El Aeropuerto Internacional de Ezeiza (EZE) iniciará un plan de obras de modernización con una inversión de USD 100 millones en 2026, destacando la rehabilitación de la pista secundaria (17-35) y la intersección con la principal.
A raíz de esto, la pista principal (11-29) del aeropuerto de Ezeiza funcionará con restricciones (1850m) entre el 25 de octubre y el 11 de noviembre, generando reprogramaciones y cancelaciones.
Se trata de una obra necesaria desde el punto de vista de la seguridad y la sostenibilidad operativa, pero que, en el corto plazo, obliga a las aerolíneas a rediseñar sus esquemas de vuelo y a tomar decisiones complejas para preservar la conectividad internacional.
En este escenario, Aerolíneas Argentinas confirmó que mantendrá su programación internacional, optando por ajustes operativos puntuales para reducir el impacto en los pasajeros.
Las obras en Ezeiza demandarán una inversión superior a los 100 millones de dólares, y permitirán modernizar la infraestructura de la pista principal y secundaria.
La definición, comunicada oficialmente el 12 de mayo, marca una diferencia clara respecto de la estrategia adoptada por varias compañías extranjeras, que eligieron recortar frecuencias, suspender rutas o introducir cambios más profundos en sus operaciones durante los 18 días que durarán las restricciones.
Según detalló la aerolínea de bandera, los vuelos internacionales a Miami, Punta Cana, Cancún y Aruba continuarán operándose sin modificaciones sustanciales, mientras que las rutas de largo radio a Roma y Madrid incorporarán una escala técnica en Río de Janeiro, exclusivamente destinada a la carga de combustible.
Esta solución responde a una limitación técnica clave: durante las obras, la pista principal no permitirá el peso máximo de despegue requerido por aeronaves de fuselaje ancho en vuelos intercontinentales sin restricciones, especialmente en trayectos transatlánticos, debido a la restricción de la distancia de despegue a poco más de 1800 metros.
Desde la compañía aclararon que estas escalas no implican cambio de avión ni descenso de pasajeros, aunque sí pueden extender el tiempo total de viaje. También advirtieron que algunos horarios podrían ajustarse en función de la coordinación aeroportuaria, por lo que recomendaron a los viajeros verificar sus itinerarios con antelación.

La lógica detrás de la decisión es sostener la oferta internacional en un período considerado sensible para el tráfico aéreo, coincidente con la temporada alta de primavera en el hemisferio sur.
Plan integral de obras en Ezeiza
Las obras en Ezeiza se inscriben en un plan integral de modernización impulsado por Aeropuertos Argentina, que contempla la rehabilitación estructural completa de la pista, mejoras en el sistema de balizamiento, drenaje y capas de rodamiento.
Las obras se centrarán en la pista secundaria (17-35) y su intersección con la principal para mejorar la eficiencia operativa.
No es la primera vez que Ezeiza atraviesa una situación similar. En 2019 y 2022 se realizaron intervenciones que también obligaron a aplicar desvíos, escalas técnicas y reprogramaciones, con impacto especialmente visible en los vuelos de largo radio.
Aquellos antecedentes funcionan hoy como referencia para las decisiones actuales: las aerolíneas saben que, ante restricciones de pista, las alternativas son limitadas y los márgenes operativos se reducen drásticamente.
La diferencia en esta ocasión radica en la diversidad de estrategias adoptadas por las compañías. Mientras Aerolíneas Argentinas priorizó la continuidad de su red, otras aerolíneas internacionales optaron por enfoques más conservadores o directamente por recortes temporales.
Iberia y LEVEL, por ejemplo, confirmaron que mantendrán sus vuelos directos desde Madrid hacia Buenos Aires, pero que el tramo de regreso (Ezeiza–Madrid) incorporará una escala técnica en Montevideo para carga de combustible.
En el caso de LEVEL, la misma solución se aplicará en los servicios hacia Barcelona. Se trata de una decisión orientada a preservar la operación directa, aunque con un ajuste que permite cumplir con las limitaciones de performance impuestas por la pista.

LATAM Airlines, en cambio, adoptó una postura más drástica: la compañía decidió suspender temporalmente sus vuelos directos entre Buenos Aires y Miami durante el período de obras.
A los pasajeros se les ofrecerán alternativas vía Santiago de Chile, San Pablo o Lima, utilizando la red regional del grupo. Esta estrategia, ya aplicada en ocasiones anteriores, reduce riesgos operativos, pero implica una pérdida de oferta directa en uno de los mercados más relevantes.
En el caso de American Airlines, la aerolínea estadounidense ajustará su esquema eliminando temporalmente la ruta hacia Dallas y reduciendo frecuencias diarias a Miami, priorizando la operación en las franjas horarias más eficientes.
British Airways, por su parte, confirmó que operará sus vuelos entre Londres y Buenos Aires con una escala técnica en Río de Janeiro, optimizando la carga de combustible frente a las restricciones de pista.
Avianca evalúa alternativas mixtas, que incluyen ajustes de programación y, eventualmente, el uso de aeronaves de menor porte en rutas operadas habitualmente con fuselaje ancho, como el Boeing 787 Dreamliner en el corredor Buenos Aires–Bogotá, para cumplir con los parámetros de despegue requeridos.
Las escalas técnicas y los desafíos que representa
Desde el sector aeronáutico se destaca que la decisión de Aerolíneas Argentinas de sostener su programación responde a una lógica de protección del mercado y del pasajero argentino, evitando cancelaciones masivas y preservando la conectividad internacional.
También refleja el peso estratégico que tienen las rutas a Europa y el Caribe dentro de su red, tanto por volumen de pasajeros como por generación de ingresos y posicionamiento comercial.
No obstante, la incorporación de escalas técnicas plantea desafíos operativos y comerciales. Aunque se trata de una solución habitual en escenarios de restricción, implica mayores costos, potenciales impactos en la puntualidad y una experiencia de viaje más extensa.
Fuentes del sector coinciden en que la estrategia busca equilibrar tres variables: impacto comercial, experiencia del pasajero y viabilidad operativa, en un período acotado pero intenso.

La intervención en Ezeiza reaviva, además, un debate estructural de largo plazo: la dependencia de la Argentina de un único aeropuerto intercontinental plenamente operativo. Si bien el Aeroparque Jorge Newbery fue modernizado y amplió su capacidad, sigue teniendo limitaciones para absorber vuelos de ultra largo alcance.
Las alternativas regionales, por su parte, no cuentan con el volumen ni la infraestructura necesarias para reemplazar a Ezeiza como puerta de entrada principal al país.
En este contexto, la coordinación entre aerolíneas, autoridades aeroportuarias y organismos de control será clave para atravesar el período de obras sin disrupciones mayores.
La remodelación de la pista secundaria de Ezeiza representa, en definitiva, una obra indispensable para garantizar la seguridad y la operatividad futura del aeropuerto, pero también un test para el sistema aerocomercial argentino.
Las decisiones adoptadas por cada aerolínea reflejan distintas lecturas del riesgo, del costo y del vínculo con sus clientes, en un período que volverá a exigir flexibilidad, planificación y coordinación en uno de los nodos más sensibles del transporte aéreo nacional.







