El inicio de la construcción del primer tramo del proyecto de Oleoducto Vaca Muerta Sur que acaba de lanzar YPF es más que la puesta a punto de un proyecto de evacuación del crudo de Vaca Muerta, sino que está llamada a ser la última gran obra de infraestructura que terminará con los cuellos de botella a la producción del shale oil.

Es que las obras en marcha como la adecuación del Oleoducto Trasandino o de la duplicación de la capacidad del Oleoducto del Valle y la posibilidad de una nueva etapa para triplicarla, se verán completadas con una mega obra orientada plenamente a la exportación.

Tal como lo definió recientemente el presidente de YPF, Horacio Marin, Vaca Muerta Sur pondrá punto final a los cuellos de botella que aún hoy impiden el desarrollo masivo del recurso no convencional, y permitirá potenciar al país como un exportador neto de petróleo durante los años que lo permita el cierre de la ventana de oportunidad que aún se mantiene con la transición energética.

En ese sendero, la industria prevé que en los próximos años -entre 2027 y 2029 según las distintas proyecciones la producción de Vaca Muerta podrá alcanzar el millón de barriles diarios por día.

YPF comenzó días atrás la construcción de los primeros 130 kilómetros del oleoducto Vaca Muerta Sur, una obra estratégica que creará una plataforma exportadora de energía, no solo para la empresa nacional que desarrolló la idea y realizó la ingeniería completa, sino también para los grandes productores de la industria que quieran sumarse.

Es que la magnitud de la obra, por montos de inversión y por capacidad de transporte, excede la posibilidad inmediata de YPF, por lo cual la compañía había decidido ya el año pasado abrir el proyecto a las grandes operadoras de Vaca Muerta para incrementar la producción y llenar el ducto.

Se trata de un caño de 30 pulgadas que partirá desde la Planta de Tratamiento de Crudo (PTC) de Loma Campana (el bloque emblema que YPF opera junto a su socio Chevron) hasta un primer punto en la Estación de Bombeo de Lago Pellegrini, con una extensión de 87 kilómetros, de los cuales 45 kilómetros estarán en territorio neuquino. La segunda etapa recorrerá 40 kilómetros en la provincia de Río Negro, desde Lago Pellegrini hasta Allen.

El oleoducto permitirá la concreción de nuevos proyectos al asegurara la capacidad de evacuación.

Este primer tramo puesto en marcha se extenderá entre las localidades de Añelo, en Neuquén, y Allen, en Río Negro, donde conectará con el sistema de Oldelval. Esto permitirá comenzar a transportar petróleo mientras se espera la culminación del segundo tramo y la terminal de exportación en la zona de Punta Colorada, cerca de Sierra Grande.

La importancia del nuevo oleoducto

A su vez, esta primera etapa fortalecerá todo el sistema de evacuación de petróleo de la cuenca, aprovechando al máximo la capacidad de transporte hacía las refinerías y hacia el puerto de Bahía Blanca, más puntualmente la terminal de Puerto Rosales, dentro del complejo.

La obra comenzó en Loma Campana, bloque operado por YPF en el corazón de Vaca Muerta. Para este primer tramo, la inversión rondará los 190 millones de dólares y se generarán 500 puestos de empleo durante el pico de las tareas. Para la construcción se demandarán más de 10 mil caños de 20 y 30 pulgadas.

En su capacidad operativa máxima, este ducto permitirá transportar 390 mil barriles diarios, incrementando en un 70% la posibilidad de evacuación de petróleo de la Cuenca Neuquina y duplicando la capacidad actual de la zona núcleo de Vaca Muerta.

La segunda etapa y terminal de exportación, que completarán el proyecto, están en etapa de desarrollo y con alto grado de avance. Implicarán una inversión de más de 2.000 millones de dólares, que YPF afrontará en conjunto con otras compañías que ya mostraron interés en el proyecto.

Además del ducto, el proyecto contempla la construcción de la playa de tanques más grande de Argentina y dos monoboyas flotantes que permitirán recibir los tanqueros de crudo más grandes que operan en la actualidad en el mundo, incrementando sensiblemente la rentabilidad del proyecto.

YPF, Chevron, Loma de Campana
El área de Loma Campana, histórico punto de inicio de la actividad en Vaca Muerta.

Como toda megaobra, ésta no está exenta de la polémica ya que para realizarla en el Golfo San Matías, se debió modificar la normativa que mantenía ese sector como un área protegida hasta septiembre del año pasado, cuando la legislatura de Río Negro modificó la legislación y permitió una modificación que habilitó el transporte de crudo, no así su producción en la región.

El punto elegido no fue azaroso, hasta no hace muchos años era el puerto de salida de la producción de hierro de la mina de Sierra Grande, ubicada a pocos kilómetros de la costa, y cuyo fin de vida útil significó para los pobladores de la región una pérdida de actividad económica que el turismo no pudo suplantar y que se creía irrecuperable hasta hoy.

Además de las audiencias públicas en las provincias de Neuquén y de Rio Negro para habilitar la construcción del ducto con el mínimo impacto ambiental, YPF también realizó el estudio del lecho marino del puerto Punta Colorada, en el Golfo San Matías, para determinar la locación de la mega terminal que permitirá el embarque de la producción mediante monoboyas offshore ubicadas a unos 6,7 kilómetros de la costa.

A través de la estación portuaria se podrá despachar un buque cada cinco días con capacidad para 390.000 metros cúbicos, a partir de 2026 y se dispondrán unos 20 tanques de reserva en unas 250 hectáreas costeras con una capacidad de almacenamiento de 1 millón de metros cúbicos.

Comentarios

Por si acaso, tu email no se mostrará ;)