Luego de la licitación en la que participaron Naturgy y Trafigura, el Gobierno dio marcha atrás y dejó en manos de ENARSA una operación crucial para garantizar el abastecimiento de gas en invierno. Lo adjudicó al escenario internacional inestable y los riesgos de un fuerte impacto en los costos.
La estrategia para garantizar el abastecimiento de gas natural licuado (GNL) durante el invierno de 2026 en la Argentina dio un giro relevante en los últimos días.
Imprevistamente y luego de un proceso licitatorio que se promovió como una importante novedad, el Gobierno dio marcha atrás en su estrategia de trasladar la operatoria al sector privado y la compra del recurso seguirá en manos del Estado, al menos por este 2026.
Luego de una la que enfrentó a dos grandes actores del mercado internacional —la energética española Naturgy y la comercializadora global Trafigura—. el resultado terminó sin una adjudicación clara.
Frente a ese escenario, el Gobierno resolvió que será la empresa estatal Enarsa la que se encargue nuevamente de la compra y la logística del combustible.
Las proyecciones para la Argentina son contundentes: el costo total de importación podría alcanzar los USD 1.400 millones en 2026, duplicando el gasto del año anterior.
Desde el oficialismo justificaron la decisión en el deterioro del contexto global y la volatilidad del precio internacional del crudo, agravada por el conflicto en Medio Oriente.
“No es momento de convalidar condiciones que puedan sumar costos al sistema justo cuando Argentina está bajando el uso de GNL”, explicaron fuentes oficiales.
En esa misma línea, aclararon que la medida no implica un cambio de rumbo estructural: “La estrategia no cambia: seguimos convencidos de privatizar esta operatoria y avanzar hacia un esquema competitivo, transparente y con señales de precio para que se conozca el costo real de la energía”.
Un esquema privado que deberá esperar
El plan original del Gobierno apuntaba a trasladar completamente la operatoria al sector privado. Esto incluía la contratación de buques metaneros, la administración de inventarios, el uso de terminales de regasificación y, fundamentalmente, la asunción de los riesgos comerciales asociados a variaciones de precios y demanda.
El mecanismo contemplaba contratos anuales adjudicados a la oferta de menor costo total, combinando el valor del GNL en el mercado internacional con los gastos logísticos. Sin embargo, la implementación se demoró por cuestiones de tiempo y complejidad operativa, por lo que ahora se proyecta recién para 2027.
En paralelo, el proceso licitatorio iniciado en febrero avanzó con lentitud en un contexto que exigía definiciones rápidas. Históricamente, las compras de GNL para el invierno se concretaban en los primeros meses del año, justamente para asegurar disponibilidad y mejores condiciones comerciales.
La competencia entre Naturgy y Trafigura reflejó esa tensión. En la ronda final, la diferencia entre ambas propuestas fue inferior al 1%: USD 4,50 por millón de BTU frente a USD 4,57. Ese margen mínimo evidenció la dificultad de tomar una decisión en un mercado extremadamente volátil.
Precios del GNL en alza y costos en expansión
El principal factor detrás de la incertidumbre fue la escalada de los precios internacionales. De acuerdo con datos oficiales, el GNL en el mercado spot llegó a cotizar cerca de USD 22 por millón de BTU, más del doble del nivel registrado apenas unos meses antes.
Este salto está directamente vinculado a la crisis en Medio Oriente, que no solo encareció la energía sino que también redujo la disponibilidad de cargamentos y buques en el mercado global.
En este contexto, las proyecciones para la Argentina son contundentes: el costo total de importación podría alcanzar los USD 1.400 millones en 2026, duplicando el gasto del año anterior.

Aun así, el país continúa necesitando importar GNL. Aunque el primer trimestre mostró un superávit energético récord de USD 2.405 millones, existen limitaciones estructurales.
Durante el invierno, la demanda residencial se dispara y la infraestructura de transporte no logra abastecer completamente a los centros de consumo desde las cuencas productoras.
El GNL, en ese sentido, funciona como un mecanismo de respaldo para cubrir picos de demanda y evitar faltantes, con un rol clave también en el abastecimiento industrial.
Cambios regulatorios y retorno de Enarsa
Otro elemento que incidió en el proceso fue la modificación en el esquema de consulta implementado por la Secretaría de Energía. Por primera vez, el área relevó directamente las necesidades de las distribuidoras, dejando de lado la participación habitual de actores como transportistas o el regulador.
La urgencia por definir volúmenes en un mercado inestable llevó a ese cambio metodológico, aunque también sumó complejidad a la toma de decisiones.
En paralelo, el empate técnico entre las ofertas activó mecanismos de desempate que derivaron en nuevas rondas de mejora de precios.
Sin embargo, la aceleración de los costos internacionales terminó por desalinear las condiciones iniciales de la licitación, que en principio se encaminaba a quedar en manos de Naturgy, obligando a revisar “costos y condiciones” antes de avanzar.
Con este panorama, Enarsa volvió a posicionarse en el centro de la escena.
La compañía, con casi dos décadas de experiencia en este tipo de operaciones, ya inició gestiones para asegurar la llegada de los primeros cargamentos en mayo, anticipándose al inicio de la temporada fría.







