El relevamiento de las perforaciones realizadas entre 2010 y 2026 muestra que de ese total, solo 36 cumplieron con el proceso formal de abandono. El resto aparece como en condiciones de operar pero sin producir, o inactivos temporalmente o por alguna falla. Cuántos siguen dando petróleo o gas, y cuántos se suman.

Vaca Muerta registra 502 pozos que actualmente no aportan petróleo ni gas, sobre un total de 3.337 perforaciones realizadas entre 2010 y el 31 de julio de 2026.

De ese conjunto, apenas 36 completaron formalmente el procedimiento de abandono, mientras que el resto se distribuye entre instalaciones sin producción e inactivas, de acuerdo con un relevamiento basado en información de la Secretaría de Energía de la Nación.

Las cifras muestran que dejar de extraer hidrocarburos no implica necesariamente que una perforación haya sido clausurada de manera definitiva.

El abandono requiere completar instancias legales y operativas para cerrar el pozo, mientras que otras situaciones pueden responder a cuestiones técnicas, comerciales o de infraestructura.

Pese a las perforaciones que dejaron de aportar hidrocarburos, Vaca Muerta contaba a fines de julio con 2.835 pozos productores. De ese total, 2.191 estaban orientados al petróleo, equivalentes al 77,28%, y 643 al gas natural, que representaban el 22,65%.

Según el informe de Diario Río Negro, 274 pozos están clasificados como sin producción. Se trata de perforaciones que, aunque reúnen condiciones para operar, dejaron de entregar hidrocarburos y podrían avanzar hacia el abandono.

Otros 192 figuran como inactivos, una categoría que incluye desde fallas e incidentes hasta interrupciones temporales de la actividad.

Entre las causas de inactividad aparecen las decisiones comerciales vinculadas con la estacionalidad de la demanda de gas, especialmente fuera del invierno, y las demoras para conectar pozos con plantas de tratamiento.

Por eso, la condición administrativa de cada perforación no necesariamente refleja una clausura definitiva ni permite concluir que todos esos pozos seguirán el mismo recorrido.

Las primeras perforaciones y la evolución tecnológica en Vaca Muerta

Una parte importante de los pozos que dejaron de producir corresponde a las primeras etapas de exploración y desarrollo de Vaca Muerta.

La historia de esas perforaciones permite observar cómo cambió la tecnología aplicada a la formación y por qué los diseños iniciales fueron quedando atrás frente a las técnicas actuales.

El primer pozo dirigido hacia la roca se perforó en 2010, cuando todavía no estaban disponibles las herramientas de fractura necesarias para desarrollar comercialmente ese tipo de reservorio. La perforación tuvo principalmente un carácter experimental.

En 2011 se realizó un segundo pozo, mientras que el desarrollo a escala comenzó a tomar impulso con el acuerdo entre YPF y Chevron para avanzar sobre Loma Campana.

El cambio decisivo llegó en 2016, con la expansión de los pozos horizontales, que permiten recorrer mayores extensiones dentro de la formación y concentrar las fracturas en las zonas de interés.

Desde entonces, algunas ramas horizontales alcanzaron los 5.000 metros, mientras que la longitud total de determinadas perforaciones supera los 8.000 metros.

Esta evolución forma parte de la denominada curva de aprendizaje de la industria: la mejora progresiva de los diseños, los procedimientos de perforación y las técnicas de estimulación para obtener una mayor producción con costos iguales o inferiores. En ese proceso, los pozos más antiguos pueden quedar en desventaja frente a las nuevas generaciones de desarrollos.

La dimensión ambiental: emisión de metano

La situación de los pozos que dejaron de producir también tiene una dimensión ambiental. Entre marzo y abril de 2026, la Subsecretaría de Hidrocarburos de Neuquén y la Universidad McGill llevaron adelante una campaña de medición de metano sobre 124 pozos inactivos y abandonados, distribuidos en 64 áreas.

El relevamiento estuvo orientado a evaluar las emisiones asociadas con estas instalaciones. El seguimiento del metano es relevante porque permite identificar posibles pérdidas y determinar si se requieren medidas de control o intervención.

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En julio de este año se sumaron 44 pozos nuevos a la producción, una cifra superior a los 36 abandonos formales registrados en toda la historia de Vaca Muerta hasta el período analizado.

La existencia de pozos fuera de operación plantea necesidades diferentes según su estado. Una perforación inactiva puede volver a funcionar, mientras que una abandonada debe haber cumplido las condiciones establecidas para su cierre. La distinción resulta importante tanto para la gestión operativa como para el seguimiento ambiental de los yacimientos.

Casi 2.900 pozos siguen en producción

Pese a las perforaciones que dejaron de aportar hidrocarburos, Vaca Muerta contaba a fines de julio con 2.835 pozos productores. De ese total, 2.191 estaban orientados al petróleo, equivalentes al 77,28%, y 643 al gas natural, que representaban el 22,65%. Las proporciones publicadas no suman exactamente el 100% debido a diferencias de redondeo o clasificación.

De acuerdo con el relevamiento, los pozos petroleros aportaron siete de cada diez barriles producidos en la Argentina. En el segmento gasífero, las perforaciones de la formación explicaron cerca del 60% del volumen nacional, una participación significativa pese a representar una porción menor del total de pozos activos.

La distribución también varía según las características del hidrocarburo. Entre los pozos gasíferos, 415 corresponden a la ventana de gas seco, 165 a la de gas condensado y 125 a la de gas húmedo.

Esta última cobra interés ante los proyectos de gas natural licuado (GNL), que impulsan nuevas perspectivas de desarrollo. En el petróleo, predominan los pozos de petróleo negro, con 1.193 perforaciones, seguidos por los de petróleo volátil, con 939.

La dinámica del shale exige mantener un ritmo sostenido de inversiones. Cerca del 80% de la producción de un pozo se obtiene durante sus primeros tres años, por lo que el volumen extraído tiende a caer con rapidez a medida que avanza su vida útil.

Para compensar ese declino, las operadoras deben incorporar nuevas perforaciones y conectar pozos de manera permanente. En julio de 2026 se sumaron 44 pozos nuevos a la producción, una cifra superior a los 36 abandonos formales registrados en toda la historia de Vaca Muerta hasta el período analizado.

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