Estos minerales estratégicos se volvieron piezas clave para la transición energética y la industria tecnológica. Brasil aparece como jugador de peso en la región y atrae tanto a Washington como a Pekín. Cómo asoma Argentina.
En el tablero geopolítico actual, los minerales estratégicos se volvieron piezas de poder. Así como sucede con el litio en el Cono Sur, las tierras raras empiezan a marcar la agenda entre potencias.
Brasil está en el centro de esa disputa: Estados Unidos busca acercarlo a su órbita para reducir la dependencia de China, que hoy domina la cadena de producción mundial de estos minerales. El trasfondo es claro: Washington y Pekín compiten por asegurar el control de los insumos críticos que alimentan la transición energética y la industria tecnológica avanzada.
Brasil, en particular, es un actor clave. Posee la segunda mayor reserva de tierras raras del planeta, además de abundancia de otros minerales como niobio, grafito y níquel.
Sin embargo, su producción sigue siendo mínima —apenas 20 toneladas en 2024— frente al gigante asiático, que extrae más de 270.000 toneladas y maneja toda la cadena de valor, desde la extracción hasta el refinado.
En la visión geopolítica, China otra vez se adelanta a Estados Unidos, como lo ha hecho con el litio. Argentina, por ahora, no está en la escala de prioridades de inversión
En este contexto, Washington intenta avanzar con acuerdos bilaterales para asegurarse acceso a estos recursos, mientras China fortalece su presencia en Brasil a través de inversiones millonarias en minería, cobre, litio y hasta en la industria automotriz eléctrica.
El lugar de la Argentina
Argentina, a diferencia de Brasil, no aparece todavía como protagonista en esta pulseada global por las tierras raras. Su potencial geológico está poco explorado y aún no cuenta con proyectos en desarrollo que la ubiquen en el radar internacional, como sí ocurre con el litio.
Pero, al igual que pasó con ese mineral hace apenas una década, la historia podría repetirse: el país tiene condiciones para insertarse en esta nueva ola de demanda y eventualmente ganar un lugar en el mapa de los recursos estratégicos del futuro.

¿Qué significa “minerales críticos”? Se trata de recursos que cada país define como esenciales pero vulnerables, ya sea por su escasez, por la dificultad de explotarlos de manera rentable o porque la oferta no alcanza a cubrir la demanda.
En ese grupo aparecen las tierras raras, un conjunto de 17 elementos con propiedades magnéticas, luminiscentes y electroquímicas únicas. Son claves en la fabricación de baterías recargables, imanes de alto rendimiento, turbinas eólicas, motores eléctricos, computadoras, celulares, sistemas de diagnóstico médico y hasta equipos de defensa.
Hoy, alrededor del 70% de la producción global está en manos de China, seguida muy de lejos por Estados Unidos (15%), Australia (6%) y Myanmar (4%). El dominio chino no es solo por reservas, sino por su estrategia de décadas: controlar toda la cadena, desde la extracción hasta el refinado y la manufactura de componentes. Allí reside la principal debilidad de los demás países.
La Argentina: sólo en potencial
Argentina aparece en otra etapa de la historia. Existen manifestaciones y depósitos identificados en provincias como Salta, Jujuy, San Juan, San Luis, Córdoba y Buenos Aires, además de la plataforma continental.
El Servicio Geológico Minero Argentino (SEGEMAR) calcula recursos de tierras raras por más de 190 mil toneladas y recursos potenciales que superarían los 3,3 millones. El desafío está en confirmar su viabilidad económica: las concentraciones no siempre son altas y los procesos para aislar estos elementos son complejos y costosos.
Para el Lic. Alejandro Conde Serra, geólogo economista, aunque las tierras raras despiertan un enorme interés geopolítico, Argentina todavía está lejos de convertirse en un jugador relevante. “No hay un sólido desarrollo en exploración que avecine proyectos que alcancen la factibilidad minero-industrial”, resume.
El especialista señala que el Estado nacional, a través de sus organismos científicos y técnicos, aún no cuenta con la capacidad para generar información de base lo suficientemente avanzada como para atraer a empresas y grupos inversores. “Hay un extenso camino por recorrer y una competencia internacional en franco desarrollo, con proyecciones suficientes para atender el mercado y sus futuros”, advierte.
Brasil como polo estratégico
Brasil, en cambio, se perfila como potencia en tierras raras. Tiene enormes recursos, compañías explorando activamente y un lugar asegurado en la agenda global.
Estados Unidos —que depende en un 70% de los suministros de China, el principal productor mundial— busca diversificar su abastecimiento, y ahí Brasil aparece como socio estratégico.
Al mismo tiempo, China también refuerza su presencia en Brasil con fuertes inversiones para mantener el control de la cadena mundial de suministro.

“En otras palabras, en la visión geopolítica, China otra vez se adelanta a Estados Unidos, como lo ha hecho con el litio. Argentina, por ahora, no está en la escala de prioridades de inversión”, concluye Conde Serra.
“Brasil es uno de los países llamados a ser protagonista. No solo cuenta con reservas declaradas y antecedentes en explotación, sino que hoy la ciencia y la exploración están avanzando sobre nuevos yacimientos de gran escala que podrían consolidar al país como una potencia mundial en tierras raras”, indica el geólogo Pablo Rolando.
“En Argentina el panorama es distinto. Aquí se habla de potencial, más que de reservas. Eso significa que todavía no hay un inventario definido ni depósitos explorados en profundidad con datos claros sobre tamaño y calidad”, dice.
Un futuro con riesgos y oportunidades
Para los especialistas, la demanda global de tierras raras se disparará. Hoy se consumen más de 200 mil toneladas anuales y se espera que esa cifra se triplique en la próxima década.
En ese horizonte, Argentina no puede ser todavía protagonista, pero sí una reserva estratégica de futuro, en la misma lógica que hace unos años tenía el litio antes de convertirse en el centro de atención mundial.
Ricardo Etcheverry, doctor en Geología y Profesor Extraordinario Emérito de la UNLP, advierte que “el consumo de tierras raras está creciendo rápidamente, impulsado principalmente por la fabricación de imanes para tecnologías verdes como los autos eléctricos”.
A diferencia de los metales tradicionales, los precios de las tierras raras no se fijan en mercados públicos. Sus precios se determinan mediante negociaciones privadas, lo que hace difícil monitorearlos.
La gran pregunta: ¿puede Argentina subirse a esta ola?
Para que la Argentina pase de la exploración a la explotación de estos recursos se necesita claramente una extracción que sea rentable y eficiente. Esto implica técnicas y tecnologías de primer nivel que actualmente no están del todo desarrolladas, y una política de Estado también donde se le dé prioridad a esa tecnología.

“Hay muchos métodos de separación mineral y de los elementos químicos. Es un tema nuevo. Pero aún no hay en la Argentina una tecnología que sea rentable”, explica Karina L. Lecomte, geóloga e investigadora del Centro de Investigaciones en Ciencias de la Tierra Córdoba, CICTERRA.
“Claramente, si la Argentina pudiera desarrollar una industria de tierras raras tendría un impacto altísimo en la economía nacional. El país debería invertir tanto en la investigación de la extracción de estos elementos como en la industria interna para luego poder exportar estos materiales, no como una materia prima sino ya con algún procesamiento realizado en el país. Además de que puedan venir nuevos inversores”, agrega.
En Argentina se han identificado varios depósitos de tierras raras, aunque la mayoría se encuentra en etapas muy tempranas de exploración.
Los yacimientos se localizan en las provincias de Salta y Jujuy —donde aparece el denominado Distrito Rangel y otras áreas con mineralización—, así como en San Juan, San Luis y el sur de Santiago del Estero, en Jasimampa, que además de tierras raras contiene niobio.
También se registraron depósitos en Córdoba y en La Carolina en San Luis, además de arcillas en la zona de Barker-Villa Cacique, en Buenos Aires.
Una de las más buscadas es la bastanasita, que genera los imanes necesarios para el funcionamiento de diversos componentes, desde el motor de un auto eléctrico a los parlantes de los celulares
Entre los proyectos más destacados figura Rodeo de los Molles, en San Luis, considerado el depósito más importante del país. Allí, en un área de aproximadamente 2 km por 0,6 km, se ha detectado una concentración de 2,1% de óxidos de tierras raras, con alto contenido de cerio.
Otro punto relevante es el Distrito Rangel, en Salta, donde se identificó un 0,5% de óxidos de tierras raras. En Buenos Aires también se registraron concentraciones de cerio, samario y neodimio, tres minerales claves para la transición energética y la industria tecnológica.
¿Para qué sirven las tierras raras?
Las tierras raras son componentes esenciales en el desarrollo tecnológico. Desde un auto eléctrico a un teléfono inteligente, hasta los microchips que usan las más modernas armas de guerra, los minerales forman parte de procesos clave.

Una de las más buscadas es la bastanasita, que genera los imanes necesarios para el funcionamiento de diversos componentes, desde el motor de un auto eléctrico a los parlantes de los celulares. Otros insumos sirven para absorber el calor del aparato y evitar fallas, mientras el itrio genera la iluminación que permite funcionar a las pantallas táctiles y generar imágenes en los aviones de combate.
El praseodimio es clave para para crear los metales de alta resistencia que se utilizan en motores de avión, por mencionar algunos ejemplos.
Las tierras raras se suman a otros minerales críticos como el litio, que hace posible la carga de las baterías que hoy sostienen el funcionamiento de celulares y vehículos eléctricos, y el cobre que funciona principalmente como conductor eléctrico.
Por este motivo, en China suelen decir que “mientras Medio Oriente controla el petróleo, China domina las tierras raras”. Los minerales raros se encuentran en circuitos, sensores, pantallas, micrófonos y baterías. 16 de los 17 son utilizados en los Smartphones. Sin ellos, una laptop sería doblemente pesada y perdería el brillo de la pantalla.
Su uso es especialmente clave para la producción de sistemas de guía y control de misiles teledirigidos, drones, tecnología láser, radares y sensores de todo tipo de insumos de la industria de defensa global.