Con fuerte protagonismo de Vaca Muerta y el yacimiento más productivo en el mar austral, un grupo reducido de áreas explica gran parte del abastecimiento nacional en la antesala del período de mayor consumo, con un escenario internacional en el que se dispara el precio del GNL.

El desarrollo de Vaca Muerta continúa siendo el eje central de la expansión energética argentina. La formación no convencional no solo asegura el suministro doméstico de gas natural, sino que además se perfila como la base para que Argentina pueda ingresar como exportador al mercado global de Gas Natural Licuado en los próximos años, y que igualmente, al menos por este 2026 el país deberá seguir importando para garantizar el abnastecimiento en los meses más fríos del año.

Durante enero, la producción nacional de gas alcanzó los 130,96 millones de metros cúbicos diarios, un nivel apenas inferior al registrado en diciembre de 2025. La variación mensual marcó una leve contracción del 0,21%, mientras que en la comparación interanual la caída fue del 5,46%.

Aunque estos movimientos reflejan ajustes operativos habituales dentro de la industria, el sector ya concentra su atención en el corto plazo. La llegada de los meses de temperaturas más bajas suele provocar un fuerte incremento en el consumo residencial y en la demanda industrial, lo que obliga a las empresas productoras a planificar su actividad con varios meses de anticipación.

En el ranking nacional de áreas productivas, el liderazgo continúa en manos de Cuenca Marina Austral 1, operado por Total Austral. Este bloque marítimo produjo 19,213 millones de metros cúbicos diarios, equivalente al 14,67% del total nacional, consolidándose como una pieza clave del sistema energético.

En ese contexto, el comportamiento de los principales bloques gasíferos adquiere especial relevancia. La dinámica actual de los yacimientos anticipa, en buena medida, la capacidad del sistema para responder al pico de consumo invernal y, al mismo tiempo, proyectar el crecimiento necesario para sostener futuros esquemas de exportación. Y también, el nivel del gasto 2027 en importación del recurso, y su impacto en una balanza energética comercial que, previo al estallido de la guerra en Medio Oriente y aún después, todo0s esperan que vuelva a arrojar un resultado positivo récord al término de este año.

Vaca Muerta, epicentro de la producción

El liderazgo productivo continúa concentrado en la Cuenca Neuquina, que durante enero aportó 72,73% del gas extraído a nivel nacional. Incluso fuera de los períodos de máxima demanda, la actividad en esta región mantiene un ritmo sostenido: la producción creció un 0,42% respecto al mes anterior.

Dentro de ese escenario aparecen áreas que desde hace años sostienen el grueso del abastecimiento nacional. Entre ellas se destacan Fortín de Piedra, operado por Tecpetrol, y los bloques Aguada Pichana Este y Aguada Pichana Oeste, gestionados respectivamente por Total Austral y Pan American Energy.

Sin embargo, el mapa productivo también registra nuevas señales de dinamismo. Uno de los movimientos más llamativos del período fue el crecimiento del bloque Río Neuquén, operado por YPF, que ingresó al ranking de áreas destacadas tras aumentar su producción un 8,71%. Este avance está asociado al desarrollo de gas no convencional en la formación tight Punta Rosada.

Los bloque líder, en el mar de Tierra del Fuego

En el ranking nacional de áreas productivas, el liderazgo continúa en manos de Cuenca Marina Austral 1, operado por Total Austral. Este bloque marítimo produjo 19,213 millones de metros cúbicos diarios, equivalente al 14,67% del total nacional, consolidándose como una pieza clave del sistema energético.

El segundo lugar corresponde a Fortín de Piedra, en Vaca Muerta, que registró una producción de 14,633 millones de metros cúbicos diarios. El área insignia de Tecpetrol continúa mostrando una evolución positiva, con un incremento mensual del 2,69%.

El podio lo completa Aguada Pichana Este, también bajo operación de Total Austral pero en la formación shale. Con 10,196 millones de metros cúbicos diarios, el bloque mantiene un peso determinante dentro de la matriz gasífera, pese a haber registrado una disminución del 9,44% en comparación con el mes previo.

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Durante enero, la producción nacional de gas alcanzó los 130,96 millones de metros cúbicos diarios, un nivel apenas inferior al registrado en diciembre de 2025.

Otros desarrollos relevantes dentro de la Cuenca Neuquina también mostraron cifras destacadas. La Calera, operado por Pluspetrol, alcanzó los 9,149 millones de metros cúbicos diarios, mientras que Aguada Pichana Oeste produjo 7,017 millones.

La expansión también se reflejó en el bloque Sierra Chata, operado por Pampa Energía, que creció 3,19%, y en el área Loma La Lata – Sierra Barrosa, gestionada por YPF, donde la producción repuntó 7,38%.

El avance del gas asociado cambia el mapa productivo

Más allá del comportamiento de los bloques individuales, la industria gasífera argentina atraviesa una transformación estructural. Los yacimientos de gas seco ya no concentran el crecimiento de la producción en la provincia de Neuquén.

Uno de los factores que explica este fenómeno es la limitada capacidad del sistema de transporte, sumada a que los proyectos de exportación de GNL todavía se encuentran en fases iniciales de desarrollo.

En ese contexto, la expansión petrolera en Vaca Muerta comenzó a generar volúmenes cada vez mayores de gas asociado, un subproducto que emerge durante la extracción de petróleo en reservorios no convencionales.

De acuerdo con un análisis reciente de la consultora Economía & Energía, la producción total de shale gas alcanzó en 2025 un promedio de 75,2 millones de metros cúbicos diarios, lo que representó un crecimiento interanual del 8,8%.

Sin embargo, el desglose de ese volumen muestra un cambio significativo en la composición de la oferta. El gas asociado registró un salto del 41,7%, alcanzando los 23,2 millones de metros cúbicos diarios, mientras que el gas seco retrocedió un 1,5%, cerrando el año en 52 millones de metros cúbicos diarios.

Como resultado de esa dinámica, el gas asociado pasó a representar más del 30% de la producción total de shale gas, consolidándose como un componente cada vez más relevante dentro del sistema energético argentino.

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