El desarrollo local de la industria de los hidrocarburos viene cumpliendo hitos y metas que permiten proyectar a Vaca Muerta en un 2026 con una posición inédita. Tras años de reconocimiento geológico, de ajustar las técnicas de perforación en cada rincón de la formación y de una espera paciente por obras de infraestructura clave, este año se perfila como la aceleración definitiva de una nueva era.

Sin embargo, este despliegue de fuerza ocurre frente a un espejo internacional más que complejo, con muchas definiciones por delante que exigen prudencia. La Cuenca Neuquina está lista para producir como nunca, pero el mundo se encamina a un escenario de precios que pondrá a prueba la eficiencia de cada dólar invertido.

El año 2026 se presenta como el punto de inflexión para el desarrollo de los recursos no convencionales: las inversiones proyectadas son inéditas, y solo en el segmento del upstream, es decir, en la perforación y producción directa en los pozos, los desembolsos prometen superar largamente los US$10.000 millones de acuerdo con las estimaciones más moderadas.

Este flujo de capital es el resultado de la consolidación de un modelo que busca aumentar la eficiencia para lograr un salto de escala.

La cifra impresiona cuando se la pone en perspectiva: la industria viene de un 2025 que ya había marcado un vara alta con US$9.500 millones invertidos en el shale. Por entonces y, ahora en el renovado escenario, el protagonismo de YPF vuelve a ser central en este esquema.

La compañía de mayoría estatal tomó la decisión estratégica de enfocar, a partir de este año, toda su capacidad de inversión exclusivamente en la formación no convencional.

Con un presupuesto que ronda los US$6.000 millones, la petrolera se posiciona para encabezar las operaciones, proyectando un nivel de actividad que roza las 13.600 etapas de fractura con un crecimiento del 20% interanual y alcanzar los 250.000 barriles diarios.

Loreta Preska, Juicio por YPF, Vaca Muerta Sur, VMOS SA
El proyecto VMOS estará operativo a fines de 2026 con una primera etapa de 180.000 barriles diarios.

Este liderazgo se complementa con un ecosistema de empresas operadoras. Vista Energy ejecuta un plan plurianual agresivo, con inyecciones de capital que superan los US$1.500 millones anuales para alcanzar una producción de 180.000 barriles diarios hacia el final de la década.

Por su parte, Pluspetrol dinamizó el bloque Bajo del Choique-La Invernada con una inversión sostenida de US$800 millones.

De la misma manera, Tecpetrol acelera para llevar su producción de petróleo de 20.000 a 100.000 barriles diarios, mediante una inversión de US$2.500 millones para desarrollar el área Los Toldos Este II.

Solo en el segmento del upstream, es decir, en la perforación y producción directa en los pozos, los desembolsos prometen superar largamente los US$10.000 millones de acuerdo con las estimaciones más moderadas.

En este mapa de actores, Pampa Energía también emerge con fuerza, destinando un total de US$1.600 millones -la mayor de la historia de la compañía para un único proyecto- que le permita llevar el yacimiento Rincón de Aranda a su máximo potencial, complementando su ya robusta cartera gasífera.

Los desafíos del contexto internacional para Vaca Muerta

Sin embargo, este ímpetu local choca con una realidad exterior que viene evolucionando desde comienzos de 2025.

El mercado petrolero internacional se encamina hacia un ciclo desafiante, según los informes de coyuntura más recientes, y se proyecta una caída significativa en los precios del crudo debido a un exceso de oferta global.

Mientras la Argentina acelera, el mundo parece sobreabastecido de crudo, con una oferta que crece a un ritmo superior a la demanda.

Venezuela, Reservas de petróleo, Nicolás Maduro, Hidrocarburos, Medio Oriente
Las exportaciones petroleras de Venezuela representan menos del 1% en un mercado con sobreoferta.

Las proyecciones para este 2026 marcan un quiebre: el precio del petróleo Brent podría situarse en torno a los 55 dólares por barril o oncluso menor, lo que implicaría un desplome cercano al 20% respecto a los promedios del año anterior.

Ni siquiera la incursión militar de Estados Unidos en Venezuela para capturar a su presidente Nicolás Maduro pudo romper esa inercia, aunque -es cierto- el país caribeño ya no tiene el rol en el mercado petrolera global de otras décadas, y su producción representa bastante menos del 1% del comercio global.

En cambio, para los analistas, la resolución de las tensiones en Irán y las amenazas de Washington de una intervención directa sí podrían generar un escenario geopolitico mucho más preocupante, y en consecuencia más determinante para empujar los precios al alza.

Esto no ocurriría solo por la interrupción física de los flujos de crudo en el Estrecho de Ormuz, por donde transita una quinta parte del consumo mundial, sino fundamentalmente por la prima de riesgo que los mercados comenzarían a facturar de inmediato.

En particular en una región que es el corazón de los miembros de la OPEP.

En este tablero de ajedrez, la Argentina se encuentra ante una ventana de oportunidad ambivalente: mientras que la inestabilidad global suele castigar a las economías emergentes con una mayor volatilidad financiera, para la producción de la Cuenca Neuquina podría significar el blindaje necesario frente a la «era de precios bajos» que vaticinan las agencias de energía.

Un barril impulsado por el conflicto en Medio Oriente le daría a las operadoras locales un margen de rentabilidad extra que compensaría con creces los altos costos logísticos que todavía persisten en la región, transformando a la Argentina en un proveedor de energía percibido como un «puerto seguro», lejos de las zonas de conflicto bélico.

VMOS
La terminal de Punta Colorada marcará el crecimiento de las exportaciones de crudo este año

Más allá de las hipótesis, el escenario ineludible que es considerado el verdadero examen para Vaca Muerta es la eficiencia.

La competitividad geológica de la roca ya está probada, pero cuando el barril converge a los 50 o 60 dólares, el mecanismo de transmisión es financiero: se afecta directamente el flujo de caja de las compañías y, por ende, su capacidad de reinversión.

El desafío de este año para la industria argentina es demostrar que puede ser rentable y competitiva incluso con márgenes más estrechos, optimizando los costos de desarrollo para que la caída del precio internacional no frene el ritmo de las perforaciones.

La infraestructura de Vaca Muerta: de problema a fortaleza

El país llega a este examen con una ventaja que no tenía en ciclos anteriores: la infraestructura de evacuación finalmente está a la altura de las circunstancias, y 2026 debe ser el año en que se resuelven los históricos cuellos de botella.

La plena operatividad del Gasoducto Perito Moreno permite evacuar la producción hacia el norte del país, mientras que en el segmento del petróleo, el megaproyecto Vaca Muerta Oil Sur (VMOS) cambian las reglas del juego.

Este último, permitirá contar hacia las últimas semanas del año con una plataforma exportadora en las costas de Río Negro, que habilitará una capacidad de 180.000 barriles diarios destinados exclusivamente al mercado externo.

Esos volúmenes se irán incrementando en el primer semestre de 2027 hasta los 300.000 barriles y luego a poco más de medio millón.

En definitiva, Vaca Muerta transita hoy una paradoja de crecimiento. Por un lado, la actividad no convencional ya representa más del 65% de la producción de petróleo y el 72% del gas de la Argentina, con un crecimiento interanual proyectado del 29% en crudo.

Por el otro, el contexto global obliga a una recalibración de las expectativas.

El éxito de 2026 no se medirá solo por la cantidad de pozos conectados, sino por la madurez de una industria que debe aprender a transitar en aguas de precios bajos, apalancada en una infraestructura que, por fin, lanzar todo su potencial sin las históricas restricciones a la vista.

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