La renovada crisis en Medio Oriente proyecta sobre el mercado energético un escenario de vulnerabilidad que los especialistas desglosan en dos dimensiones críticas: por un lado, opera un «efecto especulación», que impulsa los precios al alza de manera preventivo;, y por otro, emerge la amenaza de un impacto real ante un eventual bloqueo en el Estrecho de Ormuz.
Esta combinación de factores técnicos y geopolíticos ya permite a los analistas proyectar la sombra de un barril a US$100, una cifra que duplica las previsiones que se sostenían para este 2026 antes del recrudecimiento del conflicto entre Estados Unidos, Israel y el régimen teocrático de Irán.
Por lo pronto, sin llegar a extremos, la semana arrancó fuertemente al alza con las primeras noticias del ataque coordinado que descabezó el régimen iraní.
La estabilidad del mercado energético global se encuentra nuevamente supeditada a una franja marítima de apenas tres kilómetros de ancho. El recrudecimiento del conflicto en Medio Oriente, con Irán —quinto productor mundial de crudo— e Israel como protagonistas, vuelve a poner bajo la mirada global al Estrecho de Ormuz.
Por esta vía se evacúa un tercio del tráfico mundial de petróleo y un quinto del de gas, consolidándose como el epicentro de una tensión que también tiene sus alcances en la reconfiguración de mapa económico de la Argentina.
Esta combinación de factores técnicos y geopolíticos ya permite a los analistas proyectar la sombra de un barril a US$100, una cifra que duplica las previsiones que se sostenían para este 2026 antes del recrudecimiento del conflicto entre Estados Unidos, Israel y el régimen teocrático de Irán.
La posibilidad de una interrupción en el tránsito de aproximadamente 20 millones de barriles diarios de crudo y Gas Natural Licuado (GNL) opera actualmente sobre los precios mediante dos mecanismos: el efecto especulación y el riesgo logístico real.
Un bloqueo físico en los canales de navegación obligaría a los buques a desviar sus rutas hacia el norte, rodeando el continente para ingresar por el Canal de Suez, lo que añadiría al menos dos semanas de viaje y un incremento sustancial en los costos operativos y de seguros.
En las últimas semanas, la previsión del conflicto impulsó el crudo al alza en 10 USD/bbl. Bajo este escenario de incertidumbre geopolítica, el mercado deja de regirse por los fundamentos de oferta y demanda, permitiendo que la prima de riesgo domine las cotizaciones.

Si el estrecho sufriera un cierre total, analistas técnicos estiman que el barril de Brent superaría ampliamente la barrera de los 100 dólares. Inclso sin un bloqueo a la vista, la tensión en la región es suficiente para un escalamiento de las incertidumbres y los precios.}
Este lunes comenzó con noticias en ese sentido: mientras el precio del barril escalaba cerca de un 13%, Qatar anunció que dejaría de producir GNL por los bombardeos de Irán -aportaba cerca del 20% del total global– lo que dispara aún más la incertidumbre y los riesgos.
El nivel de tensión es tan alto que la FIFA debió cancelar la Finalissima, la final que España y Argentina iban a disputar a fines de Marzo en Qatar.
Impacto en la balanza comercial y las inversiones: De Ormúz a Vaca Muerta
Para la Argentina, la crisis en Medio Oriente presenta una dinámica de beneficios en términos de flujo de divisas. El incremento del precio internacional mejora directamente la rentabilidad de los proyectos en la cuenca neuquina, acelerando los procesos de inversión en Vaca Muerta. A nivel macroeconómico, los efectos se reflejan en la balanza comercial energética de 2026.
Por un lado, las exportaciones de crudo desde la Argentina se verían beneficiadas de forma inmediata, tal como ocurre en la apertura de la semana con un barril que saltó casi US$10.
La suba previa ya había elevado la previsión de superávit para 2026 en US$1.300 millones, situándola en un total de US$10.000 millones. Una escalada adicional podría sumar otros US$1.300 millones adicionales al saldo exportable, de acuerdo a estimaciones del consultor Daniel Dreizzen, titular de Aleph Energy .
En las últimas semanas, la previsión del conflicto impulsó el crudo al alza en 10 USD/bbl. Bajo este escenario de incertidumbre geopolítica, el mercado deja de regirse por los fundamentos de oferta y demanda, permitiendo que la prima de riesgo domine las cotizaciones.
En referencia a los proyectos de GNL en los que avanzan las empresas locales con socios internacionales, si bien el alza del precio del gas en los mercados externos encarece las importaciones necesarias en el corto plazo, el escenario de precios elevados valida y otorga viabilidad técnica a los proyectos de licuefacción de largo plazo en el país.
Asi, en este balance de diferenciales de precios, la tensión bélica tiende a reducir los descuentos de entre el 3% y el 4% que el crudo local suele aplicar frente al Brent en contextos de sobreoferta global, mejorando el valor de venta del petróleo argentino en el extranjero.
La presión sobre los precios internos
La contraparte de este incremento en la valoración de los recursos es la presión directa sobre el mercado doméstico. Al consolidarse un esquema de paridad de importación, los valores de los combustibles en el surtidor quedan vinculados a la referencia internacional.

Aunque el petróleo representa aproximadamente el 40% del precio final de las naftas y el gasoil, un barril en ascenso encarece los costos de logística y transporte de toda la cadena económica. En un contexto de alta sensibilidad inflacionaria, la internacionalización de los precios energéticos actúa como un factor de tensión para los índices de precios al consumidor.
La duración del conflicto será la variable determinante, para distintos analistas. Mientras que la OPEP+ avanzó este domingo con una ya anunciado incremento de oferta -aunque aun limitado- los factores geopolíticos que se vienen registrando desde comienzos de año neutralizan la tendencia a la baja que se proyectaba por la sobreoferta global.
El incremento del precio internacional mejora directamente la rentabilidad de los proyectos en la cuenca neuquina, acelerando los procesos de inversión en Vaca Muerta. A nivel macroeconómico, los efectos se reflejan en la balanza comercial energética de 2026.
A los pronósticos de un precio internacional del Brent en torno a los US$55 que se anticipaba a fines de 2025, o incluso más cerca de los US$50 por una sobreoferta no absorbida por el mercado, la industria evalúa que los nuevos precios altos se mantendrán en tanto no haya claridad sobre el mediano plazo.
Incluso un cierre «virtual» del estrecho —motivado por el cese de operaciones ante el aumento de las primas de seguros— generaría un estrangulamiento de la oferta hacia Asia en pocos días.
En este escenario complejo, la Argentina se encuentra en una posición de exportador creciente que capitaliza la valorización de sus activos no convencionales, pero también queda expuesta a la volatilidad de un mercado global donde la seguridad energética hoy depende de factores ajenos a la lógica energética y pendientes de la escalada de los conflictos políticos y armados.






