El sector cerró 2025 con avances técnicos y productivos de alto impacto, entre ellos la recuperación total de una de sus centrales clave y un crecimiento histórico en la elaboración local del insumo que alimenta los reactores, en un contexto de fuerte desempeño del parque atómico.
La energía nuclear volvió a ocupar un lugar central en el balance energético argentino. Por segundo año consecutivo, Nucleoeléctrica Argentina alcanzó un nuevo récord anual de generación, consolidando su rol como proveedor de energía de base y confirmando la estabilidad operativa de las centrales del país.
El desempeño se dio en paralelo a otros dos hitos relevantes: la recuperación plena de la potencia de Atucha II y un máximo histórico en la producción nacional de dióxido de uranio, combustible clave para el funcionamiento del sistema nuclear.
El volumen alcanzado en la producción de dióxido de uranio durante 2025 abre la posibilidad de cubrir la demanda total de combustible de las centrales nucleares en operación y reducir, e incluso evitar, la importación de este insumo estratégico.
Durante 2025, la empresa registró una generación neta total de 10.760.572 megavatios-hora, superando la marca lograda el año anterior.
Desde la compañía señalaron que el resultado es consecuencia directa de la confiabilidad operativa alcanzada y de una gestión sostenida de los activos nucleares, que permitió reducir indisponibilidades y maximizar la producción en un contexto de alta demanda eléctrica.
Atucha II vuelve al 100% de su potencia
Uno de los hitos más relevantes del año fue la autorización para que Atucha II vuelva a operar al 100% de su potencia nominal.
La central, ubicada en el complejo Atucha, recibió el visto bueno de la Autoridad Regulatoria Nuclear para alcanzar los 745 megavatios brutos, algo que no ocurría de manera continua desde hacía al menos siete años.
La elevación de potencia se concretó luego de un proceso largo y gradual. Desde la segunda mitad de 2018, la central venía operando con potencia reducida a raíz de un inconveniente detectado en una de las bombas del circuito primario, encargado de hacer circular el agua pesada que modera y refrigera el reactor.
La presencia de restos metálicos en los elementos combustibles había obligado a sacar la planta de servicio y a redefinir su esquema de operación.
Bajo supervisión permanente del organismo regulador, los equipos técnicos de Nucleoeléctrica desarrollaron trabajos correctivos y programas de cálculo específicos para predecir el comportamiento del sistema de refrigeración en distintas condiciones.

Esa estrategia permitió que Atucha II opere de manera segura a potencia reducida durante varios años y, desde octubre de 2025, al 97%. La autorización para llegar al 100% marca el cierre de ese proceso y un salto cualitativo en la disponibilidad del parque nuclear.
Combustible nuclear con sello local
El otro gran récord de 2025 estuvo vinculado al ciclo del combustible. Según informó el Ministerio de Economía, la Argentina produjo 190 toneladas de dióxido de uranio, el mayor volumen histórico registrado en el país.
Este compuesto, obtenido a partir del mineral uraninita, es utilizado como combustible en los reactores nucleares.
La producción está a cargo de Dioxitek, una empresa estatal fundada en 1996 que cumple un rol estratégico al garantizar el suministro de dióxido de uranio y de radioisótopos para usos energéticos, industriales y médicos.
Además de abastecer a las centrales Atucha I, Atucha II y Embalse, la firma también produce cobalto-60 para aplicaciones sanitarias e industriales.
El récord se da en un momento clave para la política nuclear argentina, en el marco del Plan Nuclear y de la creación de una Secretaría específica para el área.
Desde la empresa señalaron que el logro es resultado de un proceso integral de saneamiento, reorganización interna y mejoras en la planta productiva ubicada en Córdoba, acompañado por una planificación sostenida.
El volumen alcanzado durante 2025 abre la posibilidad de cubrir la demanda total de combustible de las centrales nucleares en operación y reducir, e incluso evitar, la importación de este insumo estratégico.
En un contexto de restricción externa y búsqueda de mayor autonomía energética, este factor adquiere un valor adicional.





