Una investigación de Y-TEC sostiene que el país reúne condiciones competitivas para desarrollar combustibles sintéticos renovables. La disponibilidad de recursos e infraestructura aparece como una ventaja para abastecer la futura demanda internacional.

Mientras la descarbonización avanza en buena parte de la economía, existen actividades donde reemplazar los combustibles convencionales sigue siendo un desafío tecnológico. La aviación comercial y el transporte marítimo encabezan esa lista debido a que, por el momento, las baterías no ofrecen la autonomía necesaria para cubrir largas distancias con motores eléctricos.

En ese escenario, los e-fuels comienzan a consolidarse como una de las alternativas con mayor potencial para reducir emisiones sin modificar de manera radical la infraestructura existente.

Argentina se encuentra entre los países con mayor capacidad potencial para producir combustibles sintéticos. De hecho, el país ocupa el tercer lugar a nivel mundial, detrás de Estados Unidos y Australia, dentro del grupo de diez naciones que concentran cerca del 80% del potencial global.

Un trabajo elaborado por investigadoras de Y-TEC sostiene que Argentina cuenta con ventajas competitivas que podrían convertirla en uno de los principales productores mundiales de estos combustibles sintéticos.

La combinación de abundantes recursos renovables, disponibilidad de agua y una infraestructura energética ya desarrollada ubica al país entre los candidatos mejor posicionados para abastecer una demanda internacional que crecerá durante las próximas décadas.

Combustibles diseñados para una transición compleja

Los e-fuels, también denominados combustibles sintéticos renovables de origen no biológico, se obtienen mediante electricidad proveniente de fuentes renovables, agua e hidrógeno verde, a los que posteriormente se incorpora dióxido de carbono capturado del aire o de fuentes biogénicas.

El resultado puede ser un combustible líquido o gaseoso apto para reemplazar, total o parcialmente, a los derivados del petróleo.

Su principal ventaja radica en que permiten disminuir significativamente las emisiones de gases de efecto invernadero a lo largo de todo su ciclo de vida, al tiempo que pueden utilizarse, en muchos casos, con adaptaciones limitadas sobre motores e instalaciones ya existentes.

Las especialistas distinguen dos grandes grupos. Por un lado se encuentran los combustibles basados en carbono, conocidos como Power-to-Liquid (PtL) y Power-to-Gas (PtG), categoría que incluye productos como el e-querosén para aviación, el e-metanol y el e-metano.

Por otro lado aparecen el hidrógeno y el amoníaco verde, cuya fabricación resulta más sencilla, aunque presentan mayores exigencias para su almacenamiento, transporte y utilización, además de requerir tecnologías de propulsión específicas.

Las ventajas competitivas que exhibe Argentina

El estudio destaca que el Global PtX Atlas ubica a Argentina entre los países con mayor capacidad potencial para producir combustibles sintéticos. De hecho, el país ocupa el tercer lugar a nivel mundial, detrás de Estados Unidos y Australia, dentro del grupo de diez naciones que concentran cerca del 80% del potencial global.

Esa posición responde a una combinación de factores que pocos mercados reúnen simultáneamente: excelentes recursos eólicos y solares, disponibilidad de agua para producir hidrógeno verde, amplias superficies aptas para nuevos desarrollos, costos competitivos de generación renovable y una infraestructura energética consolidada.

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Los e-fuels comienzan a consolidarse como una de las alternativas con mayor potencial para reducir emisiones sin modificar de manera radical la infraestructura existente.

A diferencia de otras regiones que deberán construir desde cero gran parte de la cadena logística e industrial, Argentina ya dispone de refinerías, puertos, gasoductos, oleoductos y otras instalaciones que podrían acelerar la producción y exportación de estos nuevos combustibles.

Patagonia, con algunos de los proyectos más avanzados

Dentro del territorio nacional, la Patagonia aparece como la región con mayores perspectivas gracias a la calidad de sus vientos y al elevado factor de capacidad de los parques eólicos.

Entre las iniciativas mencionadas por el trabajo figura Eco Refinerías del Sur, en Chubut, que prevé una producción inicial de 100.000 toneladas anuales de SAF utilizando energía renovable generada en la región.

También sobresale el Proyecto Gaucho, desarrollado por RP Global en Santa Cruz, que contempla la instalación de 3 GW de electrólisis alimentados por un parque eólico de 4,2 GW, con una producción estimada de hasta 1,7 millones de toneladas anuales de amoníaco verde destinadas principalmente al mercado europeo.

Otra de las iniciativas más destacadas es Santa Fe Bio, la sociedad creada por YPF y Essential Energy, que proyecta una inversión cercana a los 400 millones de dólares para producir combustibles renovables destinados al transporte aéreo. El foco principal estará en el Sustainable Aviation Fuel (SAF), aunque también se prevé elaborar Aceite Vegetal Hidrotratado (HVO) en menor escala.

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La aviación comercial y el transporte marítimo encabezan esa lista debido a que, por el momento, las baterías no ofrecen la autonomía necesaria para cubrir largas distancias.

Las investigadoras concluyen que los e-fuels no reemplazarán de inmediato a otras alternativas de bajas emisiones, como los biocombustibles, pero sí podrían convertirse en un complemento indispensable para alcanzar la meta global de neutralidad de carbono en sectores donde la electrificación continúa siendo técnicamente limitada.

Regulaciones que impulsan la demanda de combustibles limpios

La necesidad de reducir las emisiones del transporte internacional ya comenzó a traducirse en exigencias regulatorias. En Europa, las iniciativas ReFuelEU Aviation y FuelEU Maritime establecen una incorporación progresiva de combustibles sostenibles tanto para la aviación como para el sector marítimo.

En el caso de la actividad aérea, el objetivo es que el combustible suministrado en los aeropuertos europeos incorpore porcentajes crecientes de SAF (Sustainable Aviation Fuel), hasta alcanzar un 70% en 2050, con una participación cada vez mayor de combustibles sintéticos.

A su vez, la Organización Marítima Internacional (OMI) fijó como meta alcanzar emisiones netas cero hacia mediados de siglo, impulsando el desarrollo de combustibles de bajas emisiones para la navegación.

Las autoras del informe advierten que estas políticas generarán una demanda difícil de cubrir únicamente con producción europea, lo que abre espacio para nuevos países exportadores capaces de producir a gran escala.

No obstante, también remarcan que el principal obstáculo continúa siendo económico. La fabricación de e-fuels demanda enormes volúmenes de electricidad renovable, procesos de electrólisis y tecnologías de captura de carbono que todavía necesitan alcanzar mayor escala industrial.

Por ese motivo, estiman que aún pasará alrededor de una década antes de que estos combustibles logren una participación relevante en el mercado global.

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