La competencia evidencia una alta necesidad de asegurarse transporte en el sistema troncal, en un escenario en el que la expansión de la producción de gas en Vaca Muerta exige nuevas obras de infraestructura.
La transportadora TGS recibió pedidos que superaron los 32 millones de metros cúbicos diarios de gas (MMm3/d) en el marco del proceso de asignación de capacidad incremental del Gasoducto Perito Moreno.
La cifra implica casi triplicar la disponibilidad prevista para esta primera fase, lo que da cuenta del fuerte interés del mercado por asegurar transporte firme a futuro.
En esta instancia participaron distintos actores del sector energético, entre ellos productores, empresas comercializadoras, grandes usuarios industriales, generadores eléctricos y distribuidoras.
La compañía ya proyecta una segunda etapa de expansión. Esta nueva fase estará condicionada por un proceso adicional que será coordinado por las autoridades energéticas, en particular una vez que se concrete la reorganización contractual vinculada a las empresas públicas del sector.
La diversidad de perfiles refleja la amplitud de la demanda y la necesidad estructural de ampliar la capacidad del sistema para acompañar el crecimiento del gas no convencional.
El mecanismo utilizado fue un open season, una herramienta habitual en la industria para asignar capacidad mediante ofertas competitivas. Este tipo de procesos permite ordenar la demanda y priorizar proyectos en función de condiciones económicas y técnicas, en un escenario donde la infraestructura existente resulta insuficiente frente al potencial productivo.
Validación técnica y próximos pasos regulatorios
Desde la conducción de la compañía destacaron el resultado positivo de la convocatoria, especialmente en el segmento vinculado a los esquemas de prepago, que resultaron determinantes para el interés mostrado por los cargadores.
Tras la recepción de ofertas, la empresa avanzó en una instancia de evaluación preliminar, donde se priorizaron aquellas propuestas que presentan mejores condiciones desde el punto de vista técnico y económico. Esta preselección constituye un paso clave antes de la validación final por parte de los organismos regulatorios.
El proceso ahora deberá ser revisado por el Ente Nacional Regulador del Gas y la Secretaría de Energía, que tendrán la responsabilidad de confirmar que los criterios aplicados se ajustan al marco normativo vigente. Esta instancia es determinante para avanzar hacia la adjudicación definitiva de la capacidad.
En paralelo, la compañía ya proyecta una segunda etapa de expansión. Esta nueva fase estará condicionada por un proceso adicional que será coordinado por las autoridades energéticas, en particular una vez que se concrete la reorganización contractual vinculada a las empresas públicas del sector. Recién entonces se abrirá una nueva convocatoria para ampliar aún más la capacidad del sistema.
Inversión y destino de la nueva capacidad
De acuerdo con el plan presentado, esta primera ampliación del Gasoducto Perito Moreno sumará 14 MMm3/d adicionales. La mayor parte de este volumen —unos 12 MMm3/d— estará destinada al área del Gran Buenos Aires, principal centro de consumo del país, mientras que los 2 MMm3/d restantes se orientarán hacia el polo industrial de Bahía Blanca.
El proyecto implica una inversión estimada en 700 millones de dólares y forma parte de una estrategia más amplia para eliminar los cuellos de botella que actualmente limitan el desarrollo de la producción en la cuenca neuquina. Estas restricciones logísticas han sido uno de los principales obstáculos para capitalizar plenamente el potencial de Vaca Muerta.

La iniciativa, adjudicada a la empresa en noviembre del año pasado, tiene como objetivo entrar en operación antes del invierno de 2027, un plazo crítico para garantizar el abastecimiento en los picos estacionales de demanda.
NGLs: una apuesta para optimizar el sistema
En paralelo al desarrollo del gasoducto, la compañía impulsa un ambicioso proyecto de industrialización de líquidos del gas natural (NGLs), que demandará una inversión cercana a los 3.000 millones de dólares. Esta iniciativa apunta a resolver una problemática técnica creciente vinculada al aumento en la producción de gas rico en líquidos.
El incremento en la inyección de este tipo de gas podría llevar, en el corto plazo, a que los sistemas de transporte operen fuera de especificación. Esta situación no solo afecta la calidad del gas transportado, sino que también condiciona tanto la producción de hidrocarburos líquidos como el desarrollo del petróleo asociado.
Frente a este escenario, la separación de componentes líquidos se vuelve indispensable. El objetivo es transformar un recurso que actualmente se consume como gas —o incluso se desaprovecha— en productos con mayor valor agregado y potencial exportador.
Infraestructura y proyección económica
El proyecto contempla una ampliación significativa de la planta de Tratayén, que pasará a cumplir funciones de procesamiento integral. A esto se sumará la construcción de un poliducto y una nueva instalación en Bahía Blanca, configurando un sistema integrado para la gestión de líquidos.
El desarrollo se enmarca dentro del Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones, un esquema diseñado para mejorar la competitividad de grandes proyectos de infraestructura. El plazo estimado de ejecución es de 45 meses.
En términos económicos, el impacto proyectado es relevante. Se estima que las exportaciones derivadas del procesamiento de estos líquidos podrían generar ingresos del orden de 1.200 millones de dólares anuales. Además, la obra implicará un fuerte impulso al empleo, con la creación de miles de puestos de trabajo tanto directos como indirectos.




