La petrolera del Grupo Techint presentó formalmente su adhesión al régimen con un proyecto de US$ 2.400 millones en el bloque Los Toldos II Este, que prevé alcanzar una producción de 70.000 barriles diarios. La iniciativa se apoya en la reciente inclusión del upstream dentro del esquema de beneficios fiscales.

La compañía Tecpetrol, brazo energético del Grupo Techint, avanzó formalmente con su pedido de adhesión al Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI) para un desarrollo en Vaca Muerta que demandará una inversión estimada en US$ 2.400 millones.

El proyecto está enfocado en el bloque Los Toldos II Este y contempla un esquema de crecimiento en dos etapas, con una meta final de producción de 70.000 barriles diarios. La hoja de ruta prevé un primer tramo de 35.000 barriles y una segunda fase que duplicará ese volumen en un corto plazo.

La movida de Tecpetrol no ocurre en soledad. Semanas antes, Marcelo Mindlin, a través de Pampa Energía, había presentado un proyecto aún mayor, por US$ 4.500 millones, para el desarrollo del área Rincón de Aranda, también orientado al shale oil.

Desde la empresa del Grupo Techint confirmaron que la solicitud mantiene los lineamientos técnicos y productivos que ya habían sido anticipados. La iniciativa replica el modelo de desarrollo intensivo que la compañía aplicó en Fortín de Piedra, el yacimiento gasífero que marcó un punto de inflexión en la producción no convencional del país.

El movimiento se produce en un contexto particular, atravesado por tensiones públicas entre el presidente Javier Milei y el titular del grupo, Paolo Rocca, aunque la decisión empresaria parece responder a variables estructurales del negocio más que a la coyuntura política.

El RIGI como catalizador de inversiones

La clave detrás de esta decisión radica en la reciente modificación del RIGI, que amplió su alcance para incluir proyectos de exploración y producción de hidrocarburos. Hasta ese cambio, el régimen se limitaba a obras de infraestructura complementaria, lo que dejaba afuera el núcleo del negocio petrolero.

Esta limitación había sido señalada por las empresas como uno de los principales obstáculos para activar inversiones de gran escala. Con la incorporación del upstream, el esquema se vuelve más atractivo al abarcar toda la cadena de valor del desarrollo.

El nuevo marco establece un piso mínimo de US$ 600 millones para proyectos en cuencas no convencionales y ofrece un paquete de incentivos que incluye reducción del impuesto a las ganancias, exenciones arancelarias y, especialmente, un esquema progresivo de libre disponibilidad de divisas.

Este último punto resulta central: permite a las compañías acceder a los dólares generados por exportaciones, un factor decisivo en un contexto de restricciones cambiarias. A esto se suma la estabilidad fiscal y regulatoria por 40 años, una condición clave para iniciativas intensivas en capital.

Dentro del sector, se interpreta que esta modificación no solo impulsa la producción, sino que también mejora la viabilidad de obras asociadas —como oleoductos o plantas de tratamiento— al garantizar flujos de ingresos en moneda dura.

Tecpetrol. en una carrera entre grandes jugadores

La movida de Tecpetrol no ocurre en soledad. Semanas antes, Marcelo Mindlin, a través de Pampa Energía, había presentado un proyecto aún mayor, por US$4500 millones, para el desarrollo del área Rincón de Aranda, también orientado al shale oil.

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La iniciativa replica el modelo de desarrollo intensivo que la compañía aplicó en Fortín de Piedra, el yacimiento gasífero que marcó un punto de inflexión en la producción no convencional del país.

Este escenario configura una competencia entre los principales actores del sector por posicionarse dentro del régimen en su etapa inicial. La lógica es asegurar condiciones fiscales y cambiarias favorables antes de que el esquema alcance mayor saturación o enfrente eventuales modificaciones.

En este contexto, Vaca Muerta vuelve a consolidarse como el principal polo de atracción de inversiones energéticas del país. La escala de los proyectos en marcha refleja no solo el potencial geológico, sino también la necesidad de contar con marcos regulatorios que reduzcan la incertidumbre.

Diversificación y apuesta al petróleo

El proyecto en Los Toldos II Este también refleja un cambio en la estrategia de Tecpetrol. Históricamente posicionada como líder en el desarrollo de gas no convencional, la compañía busca ahora fortalecer su presencia en el segmento petrolero.

Esta diversificación responde a la dinámica del mercado, donde el shale oil ofrece mayores oportunidades de exportación y generación de divisas en el corto y mediano plazo. En línea con ese objetivo, la empresa ya inició trabajos preliminares de infraestructura y planea acelerar el ritmo de ejecución mediante la integración de sus distintas unidades de negocio.

El cronograma prevé alcanzar los primeros 35.000 barriles diarios hacia 2027, con una rápida expansión posterior para llegar al objetivo final. Este esquema de desarrollo intensivo apunta a maximizar la eficiencia operativa y reducir los tiempos de recuperación de la inversión.

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