La cotización del petróleo tuvo picos por encima de los U$S 120 en el arranque de la semana, que cerró en niveles inéditos desde hace tres años y medio. Crecen las dudas sobre el impacto del conflicto en la enonomía global.
El mercado internacional del petróleo comenzó la semana con fuertes turbulencias. La intensificación del conflicto armado que involucra a Estados Unidos, Israel e Irán impulsó un fuerte incremento en el precio del crudo, que alcanzó valores no vistos en más de tres años y medio.
Las tensiones geopolíticas provocaron una inmediata reacción en los mercados financieros: mientras las principales bolsas asiáticas registraron fuertes retrocesos, el petróleo experimentó un alza superior al 25% en pocas horas, superando momentáneamente los US$120 por barril.
Un petróleo caro suele trasladarse a los precios del transporte, la industria y los alimentos, lo que podría reactivar presiones inflacionarias en numerosas economías que aún no terminan de estabilizar los precios tras la crisis inflacionaria global de los últimos años.
En las primeras operaciones del lunes, el contrato del West Texas Intermediate llegó a dispararse más de 30%, alcanzando los US$119,48, su mayor valor desde mediados de 2022.
Posteriormente moderó parte de la suba y se estabilizó en torno a los US$102. El mercado ya venía con una tendencia alcista: el viernes anterior había cerrado con un incremento cercano al 12% y acumula una suba aproximada del 36% en los últimos siete días.
El comportamiento fue similar en el caso del Brent, referencia global para la mayoría de las exportaciones de petróleo. Este marcador llegó a trepar más del 27% hasta ubicarse cerca de los US$119,50, aunque luego retrocedió hasta la zona de US$105 por barril tras la toma de ganancias de algunos inversores.
Detrás del movimiento se encuentra el temor de los operadores a que el conflicto militar afecte tanto la producción como la logística del crudo en una de las regiones energéticas más sensibles del planeta.
El estrecho de Ormuz, en el centro de la preocupación energética
El principal foco de inquietud del mercado se ubica en el Estrecho de Ormuz, una angosta vía marítima que conecta el Golfo Pérsico con los océanos internacionales.
Por ese corredor circula habitualmente cerca del 20% del petróleo que se consume en el mundo, lo que lo convierte en uno de los puntos más estratégicos del comercio energético global. De acuerdo con estimaciones de la consultora Rystad Energy, alrededor de 15 millones de barriles diarios atraviesan ese paso marítimo.
Desde el inicio de las hostilidades, el 28 de febrero, numerosas compañías navieras optaron por evitar la zona ante el riesgo de ataques con misiles o drones. En los últimos días varios buques petroleros resultaron dañados, lo que llevó a suspensiones temporales del tránsito por parte de distintas flotas comerciales.
La reducción del tráfico marítimo comenzó a tener consecuencias directas sobre los países productores de la región. Estados exportadores como Irak, Kuwait y Emiratos Árabes Unidos empezaron a disminuir su producción ante la imposibilidad de enviar cargamentos al exterior con normalidad y la rápida saturación de sus instalaciones de almacenamiento.

A este escenario se suman los ataques contra instalaciones energéticas. Infraestructuras vinculadas a la producción de petróleo y gas fueron alcanzadas por bombardeos en distintos puntos de la región, alimentando las dudas sobre la continuidad del suministro mundial.
El encarecimiento del crudo tiene efectos que trascienden el sector energético. Un petróleo caro suele trasladarse a los precios del transporte, la industria y los alimentos, lo que podría reactivar presiones inflacionarias en numerosas economías que aún no terminan de estabilizar los precios tras la crisis inflacionaria global de los últimos años.
La reacción política de EEUU ante la escalada del petróleo
En medio de la escalada de precios, el presidente estadounidense Donald Trump minimizó el impacto económico del repunte petrolero y defendió la ofensiva militar en Medio Oriente.
A través de un mensaje publicado en la plataforma Truth Social, el mandatario sostuvo que el aumento del crudo representa un “pequeño precio a pagar” frente al objetivo de neutralizar el programa nuclear iraní y reforzar la seguridad internacional.
Según el jefe de la Casa Blanca, una vez que desaparezca la amenaza nuclear de Irán, las cotizaciones energéticas volverán a retroceder con rapidez.
En paralelo, el secretario de Energía de Estados Unidos, Chris Wright, aseguró que el gobierno mantiene contactos con empresas navieras para restablecer gradualmente la circulación de petroleros en la región. El funcionario estimó que el tráfico podría normalizarse en algunas semanas, incluso bajo escolta militar estadounidense.
Impacto potencial en la economía argentina
El shock petrolero también tiene implicancias para Argentina, cuya matriz energética comenzó a transformarse en los últimos años gracias al desarrollo de la formación no convencional Vaca Muerta.

En 2025 el país alcanzó un hito histórico: la balanza energética registró un superávit de US$7.815 millones, impulsado por exportaciones petroleras que superaron los US$8.300 millones.
Si los precios internacionales se mantienen en torno a los US$100 por barril, las ventas externas previstas para 2026 podrían generar ingresos adicionales de entre US$2.600 y US$3.100 millones, lo que implicaría un ingreso extraordinario de divisas para el Banco Central y mayores regalías para la provincia de Neuquén.
Combustibles más caros y presión sobre la inflación
Sin embargo, el aumento del petróleo también tiene una contracara doméstica. La progresiva liberalización del mercado de combustibles acercó los precios locales a las referencias internacionales, lo que implica que las subas globales tienden a trasladarse rápidamente al surtidor.
Con un Brent consolidado por encima de los US$100, los precios de la nafta y el gasoil en Argentina podrían enfrentar nuevas presiones alcistas en los próximos meses.
El foco estará puesto en la estrategia de YPF, la empresa que lidera el mercado local de combustibles. Si decide trasladar el encarecimiento del barril a los precios minoristas, el impacto podría reflejarse en la inflación. En cambio, si opta por contener las subas, la compañía vería afectada su capacidad de generar recursos para sostener las inversiones necesarias en el desarrollo de Vaca Muerta.






