La exportación de Gas Natural Licuado (GNL) es el mayor driver que puede hacer la diferencia en el proceso de monetizar los abundantes recursos de Vaca Muerta, por tratarse de un combustible de transición cuya demanda se anticipa será creciente por muchos años hasta que finalmente se le de cierre a la era de los hidrocarburos, algo que puede pasar en una cuantas décadas.
La agenda energética estuvo mayormente marcada este 2024 por un megaproyecto de GNL que la estatal YPF desarrolló con la malaya Petronas y que todo indica no tendrá siquiera señal de largada, ya que la empresa asiática aún no hizo opción de su participación en la millonaria inversión.
Pero la idea sigue viva en la torre que la compañía tiene en Puerto Madero, aunque con algunas adaptaciones que reflejan no tanto el sueño ideal de una megafactoria de producción de GNL, que demandaría hasta US$ 40.000 millones por los próximos 15 años, sino un rediseño más pragmático ajustado a los tiempos que corren en la Argentina y en el mundo.
En el primer caso porque ese desembolso de dinero requiere una estructura financiera de proyecto que se encuentra con la resistencia internacional del “riesgo argentino” que aunque haya nuevos vientos en el país, lleva años dejar atrás en el imaginario del mercado global, más aún con la existencia de proyectos similares y menos complejos en varias latitudes.
La agenda energética estuvo mayormente marcada este 2024 por un megaproyecto que la estatal YPF desarrolló con la malaya Petronas y que todo indica no tendrá siquiera señal de largada, ya que la empresa asiática aún no hizo opción de su participación en la millonaria inversión.
Pero también el contexto energético internacional obliga a repensar la iniciativa “Argentina LNG” ya que la demanda se está armando y la aceleración de su curva ascendente se espera para lo que resta de la década, en particular en los países europeos y asiáticos que miran un escenario de transición de corto a mediano plazo hacia la expansión de las renovables con fuerte acento en el hidrógeno.
Ese llamado de la realidad parece que fue atendido en las oficinas de YPF que, como dice el titular de la consultora especializada Aleph Energy, Daniel Dreizzen, observa que el GNL con viento en popa se debe orientar “de lo deseable a lo posible”.
En ese sentido, el analista resalta “la sensación que el megaproyecto de la planta onshore era demasiado para una Argentina que recién ahora empieza a recuperar confianza”.
Cuatro barcos, el proyecto más concreto del GNL
Es que se empieza a implementar la reglamentación de la ley de bases adaptando la filosofía energética de escasez a exportación, el proyecto de Golar-PAE de traer barcos licuefactores a las costas argentinas para exportar el gas toma impulso y nuevos socios.
Además de ser el único contractualmente firmado, ya se sumaron al proyecto la británica Harbour, y las locales Pampa Energía de Marcelo Mindlin e YPF, con Horacio Marín a la cabeza.

Como el mismo Dreizzen señaló en los últimos tiempos al analizar el desafío del GNL, el gas es menos rentable que el petróleo, requiere más infraestructura para exportación y además hay gran incertidumbre sobre su precio internacional en el mediano plazo.
En ese contexto, da la sensación que los barcos son una solución perfecta para la Argentina y los volúmenes que manejan no son para nada despreciables con proyecciones de 11,5 MMm3/d para producir 2.4 MMTPA por barco.
«Con viento en popa el proyecto de GNL se debe orientar de lo deseable a lo posible. La sensación es que el megaproyecto de la planta onshore era demasiado para una Argentina que recién ahora empieza a recuperar confianza”.
En el nuevo consorcio que está naciendo bajo el nombre de Southern Energy, YPF decidió sumarse con un 15% del proyecto, el remanente de lo que ya habían acordado PAE (40%), Pampa Energía (20%); Harbour Energy (15%) y Golar GNL (10%), lo que le da una solidez repentina a la llegada del primer buque licuefactor previsto para 2027.
Pero esta masa crítica alcanzada da para más, y desde YPF dejaron trascender que se trabaja en la llegada de un segundo buque a las costas rionegrinas, los que se sumarían a los otros dos buques contemplados en el proceso original de YPF con Petronas, para el período 2027-2029, con lo cual ya serían cuatro las unidades flotantes en producción para antes que finalice la década.

El proyecto inicial prevé una inversión de casi US$ 3000 millones por diez años a partir de 2025 con un desembolso total de US$7000 millones por las dos décadas de vida útil del plan, que comenzará con la llegada del buque FLNG Hilli Episeyo.
Pero la idea de YPF no sólo es extender el plazo de operación más allá de la temporada estival -como prevé el acuerdo con Golar- sino lograr un proceso en firme durante los 12 meses del año.
En ese punto, se sumaría para 2027 un segundo barco que alienta YPF, con lo cual a demanda ya no podrá atenderse con la infraestructura de gasoductos existentes y el caudal disponible del Gasoducto San Martín que corre desde la Cuenca Austral a la provincia de Buenos Aires, sino que requerirá un primer gasoducto dedicado exclusivamente al proyecto.
La decisión final quedará para un 2025 intenso, que comenzará el 1 de enero con el raid comercial de Marin por Asía en busca de acelerar los acuerdos de contractualización del futuro GNL, llave para salir a negociar la financiación de cualquier proyecto en el mercado internacional en momentos en que baja del dólar financiero, la inflación y el riesgo país, son puras buenas noticias para esta industria de capital intensivo.