Sería en septiembre, con 5 meses de demora respecto al plan original. El proyecto para prolongar la vida útil de la central implica un desembolso de U$S 670 millones que, según se informó, ya está garantizado. Incluye cambios en el esquema de financiamiento, participación privada y nuevas exigencias regulatorias.
El Gobierno nacional fijó como objetivo que la central nuclear Atucha I vuelva a operar en septiembre de 2027, tras completar un proceso de actualización integral orientado a prolongar su vida útil. La iniciativa, que demandará una inversión cercana a los 670 millones de dólares, forma parte de una estrategia más amplia para asegurar el abastecimiento eléctrico en el largo plazo.
La planta fue retirada de servicio el 29 de septiembre de 2024, dando inicio a una serie de intervenciones técnicas que permitirán extender su funcionamiento por otros 20 años. Se trata de un proyecto de alta complejidad que apunta a sostener uno de los emblemas del sistema de generación eléctrica en la Argentina.
El programa de extensión de vida fue ratificado por el secretario de Asuntos Nucleares, Federico Ramos Nápoli, quien reconoció un retraso cercano a los cinco meses respecto del cronograma original. No obstante, aseguró que los recursos necesarios ya están garantizados.
En un escenario internacional atravesado por la volatilidad de los precios de los combustibles fósiles, la energía nuclear se posiciona como una alternativa estable. Por eso, la reactivación de Atucha I busca consolidar una fuente de generación constante, clave para el equilibrio del sistema.
Financiamiento asegurado y demoras en el cronograma
El programa de extensión de vida fue ratificado por el secretario de Asuntos Nucleares, Federico Ramos Nápoli, quien reconoció un retraso cercano a los cinco meses respecto del cronograma original. No obstante, aseguró que los recursos necesarios ya están garantizados.
El esquema de financiamiento combina emisiones de bonos con aportes del Tesoro, en línea con la política impulsada por el Ministerio de Economía conducido por Luis Caputo. Este modelo apunta a sostener proyectos de gran escala sin comprometer de forma exclusiva las cuentas públicas.
Desde el oficialismo destacan que, a pesar de su elevado costo inicial, la energía nuclear ofrece previsibilidades en el tiempo. Esa característica la convierte en un activo estratégico en contextos de incertidumbre global.
Reconfiguración del sector y apertura al capital privado
En paralelo al avance de las obras, el Gobierno impulsa un areorganización más amplia del sector nuclear. En ese marco, se prevé la venta de hasta el 44% del capital de Nucleoeléctrica Argentina, la empresa encargada de operar las centrales del país.
La iniciativa busca atraer inversión privada y mejorar la eficiencia operativa, en línea con otras reformas encaradas en el sector energético. Según adelantaron fuentes oficiales, el proceso licitatorio podría lanzarse hacia el último trimestre del año.
El objetivo es avanzar hacia un esquema mixto de financiamiento que permita sostener proyectos de alta inversión y largo plazo, como los nucleares, reduciendo la dependencia exclusiva del Estado.
La salida de Demian Reidel y los desafíos de gestión
El desarrollo del proyecto no estuvo exento de dificultades. En los últimos años, Nucleoeléctrica atravesó una etapa de inestabilidad institucional, con cambios en su conducción y tensiones políticas que impactaron en su funcionamiento.

Uno de los episodios más relevantes fue la salida de Demián Reidel, en medio de cuestionamientos vinculados a procesos licitatorios. Estas situaciones generaron incertidumbre en torno al avance de los proyectos y evidenciaron desafíos en la gobernanza del sector.
A pesar de este contexto, desde la empresa sostienen que el plan de extensión de vida continúa en marcha y que se han reforzado los mecanismos de control interno.
Atucha: modernización técnica y exigencias regulatorias
El proyecto no se limita a la renovación del reactor, sino que incluye una serie de obras complementarias destinadas a optimizar el funcionamiento general del complejo.
Entre ellas, se destaca la construcción de instalaciones para el almacenamiento en seco de combustible gastado, clave para garantizar la continuidad operativa del sistema nuclear.
Para retomar su operación, la empresa deberá cumplir con los requisitos establecidos por la Autoridad Regulatoria Nuclear. Este proceso implica la ejecución de múltiples tareas técnicas agrupadas en un documento que define los estándares de seguridad.
Además de las exigencias obligatorias, Nucleoeléctrica evalúa implementar mejoras adicionales para elevar la eficiencia de la planta y alcanzar niveles de rendimiento cercanos al 88% de factor de carga.
Inaugurada en 1974 durante la presidencia de Juan Domingo Perón, Atucha I fue la primera central nuclear de América Latina y desde entonces ha sido un componente clave del sistema eléctrico argentino.
Con una potencia instalada de 362 MW, la planta se consolidó como una fuente confiable de energía de base. Su modernización permitirá no solo extender su vida útil, sino también reforzar el papel de la energía nuclear en una matriz que busca diversificarse.




