En un escenario internacional atravesado por la volatilidad energética y la creciente demanda de minerales críticos, la actividad gana centralidad en la estructura productiva local. Informes privados proyectan un fuerte salto en inversiones y exportaciones, mientras el sector redefine su rol junto a la energía y el agro.
En medio de un contexto global signado por tensiones geopolíticas y el encarecimiento de la energía, la minería se posiciona como uno de los pilares estratégicos de la economía argentina. La actividad, además, vuelve a ocupar un lugar destacado en la agenda pública en paralelo a debates regulatorios como el de la Ley de Glaciares, recientemente aprobada.
Las perspectivas de crecimiento son contundentes. Un informe de Deloitte proyecta que el país podría atraer inversiones acumuladas por unos u$s 63.700 millones hacia 2035. En ese mismo horizonte, las exportaciones mineras escalarían desde niveles cercanos a los u$s 6.000 millones actuales hasta alcanzar los u$s 30.000 millones anuales.
Tres productos explican el grueso de las exportaciones: el oro lidera con el 67% del total, seguido por el litio (15%) y la plata (13%). El porcentaje restante se distribuye entre otros minerales como boratos, plomo y cales.
Este avance no solo implicaría un incremento en volumen, sino también un cambio estructural en la matriz exportadora, con mayor peso de los recursos naturales. En esa línea, un estudio de PwC describe al sector como uno de los ejes de la nueva configuración productiva, junto con la energía y el agro, en un país que consolida su perfil como proveedor neto de commodities.
Qué minerales explican el negocio
La minería argentina presenta una estructura altamente concentrada. Según Deloitte, tres productos explican el grueso de las exportaciones: el oro lidera con el 67% del total, seguido por el litio (15%) y la plata (13%). El porcentaje restante se distribuye entre otros minerales como boratos, plomo y cales.
En términos de magnitud, las exportaciones del sector alcanzaron los u$s6.074 millones en 2025, lo que representa alrededor del 7% de las ventas externas del país. En la última década, la actividad acumuló un crecimiento del 71%, superando el promedio de la economía.
Para el corto plazo, las proyecciones indican un nuevo salto impulsado tanto por mayores volúmenes como por la suba de precios internacionales, con incrementos que podrían rondar el 30% en el valor exportado.
A nivel global, Argentina también gana relevancia en minerales estratégicos. Se ubica como el quinto productor mundial de litio, con el 7,9% de la producción global y el 11,9% de las reservas. En plata, aporta el 3,1% del total mundial. En el caso del cobre, si bien actualmente no hay producción activa, el país concentra cerca del 2% de los recursos globales.
El mapa productivo: concentración y especialización regional
La actividad minera está fuertemente localizada en un puñado de provincias. Cinco jurisdicciones concentran el 98% de las exportaciones: Santa Cruz encabeza con el 39%, seguida por San Juan (29%), Jujuy (16%), Salta (8%) y Catamarca (6%).

Además de la concentración geográfica, el sector muestra una marcada especialización por recurso. La producción de oro se focaliza principalmente en Santa Cruz y San Juan, que en conjunto explican más del 90% de la extracción.
En tanto, el litio se desarrolla exclusivamente en el norte del país, particularmente en Catamarca y Jujuy, con una participación relativamente equilibrada entre ambas provincias. Esta región, enmarcada en el denominado “triángulo del litio”, concentra algunos de los proyectos más dinámicos del sector.
Empleo y salarios por encima del promedio
Si bien la minería no representa un volumen significativo dentro del empleo total, su desempeño laboral se destaca frente a otros sectores. Entre 2016 y 2025, el empleo en minería no metalífera —donde se incluye el litio— creció un 45%, superando los 17.000 puestos.

En el segmento metalífero, el avance fue más moderado: un 3,5% en el mismo período, con una dotación cercana a los 10.700 trabajadores.
En términos salariales, la diferencia es aún más marcada. Mientras el ingreso promedio de la economía mostró una caída en términos reales en la última década, los salarios en minería evolucionaron en sentido contrario. En la actividad metalífera, los sueldos crecieron un 4,4% en términos reales, mientras que en la no metalífera el incremento alcanzó el 37%.
Los niveles salariales también reflejan esa brecha: en minería metalífera, los ingresos triplican el promedio general, mientras que en el segmento no metalífero se ubican aproximadamente un 80% por encima.
Dos trayectorias: retroceso metalífero y boom del litio
El análisis sectorial muestra dinámicas divergentes. Por un lado, la minería metalífera arrastra una tendencia descendente desde 2017, con una caída acumulada del 53% hasta 2020 y una recuperación parcial en los años siguientes.
Entre las razones se destaca el cierre de proyectos emblemáticos como Bajo de la Alumbrera, que marcó el fin de la producción de cobre en el país, y que ahora busca ser reactivada.
En contraposición, los minerales no metalíferos atraviesan un ciclo expansivo. Entre 2020 y 2025, el subsector creció un 94%, impulsado principalmente por el litio y por insumos asociados a la industria energética, como las arenas utilizadas en el fracking, cuya producción se incrementó más de 300%.







