La producción de hidrocarburos en la Argentina registró un retroceso puntual a nivel nacional. La menor demanda de gas y tareas técnicas en áreas clave del shale explicaron la caída, en un contexto donde el sector energético continúa consolidando su peso en las exportaciones.
Luego de varios meses marcados por niveles récord impulsados por Vaca Muerta, la producción de hidrocarburos en la Argentina mostró en febrero una leve desaceleración. El comportamiento respondió a factores puntuales que afectaron tanto al gas como al petróleo, en un escenario que, lejos de indicar un cambio de tendencia, refleja ajustes operativos y variaciones en la demanda.
En el caso del gas natural, la producción alcanzó los 140,02 millones de metros cúbicos diarios en promedio, lo que representó una caída del 3,3% en comparación con el mismo mes del año pasado. Sin embargo, el descenso no estuvo vinculado a un deterioro en la productividad de los yacimientos, sino a una menor necesidad de abastecimiento.
La reducción en el consumo eléctrico y en la demanda industrial derivó en una menor utilización del sistema gasífero, lo que obligó a cerrar temporalmente algunos pozos.
La reducción en el consumo eléctrico y en la demanda industrial derivó en una menor utilización del sistema gasífero, lo que obligó a cerrar temporalmente algunos pozos. Este fenómeno, habitual en períodos de menor actividad, impacta de forma directa en los volúmenes producidos, aun cuando la capacidad técnica de los reservorios se mantiene estable.
Petróleo: ajustes en Vaca Muerta y efecto en cadena
En paralelo, el segmento petrolero también registró una baja durante febrero, con origen en áreas específicas de Vaca Muerta. A diferencia del gas, en este caso el factor determinante fue de carácter operativo.
La producción de crudo no convencional en la formación cayó un 1,63% respecto de enero. Este retroceso tuvo impacto en la provincia de Neuquén, principal polo productivo del país, donde los volúmenes descendieron un 1,15%. A nivel nacional, la baja fue del 0,99%, reflejando el peso que tiene la cuenca neuquina en el total.
Las áreas más relevantes del shale, como Loma Campana y La Amarga Chica, concentraron gran parte de esta dinámica. Allí, las operadoras llevaron adelante intervenciones paraevitar lo que en la industria se conoce como “frac hit”, un fenómeno que se produce cuando la fractura de un nuevo pozo afecta el rendimiento de otro ya en producción.
Para mitigar ese riesgo, las compañías optan por cerrar temporalmente los pozos más antiguos mientras se desarrollan nuevas etapas de fractura. Este procedimiento, que implicó una merma cercana a los 6.000 barriles diarios, responde a una estrategia de preservación de activos y optimización de la producción futura.
A medida que los bloques alcanzan una mayor densidad de pozos, este tipo de maniobras se vuelve cada vez más frecuente, marcando una nueva etapa en la madurez del desarrollo no convencional.
Exportaciones en alza y menor dependencia externa
Más allá del retroceso puntual de febrero, el desempeño energético mantiene una tendencia sólida en el frente externo. Durante 2025, el sector logró un superávit récord en la balanza comercial, impulsado por el crecimiento de Vaca Muerta y la mejora en la infraestructura.

Según datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), el saldo positivo alcanzó los US$ 7.815 millones, el más alto desde que existen registros. Las exportaciones de combustibles y energía totalizaron US$ 11.086 millones, mientras que las importaciones se ubicaron en US$ 3.271 millones.
Este resultado se dio incluso en un contexto internacional menos favorable en términos de precios, más allá que actualmente se haya revertido la tendencia a partir de la guerra en medio Oriente. Los valores de exportación registraron una caída interanual del 11,2%, pero fueron compensados por un incremento del 28,5% en las cantidades despachadas, principalmente desde la Cuenca Neuquina.
La ampliación de la capacidad de evacuación de crudo fue un factor clave en este desempeño. La mayor disponibilidad de transporte permitió sostener un flujo exportador más constante, especialmente a través de la terminal de Puerto Rosales.
En paralelo, las importaciones energéticas se redujeron un 18%, impulsadas por una mayor producción local y mejoras en la logística interna. La menor necesidad de compras de gas natural licuado y combustibles líquidos consolidó una menor dependencia del abastecimiento externo.
Actividad sostenida y perspectivas de crecimiento
En el plano operativo, la actividad en Vaca Muerta continúa en niveles elevados. Durante febrero se completaron 2.371 etapas de fractura hidráulica, apenas un 1,25% por debajo del récord alcanzado en enero.
El dato confirma que el desarrollo no convencional se mantiene en una meseta de alta intensidad, con registros que se ubican entre los más altos desde el inicio de la explotación masiva del shale en la Argentina.
Las proyecciones para los próximos años anticipan un nuevo salto. Un informe de la Fundación Contactos Petroleros estima que la actividad de fractura podría crecer un 22% en 2026, superando las 28.000 etapas anuales.




