La empresa que gestiona la infraestructura subterránea de la Ciudad cerró una etapa administrativa iniciada a nivel nacional. El cambio societario no altera el control estatal ni la operación cotidiana, pero se inscribe en un proceso más amplio de reordenamiento del sector público.

Subterráneos de Buenos Aires completó formalmente su transformación en sociedad anónima, dejando atrás la figura de sociedad del Estado bajo la cual operó durante décadas.

El paso quedó oficializado con la publicación del decreto 20/2026 en el Boletín Oficial de la Ciudad, firmado por el jefe de Gobierno porteño, Jorge Macri. Desde el punto de vista legal, la empresa adopta ahora la forma de Sociedad Anónima Unipersonal (SAU).

Desde el Gobierno porteño se encargaron de despejar cualquier lectura asociada a una privatización encubierta y que no existe ningún plan para transferir acciones al sector privado ni para modificar el control estatal de la compañía.

Aunque internamente ya venía utilizando la denominación “SBASAU”, su estatuto mantiene habilitado el uso de la sigla histórica, una señal de continuidad institucional más allá del encuadre jurídico.

La modificación no responde a una decisión aislada de la administración local, sino a la necesidad de adecuarse a un cambio normativo de alcance nacional.

El DNU 70/2023 eliminó la figura de las sociedades del Estado —creada en 1974— y ordenó la reconversión de todas las empresas públicas en sociedades anónimas.

Si bien el decreto mantiene plena vigencia, su constitucionalidad aún no fue resuelta por la Corte Suprema, incluso tras más de dos años de aplicación.

Un proceso que atravesó a todo el sector público

La transformación de la operadora del subte porteño se suma a una lista de reconversiones ya concretadas en el ámbito ferroviario.

Durante el último año, Trenes Argentinos Operaciones y Trenes Argentinos Infraestructura dejaron su antiguo formato y pasaron a denominarse SOFSA y ADIFSA respectivamente.

En diciembre, Ferrocarriles Argentinos completó el mismo recorrido al convertirse en sociedad anónima unipersonal.

En todos los casos, el cambio de tipo social fue presentado como un ajuste formal, sin impacto inmediato en la propiedad ni en la prestación de los servicios.

La empresa del subte no es la excepción: la totalidad de las acciones continúa en manos del Estado de la Ciudad de Buenos Aires y no se introducen variaciones en su misión principal.

Desde el Gobierno porteño se encargaron de despejar cualquier lectura asociada a una privatización encubierta. Funcionarios de la Ciudad insistieron en que no existe ningún plan para transferir acciones al sector privado ni para modificar el control estatal de la compañía.

Continuidad operativa y rol estratégico

Más allá de la reconfiguración societaria, la empresa mantiene intactas sus funciones. Sigue siendo propietaria de la red, del material fijo y de todos los activos asociados al sistema.

También conserva la responsabilidad sobre la planificación y ejecución de obras de extensión, además de actuar como autoridad de aplicación sobre la explotación del servicio.

Subte, Línea A y C, Pasajes, Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires
La transformación de la operadora del subte porteño se suma a una lista de reconversiones ya concretadas en el ámbito ferroviario.

La operación comercial del subte, por su parte, continúa concesionada. El contrato vigente con Emova se extiende hasta el 1° de diciembre de 2033, con la posibilidad de prorrogarse hasta 2036 si se activan las cláusulas previstas. En ese esquema, la reconversión legal no altera la relación contractual ni el esquema de control.

Tampoco se esperan cambios sustanciales en la gestión administrativa. Las sociedades del Estado ya funcionaban bajo reglas muy similares a las de una sociedad anónima tradicional, incluyendo un régimen laboral sin estabilidad propia del empleo público.

La diferencia central pasa por la eliminación de la obligación automática de asistencia financiera del Tesoro y por la posibilidad legal —aunque hoy descartada— de transferir acciones.

De la historia al presente institucional

La empresa del subte tiene una trayectoria que antecede largamente a la discusión actual. Constituida en 1963, surgió como una escisión de la antigua Transportes de Buenos Aires, heredera directa de la Corporación de Transportes de la Ciudad.

Aquella estructura, creada en la década de 1930, integró a las compañías privadas pioneras que dieron origen a la red subterránea porteña.

Esa historia explica, en parte, el peso simbólico de cada modificación institucional. Aunque el cambio a sociedad anónima no altera el funcionamiento diario del servicio, sí redefine el marco jurídico desde el cual se planifican inversiones, se gestionan recursos y se articulan políticas de largo plazo.

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