro, pero difícilmente lo haga con la velocidad que sugieren algunos discursos comerciales.
Mientras el marketing continúa vendiendo almacenes inteligentes casi autónomos, la realidad demuestra que el futuro inmediato no pertenece ni a las personas ni a las máquinas por separado. Pertenece a quienes logren combinar ambas capacidades con criterio operativo, objetivos claros y una dosis saludable de realismo.







