Luego de 14 años, la Argentina se asoma este 2024 a registrar un superávit real de su balanza energética debido a una baja de importaciones y un crecimiento de las exportaciones de los productos hidrocarburíferos centrados en particular por el desarrollo de Vaca Muerta.

Es que la formación no convencional empezó este 2023 a dar soluciones a la demanda local y a incrementar la respuesta ante la sostenida demanda externa a partir del desarrollo de obras de infraestructura claves en gas y petróleo.

En diciembre último, de acuerdo a cifras oficiales, la balanza de dólares fue superavitaria en US$ 371 millones y de esta forma, se registraron 5 meses consecutivos de superávit, lo que permitió que el resultado final de los 12 meses del año fuera negativa por apenas US$ 47 millones, un equilibrio en las cuentas que se resalta una mejora en US$ 4.312 millones respecto al rojo de 2022. Vaca Muerta fue clave en la ecuación.

La balanza de dólares fue superavitaria en US$ 371 millones y de esta forma, se registraron 5 meses consecutivos de superávit, lo que permitió que el resultado final de los 12 meses del año fuera negativa por apenas US$ 47 millones.

Funcionarios y analistas del sector energético coinciden en que el escenario será más auspicioso para este 2024, en cifras que oscilarían en torno a los US$ 2.500 millones de superávit, en condiciones estables de mercado. De lograrse en estos términos, la Argentina recuperaría un desempeño positivo real de su balanza energética después de 14 años.

En 2010 se registró un superávit en la balanza comercial del sector cercano a los US$ 1.800 millones y un balance mejor se remonta con un pico de cerca de los US$6.100 millones, en 2006.

En 2020 el país había logrado un resultado positivo pero por la baja de precios en medio del derrumbe global de la demanda y de la inédita situación extrema de precios negativos del crudo, por efecto de las medidas adoptadas en todos los países para evitar la expansión de la pandemia de coronavirus.

El impacto de las obras de infraestructura para llegar al superávit

Pero en esta ocasión que se anticipa obedece a la transformación estructural que viene experimentando el sector de la mano del desarrollo de Vaca Muerta, la construcción del gasoducto Néstor Kirchner y la finalización del gasoducto Mercedes-Cardales, la rehabilitación del Oleoducto Trasandino y la ampliación de Oleoducto del Valle.

En 2020 el superávit había sido de 953 millones de dólares con exportaciones por 3593 millones, pero ya en 2021 se retomó el rojo comercial con un déficit de 559 millones producto del salto importador que alcanzó los US$ 5.843 millones.

La situación sería aún peor en 2022 en el marco de la invasión rusa a Ucrania y el reacomodamiento geopolítico y de abastecimiento energético que amplió el déficit hasta casi US$ 4.400 millones.

Flavia Royón, Secretaría de Energía, GPNK, Vaca Muerta
La primera etapa del Gasoducto Néstor Kirchner permitió ingresar 11 MMm3/día adicionales de gas.

Pero el escenario para este año que recién comienza promete seguir la tendencia del cierre de 2023, por una continuidad de la caída de las exportaciones de gas y un incremento no tan marcado pero esperado de las exportaciones de petróleo.

Estas menores compras de energía y mayor producción local se darán de la mano de obras de infraestructura terminadas y otras que están en marcha y en diversos estados.

Para la consultora Economía y Energía, las exportaciones sectoriales durante el 2024 se espera que sean por encima de los US$ 7.800 millones, más altas que las de este año (+12% i.a.) y menores que en 2022 por el salto de los precios internacionales de entonces.

En petróleo, las cantidades exportadas se anticipan mayores, aunque a un precio promedio menor, mientras que en gas se estiman volúmenes similares a las de 2023, también a menores precios.

Las exportaciones sectoriales durante el 2024 se espera que sean por encima de los US$ 7.800 millones, más altas que las de este año (+12% i.a.) y menores que en 2022 por el salto de los precios internacionales de entonces.

En cuanto a la proyección de las importaciones, se plantea un escenario por encima de los US$ 5.000 millones con una caída de casi el 30% interanual a partir del impacto pleno que tendrán las primeras obras de infraestructura inauguradas a mediados de 2023 luego de muchos años y que tendrán impacto pleno este 2024.

A partir de la inauguración del GPNK que aporta desde el invierno pasado unos 11 millones de m3 diarios al sistema, el país ya puede prescindir del regreso del buque regasificador de Bahía Blanca (se mantiene permanente el de Escobar) y con ello la reducción de las importaciones de los cargamentos de GNL.

Pero se espera a la vez para este año la entrada en operación de las plantas compresoras que aumentarán los volúmenes de gas local hasta los 21 millones de m3/día, con la consecuente sustitución de nuevas importaciones.

GNL, Exportaciones Vaca Muerta
La terminal regasificadora de Bahía Blanca ya no será necesaria en el próximo invierno.

Más incierto es la fecha de puesta en marcha de la reversión del Gasoducto del Norte, una obra que avanza con contratiempos por el escenario institucional y los problemas de la macroeconomía, ya que debía estar terminada para abril próximo pero aún no fue licitada.

Sin embargo, su concreción en algún momento del segundo semestre permitirá dar fin a las compras de gas desde Bolivia, con la finalización anticipada de los contratos de suministro que debían estar vigentes hasta 2026 pero que el vecino país ya manifestó no está en condiciones de cumplir.

Finalmente, en la ecuación energética también se cuenta la participación creciente que ganó en el último año la generación hidroeléctrica y de las energías renovables, lo que representa la posibilidad de tener que recurrir con menor generación termoeléctrica, y en consecuencia con una menor demanda de fuel oil y gasoil para los meses de invierno.

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