El país se posiciona entre los principales productores del planeta. Con recursos abundantes y proyecciones de inversión en alza, busca consolidar su perfil exportador y ganar peso en el comercio global, atravesado por tensiones geopolíticas y creciente consumo energético.
El portal Visual Capitalist difundió el ránking mundial de producción de gas natural, y la Argentina se unbicó en una lugar destacado, que refleja una mejora sostenida en la capacidad productiva del país.
En ellistado elaborado a partir de estadísticas internacionales, se ubicó en un nada desdeñable puesto 15, con un volumen cercano a los 48.000 millones de metros cúbicos anuales.
Este posicionamiento la ubica como uno de los actores relevantes fuera del núcleo duro de los grandes productores, en un segmento donde también aparecen países como Egipto, Nigeria o Azerbaiyán.
Según estimaciones de la Cámara de Exploración y Producción de Hidrocarburos (CEPH), el país cuenta con recursos suficientes para abastecer la demanda interna de ga durante más de dos siglos, y de petróleo por más de cien años.
Dentro de América del Sur, en tanto, la Argentina se consolida como el principal referente en materia gasífera.
Aun así, la ubicación actual no es estática. La evolución del sector dependerá en gran medida de la capacidad de sostener inversiones y de generar condiciones regulatorias que acompañen el crecimiento.
En ese sentido, los próximos años serán determinantes para definir si el país logra escalar posiciones en el ranking global.
Reservas de gas abundantes y ambición exportadora
Uno de los principales activos de la Argentina es la magnitud de sus reservas. Según estimaciones de la Cámara de Exploración y Producción de Hidrocarburos (CEPH), el país cuenta con recursos suficientes para abastecer la demanda interna de gas durante más de dos siglos, y de petróleo por más de cien años.
Este horizonte energético abre la puerta a un cambio estructural en el rol del país. La industria, con YPF como actor central, apunta a transformar a la Argentina en un exportador energético de peso hacia el final de la década.
En esa línea, desde la CEPH destacan que “por primera vez en la historia el país dispone de recursos para abastecer la demanda local y, a la vez, conformar una plataforma de exportación a gran escala destinada a abastecer la demanda mundial”. Este punto marca un quiebre respecto de etapas anteriores, donde la prioridad era cubrir el consumo interno.
El contexto internacional acompaña este proceso. La demanda global de gas mantiene una tendencia creciente, impulsada por la transición energética y el reemplazo progresivo del carbón. Las proyecciones indican que este combustible seguirá siendo clave al menos hasta 2050.
Un mercado global en transformación
El escenario internacional presenta oportunidades, pero también desafíos. Las tensiones en Medio Oriente y las interrupciones en rutas estratégicas han reforzado el rol de productores considerados estables, con Estados Unidos a la cabeza.
Según datos de la Administración de Información Energética de ese país, la producción estadounidense alcanzó los 37.751 miles de millones de pies cúbicos en 2024, lo que representa cerca del 25% de la oferta global. Este volumen supera ampliamente al de Rusia, segundo en el ranking, y se acerca a la producción combinada de Irán y China.

El liderazgo de Estados Unidos se explica, en gran medida, por el desarrollo del shale gas, que permitió multiplicar su producción desde mediados de la década de 2000 mediante técnicas de fracturación hidráulica.
Detrás de estos gigantes aparecen Canadá y Qatar, seguidos por Australia, Noruega y Arabia Saudita, entre otros.
Por fuera del top 10, la producción muestra una caída significativa, lo que abre espacio para que países emergentes, como la Argentina, ganen protagonismo en el mercado internacional de gas natural licuado (GNL).
Inversiones y escenarios a futuro
El salto exportador argentino dependerá de variables clave como la inversión, la infraestructura y el marco regulatorio. En ese sentido, la CEPH elaboró distintos escenarios para la próxima década.
El más probable, según el análisis del sector, plantea exportaciones de petróleo y gas por USD 41.758 millones anuales hacia 2035. Para alcanzar ese objetivo, se requerirán inversiones de entre USD 12.000 millones y USD 21.000 millones por año entre 2026 y 2035.
Este escenario expansivo contempla un crecimiento sostenido en la perforación de pozos no convencionales, con una tasa anual del 11% en shale oil, así como el desarrollo de infraestructura crítica, incluyendo nuevos gasoductos, oleoductos y plantas de licuefacción.
En paralelo, se proyectan importaciones energéticas por USD 4.080 millones, lo que dejaría un saldo comercial positivo superior a los USD 37.600 millones. Este resultado posicionaría al país como un proveedor relevante en el tablero energético global.
El informe también describe un escenario moderado, con exportaciones por USD 22.382 millones, y otro acelerado —menos probable— que anticipa un crecimiento aún más dinámico, con ingresos por USD 40.074 millones ya en 2030.
Para materializar este potencial, el sector advierte que será necesario “un fuerte incremento de la inversión en los próximos años, así como el sostenimiento de precios internos alineados con los valores internacionales y la consolidación de un marco regulatorio que estimule nuevas inversiones”.







