Con reservas para garantizar apenas 10 días de abastecimiento, el gigante asiático se ve obligado a buscar cargamentos en mercados lejanos. El desarrollo de Vaca Muerta y la capacidad industrial de Bahía Blanca colocan al país como un proveedor posible en un escenario de precios en alza.

La seguridad energética volvió a convertirse en un problema central para India. El país más poblado del planeta, que superó a China en cantidad de habitantes en 2023, atraviesa un momento delicado en materia deabastecimiento de gas licuado de petróleo (GLP), el combustible que millones de hogares y comercios utilizan para cocinar y calefaccionarse.

Las estimaciones del sector indican que las reservas disponibles en el sistema alcanzarían apenas para cubrir cerca de diez días de consumo. La situación está directamente vinculada con las tensiones geopolíticas en Medio Oriente, una región clave para el suministro global de hidrocarburos y, en particular, para los envíos que alimentan al mercado indio.

El consumo total de GLP en India ronda los 2 millones de toneladas por mes. La comparación con la Argentina ilustra la diferencia de escala: el mercado argentino utiliza aproximadamente 1,5 millón de toneladas al año.

Frente a este escenario, el gobierno encabezado por Narendra Modi comenzó a explorar alternativas de abastecimiento con carácter urgente. Las empresas estatales encargadas de las importaciones están saliendo al mercado internacional en busca de cargamentos adicionales, incluso desde orígenes que en condiciones normales resultarían poco competitivos por la distancia.

La urgencia se refleja en los precios. De acuerdo con reportes del mercado energético, las compañías indias están dispuestas a pagar primas de entre 350 y 400 dólares por tonelada por encima de los valores de referencia del mercado. Ese diferencial modifica por completo la ecuación logística para productores ubicados en otras regiones del mundo.

GLP en India: el consumo masivo en riesgo

El impacto de una eventual interrupción del suministro no se limita a los hogares. En India, el GLP es también el insumo energético principal para gran parte del sector gastronómico.

La Asociación Nacional de Restaurantes del país advirtió que una crisis prolongada en la entrega de cilindros podría tener consecuencias inmediatas. Según esa organización, hasta el 60% de los restaurantes podrían verse obligados a suspender sus operaciones en pocos días si el abastecimiento no se normaliza.

El dato refleja la magnitud del fenómeno: cerca del 85% de los establecimientos gastronómicos depende de este combustible para sus cocinas. En un país con una población que supera los 1.400 millones de habitantes, la demanda energética asociada al sector alimentario es gigantesca.

El consumo total de GLP ronda los 2 millones de toneladas por mes. La comparación con la Argentina ilustra la diferencia de escala: el mercado argentino utiliza aproximadamente 1,5 millones de toneladas al año.

Este contraste responde, en gran medida, a la infraestructura disponible. En países densamente poblados donde la red de gasoductos no cubre todo el territorio, las garrafas se convierten en el sistema de abastecimiento más extendido para millones de familias.

Argentina aparece en el radar

En ese contexto de búsqueda urgente de suministros, algunos cargamentos provenientes de Sudamérica comenzaron a ganar relevancia. Aunque la distancia entre ambos países suele representar un obstáculo logístico, los valores actuales del mercado vuelven viable ese comercio.

En la Argentina operan dos actores centrales en la producción de GLP: MEGA —participada por YPF, Petrobras y Dow— y Transportadora de Gas del Sur (TGS). Ambas compañías concentran gran parte de la capacidad de procesamiento y exportación de líquidos asociados al gas.

GLP garrafa YPF gas
India atraviesa un momento delicado en materia de abastecimiento de gas licuado de petróleo (GLP)

Durante el último verano, TGS concretó envíos hacia el mercado indio. Entre noviembre y febrero se cargaron dos buques con destino a ese país, que además se perfila para convertirse en la cuarta economía más grande del mundo en los próximos años.

Uno de esos cargamentos fue transportado por el buque tanque MGC Astor, que partió desde el polo petroquímico de Bahía Blanca rumbo al puerto de Haldia, en la región de Calcuta.

El comercio global de GLP muestra hasta qué punto India depende de los flujos internacionales. En 2023 el país importó cerca de 21 millones de toneladas a través del estrecho de Ormuz, lo que equivale a unos 40 cargamentos mensuales que atraviesan ese corredor estratégico.

El potencial de Vaca Muerta y nuevas inversiones

El contexto internacional también coincide con un momento de expansión para la industria energética argentina. El desarrollo de Vaca Muerta no solo impulsa la producción de petróleo y gas natural, sino también la disponibilidad de líquidos asociados, un segmento que gana importancia en el comercio global.

Estos subproductos se generan junto con la extracción de hidrocarburos y, en muchos casos, requieren infraestructura específica para su procesamiento y comercialización.

Empresas del sector estiman que el crecimiento de las exportaciones de estos líquidos podría generar ingresos adicionales superiores a los 1.200 millones de dólares anuales.

TGS gas Vaca Muerta
El desarrollo de Vaca Muerta no solo impulsa la producción de petróleo y gas natural, sino también la disponibilidad de líquidos asociados, un segmento que gana importancia en el comercio global.

El proceso comienza en plantas de tratamiento ubicadas en los yacimientos. Allí se separan los distintos componentes del gas natural: metano, etano, propano, butano y gasolina natural. Posteriormente, los líquidos son transportados mediante poliductos hacia el complejo industrial de Bahía Blanca, donde se realiza el fraccionamiento final.

Cada uno de esos productos tiene su propio mercado. El etano se destina principalmente a la industria petroquímica, el butano abastece al sistema de garrafas domésticas y el propano se utiliza para redes de distribución en localidades que no cuentan con gas natural.

Con la expectativa de ampliar este negocio, TGS anunció recientemente un plan de inversión de unos 3.000 millones de dólares para expandir la producción y exportación de líquidos del gas natural. El proyecto contempla transformar la planta de Tratayén, en Neuquén, en una instalación capaz de separar los componentes licuables del gas.

El desarrollo incluirá además la construcción de un nuevo poliducto de más de 570 kilómetros hasta Bahía Blanca. Allí se instalará una planta de fraccionamiento destinada a preparar los productos para su comercialización internacional, consolidando al polo energético del sur bonaerense como una plataforma clave para las exportaciones.

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