El avance del shale reconfigura el equilibrio productivo regional en un contexto de crecimiento fuera de la OPEP+, mientras algunos países históricos enfrentan límites estructurales para sostener su oferta. En diciembre, la producción de Loma Campana alcanzó los 100.000 barriles diarios.

El mapa petrolero de América del Sur atraviesa un proceso de transformación acelerada, impulsado tanto por la irrupción de nuevos polos productivos (como Vaca Muerta) así como por el desgaste estructural de actores que durante décadas dominaron la escena regional.

En ese contexto dinámico, la Argentina logró reposicionarse como un jugador cada vez más relevante, apoyada en el desarrollo intensivo del shale y en un escenario internacional que favorece a los productores fuera del eje tradicional de la OPEP+.

Durante 2025, el volumen de producción en Argentina trepó a unos 740.000 barriles por día y, de mantenerse el ritmo actual de inversiones y puesta en producción, las proyecciones para 2026 apuntan a superar los 810.000 barriles diarios.

Desde 2023, el crecimiento de la oferta global de crudo comenzó a ser liderado por países ajenos al cartel ampliado.

Al igual que el JP Morgan, las proyecciones de la Energy Information Administration indican que hacia 2026 la producción mundial aumentará en torno a 800.000 barriles diarios, y que aproximadamente la mitad de ese incremento será aportado de manera conjunta por Brasil, Guyana y la Argentina.

No se trata de un fenómeno aislado, sino de la consolidación de una tendencia que ya se había manifestado en 2025, cuando este trío explicó el 28% del crecimiento del suministro global.

El quiebre productivo del shale argentino

En el caso argentino, el punto de inflexión se produjo en 2021. Tras más de una década de caída sostenida, la producción comenzó a revertirse gracias al avance del desarrollo no convencional en Vaca Muerta.

A diferencia de experiencias previas, el shale local logró escalar volúmenes significativos fuera de Norteamérica, algo que hasta hace pocos años parecía inalcanzable.

Los números reflejan esa dinámica ascendente. En 2024, la producción promedio se ubicó en torno a los 670.000 barriles diarios.

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Vaca Muerta sumó nuevas áreas y aumenta las fracturas para mejorar la producción.

Durante 2025, el volumen de Vaca Muerta trepó a unos 740.000 barriles por día y, de mantenerse el ritmo actual de inversiones y puesta en producción, las proyecciones para 2026 apuntan a superar los 810.000 barriles diarios.

Un ascenso sostenido en el ranking regional

Ese cambio estructural se tradujo en un hito concreto durante el 2025, cuando la Argentina desplazó a Colombia, que produjo 770.000 barriles diarios, y pasó a ocupar el cuarto lugar entre los productores de petróleo de América del Sur.

En noviembre de ese año, la producción alcanzó los 844.386 barriles diarios, con el shale oil explicando cerca del 70% del total. El liderazgo operativo recayó mayormente en YPF, que concentró buena parte del crecimiento.

El nuevo posicionamiento se da en un escenario regional contrastante. Brasil mantiene su liderazgo con una producción que supera los 4 millones de barriles diarios, mientras Guyana continúa expandiéndose a ritmo acelerado en su desarrollo offshore, ya por encima de los 900.000 barriles diarios.

En el extremo opuesto, la atención se concentra en la fragilidad de Venezuela, un país con las mayores reservas probadas del mundo pero con una industria afectada por la crisis política, el deterioro de infraestructura y las sanciones internacionales.

Analistas del sector advierten que la producción venezolana podría caer desde los actuales 1,2 millones de barriles diarios a menos de 300.000 hacia fines de este año.

De concretarse ese escenario, y si la Argentina logra sostener su expansión por encima de los 800.000 barriles diarios en 2026, el país podría escalar al tercer puesto del ranking sudamericano.

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La Argentina logró reposicionarse como un jugador cada vez más relevante, apoyada en el desarrollo intensivo del shale.

La recuperación venezolana, en cambio, requeriría inversiones estimadas en 183.000 millones de dólares a partir de 2026 para aspirar a niveles cercanos a los 3 millones de barriles diarios hacia 2040, una meta que hoy luce lejana.

Loma Campana y la validación del modelo industrial

Dentro de este proceso, algunos activos concentran buena parte de la atención. En diciembre, la producción de Loma Campana alcanzó los 100.000 barriles diarios, un récord absoluto para un área individual de Vaca Muerta y, por extensión, para el desarrollo no convencional argentino.

Según informó YPF, se trata del primer bloque de la formación en superar ese umbral, síntesis de más de una década de inversión, aprendizaje operativo y estandarización de procesos.

El salto a seis dígitos diarios tiene implicancias que exceden el dato puntual. Refleja que ciertos desarrollos ya operan bajo parámetros industriales comparables a los grandes plays internacionales y consolida a la Cuenca Neuquina como el principal vector de expansión del crudo argentino.

Al mismo tiempo, refuerza la discusión sobre el próximo desafío: transformar el crecimiento productivo en mayor capacidad exportadora y en una fuente sostenida de divisas.

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