Las distribuidoras del Área Metropolitana activaron medidas de emergencia frente a la primera irrupción de frío intenso de 2026. La decisión impacta en estaciones de servicio e industrias y expone las limitaciones estructurales del sistema gasífero, en un contexto de alta demanda estacional.
Las empresas Naturgy y Metrogas dispusieron desde el martes una restricción en la venta de GNC en el Área Metropolitana de Buenos Aires. La medida establece que las estaciones solo podrán despachar dentro del límite del “firme contratado”, dejando sin efecto el suministro interrumpible hasta nuevo aviso.
En términos operativos, esto implica que tanto estaciones de servicio como industrias quedan fuera del sistema flexible de abastecimiento, una herramienta habitual para administrar la demanda.
La restricción se produce en un contexto de reactivación del parque automotor a GNC. Solo en marzo se registraron 7.300 conversiones, lo que representa un aumento del 40% frente a febrero y del 70% en comparación con el mismo mes del año anterior.
El objetivo es evitar caídas en la presión de los gasoductos justo cuando una masa de aire polar impacta sobre el centro del país, con temperaturas de un solo dígito y alertas por fuertes vientos.
El esquema responde a la lógica del despacho nacional, que prioriza la denominada “demanda prioritaria”, integrada por hogares, hospitales y escuelas.
En ese marco, cualquier consumo por fuera de los cupos establecidos puede derivar en sanciones severas: las estaciones que excedan los límites enfrentan multas equivalentes al valor de un litro de nafta súper por cada metro cúbico adicional, lo que elimina cualquier rentabilidad.
Más autos a GNC, mayor presión sobre el sistema
La restricción se produce en un contexto de reactivación del parque automotor a GNC. Luego de una década de caída sostenida —cuando las conversiones pasaron de 188.000 en 2015 a unas 59.000 en 2025, según datos del ENARGAS—, el inicio de 2026 mostró un cambio de tendencia.
El encarecimiento de los combustibles líquidos, con subas de hasta el 23% tras la escalada del conflicto en Medio Oriente, impulsó a miles de usuarios a migrar nuevamente al gas.
Solo en marzo se registraron 7.300 conversiones, lo que representa un aumento del 40% frente a febrero y del 70% en comparación con el mismo mes del año anterior.
Este fenómeno introduce una presión adicional sobre la infraestructura existente. El crecimiento de la demanda en segmentos como el transporte liviano y la logística coincide con los picos de consumo residencial, generando cuellos de botella en la distribución.
Superávit energético, pero con límites estructurales
Pese a que la Argentina alcanzó un superávit energético récord de USD 2.405 millones en el primer trimestre de 2026, el sistema sigue dependiendo de importaciones de gas natural licuado (GNL) durante el invierno. La explicación radica en la estacionalidad de la demanda y en las limitaciones de transporte.
Durante los meses fríos, el consumo residencial se dispara y la red no logra trasladar todo el gas desde las cuencas productoras hacia los centros urbanos.
En ese contexto, el GNL funciona como un respaldo para cubrir déficits puntuales, aunque en la práctica gran parte del volumen importado se destina a la industria.
El problema se vuelve más evidente en el norte del país. Con las obras de reversión del Gasoducto Norte aún inconclusas, provincias como Salta, Jujuy y Tucumán enfrentan un escenario crítico.

Desde la Unión Industrial de Salta advirtieron que “las empresas del sector atraviesan negociaciones de contratos sin definiciones claras, en un contexto donde la falta de infraestructura de transporte desde Vaca Muerta hacia el norte del país y la prioridad que el sistema otorga a la demanda residencial en los meses fríos amenazan con generar restricciones para industrias de cerámica, ingenios, curtiembres y minería”.
En ese mismo comunicado remarcaron: “El GNL aparece como alternativa, pero a un costo que lo vuelve prácticamente inviable, ya que su precio es seis veces superior al del gas proveniente de Neuquén. El gas sobra, pero no hay capacidad para transportarlo”.
Menos barcos y precios en alza: la incertidumbre del GNL
El frente externo suma complejidad al panorama. La guerra en Medio Oriente alteró la dinámica del mercado energético global, elevando los precios y generando incertidumbre logística. Para este invierno, la programación de buques de GNL es sensiblemente menor a la de años anteriores.
De los aproximadamente 24 cargamentos necesarios para cubrir el pico estacional, solo tres están asegurados con llegada prevista a mediados de mayo. Cada uno tendrá un costo cercano a los USD 20 por millón de BTU, el doble que en 2025.
La situación se vincula con una licitación que no prosperó. El Gobierno buscaba transferir al sector privado la importación, regasificación y operación comercial del GNL, con interés de firmas como Trafigura y Naturgy. Sin embargo, el proceso volvió a quedar bajo la órbita de Enarsa.







