Un frente de hielo y nieve sin precedentes recientes desbordó la capacidad operativa de aerolíneas y aeropuertos, expuso la fragilidad logística del sector y afectó también a rutas clave del transporte terrestre.

La combinación de nieve intensa, hielo persistente y temperaturas extremas provocó una disrupción histórica en el transporte aéreo de Estados Unidos.

La tormenta invernal que atravesó cerca de dos tercios del territorio nacional dejó el domingo el mayor volumen de vuelos cancelados desde el inicio de la pandemia de COVID-19, con un impacto que se extendió tanto a la aviación doméstica como a las operaciones internacionales.

La tormenta no solo paralizó vuelos y carreteras: también puso en evidencia que la planificación operativa y la infraestructura deberán adaptarse a un escenario climático más volátil, donde episodios de esta magnitud ya no son excepcionales, sino parte de una nueva normalidad.

Según datos oficiales difundidos por el secretario de Transporte, Sean Duffy, más de 11.000 vuelos fueron cancelados en una sola jornada, mientras que otros 17.000 registraron demoras significativas.

La magnitud del fenómeno dejó al descubierto la falta de capacidad del sistema para absorber eventos climáticos extremos cuando afectan simultáneamente a múltiples regiones clave del país.

Un sistema aéreo sin margen de absorción

Desde el Gobierno federal reconocieron que la red aérea operó al límite de sus posibilidades. Duffy advirtió que las aerolíneas no cuentan con la capacidad necesaria para reubicar en pocos días a millones de pasajeros afectados por una interrupción de esta escala.

El arrastre de cancelaciones generó un cuello de botella operativo que se trasladó automáticamente a los días siguientes.

Para este lunes, las proyecciones oficiales ya anticipaban al menos 2.600 cancelaciones adicionales, producto del atraso acumulado y de la necesidad de reordenar tripulaciones, aeronaves y slots aeroportuarios.

“El desafío no es solo despegar cuando mejora el clima, sino reconstruir la estructura de vuelos sin colapsar el sistema”, explicaron desde la cartera de Transporte.

La persistencia de temperaturas bajo cero en amplias zonas del país complicó aún más la recuperación. En regiones con formación de hielo, la reapertura plena de pistas y plataformas demandó más tiempo del habitual, incluso después de que cesaran las precipitaciones.

Aeropuertos saturados y aerolíneas en crisis operativa

El impacto fue particularmente severo en los principales nodos del noreste estadounidense. Aeropuertos estratégicos como LaGuardia, JFK, Newark y Filadelfia registraron tasas de cancelación superiores al 80%, mientras que el Aeropuerto Nacional Reagan, en Washington, superó el 90%.

La gran tormenta de hielo y nieve que afectó a cerca de dos tercios de la geografía estadounidense provocó el domingo el peor día de cancelaciones de vuelos desde la pandemia de COVID-19 en 2020
La gran tormenta de hielo y nieve que afectó a cerca de dos tercios de la geografía estadounidense provocó el domingo el peor día de cancelaciones de vuelos desde la pandemia de COVID-19 en 2020.

Esta concentración de interrupciones en terminales clave amplificó el efecto dominó sobre el resto de la red.

Las grandes aerolíneas del país enfrentaron una jornada crítica. American Airlines suspendió más de la mitad de sus vuelos programados, mientras que Delta, United, Southwest y JetBlue también reportaron miles de operaciones canceladas.

En algunos casos, la afectación superó el 70% de la programación diaria, una cifra que ilustra la gravedad del evento.

Los vuelos internacionales tampoco escaparon a la tormenta. Cerca de un tercio de las operaciones previstas desde el exterior hacia Estados Unidos fueron canceladas, afectando conexiones transatlánticas y regionales.

La interrupción en los principales hubs generó reprogramaciones en cascada que se extendieron más allá de las fronteras estadounidenses.

Clima extremo y advertencias a los pasajeros

El Servicio Meteorológico Nacional había advertido que el fenómeno afectaría a casi 180 millones de personas, más de la mitad de la población del país. El frente avanzó desde el sur de las Montañas Rocosas hacia el noreste, dejando acumulaciones de nieve de entre 30 y 60 centímetros en ciudades como Washington, Nueva York y Boston.

Las autoridades señalaron que la duración del frío extremo sería un factor determinante para la normalización del sistema.

El impacto de la tormenta no se limitó al transporte aéreo. Duffy indicó que carreteras de Estados Unidos también enfrentaron cierres y restricciones
El impacto de la tormenta no se limitó al transporte aéreo. El Gobierno indicó que carreteras de Estados Unidos también enfrentaron cierres y restricciones .

Mientras que en el sur y el suroeste se esperaba una mejora gradual a partir de mitad de semana, en el medio oeste y el norte las temperaturas bajo cero podrían prolongarse varios días más, dificultando las tareas de despeje y mantenimiento.

En este contexto, Duffy instó a los pasajeros a observar el comportamiento comercial de las aerolíneas durante la crisis.

El funcionario advirtió sobre posibles prácticas especulativas en tarifas y remarcó la importancia de la transparencia en situaciones de emergencia climática, cuando la demanda cautiva expone a los usuarios a mayores costos.

El transporte terrestre también bajo presión

La tormenta no solo golpeó al transporte aéreo. Varias rutas clave del país registraron cierres parciales o totales. Estados como Nueva Jersey, Pensilvania y Connecticut restringieron la circulación de transporte comercial, mientras que otros 17 estados cerraron carriles para facilitar el trabajo de quitanieves y la aplicación de sal.

Además de los cierres, se redujeron los límites de velocidad para minimizar accidentes en condiciones de baja adherencia. Las autoridades estimaron que, una vez despejadas las rutas y estabilizadas las temperaturas, la circulación vial podría restablecerse con mayor rapidez que el tráfico aéreo.

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