La iniciativa apunta a resolver déficits históricos del transporte público, conectar puntos estratégicos del Gran Rosario y apoyarse en tecnologías eléctricas más eficientes, con una inversión que marcaría un hito en el interior del país.
Rosario vuelve a colocar al ferrocarril urbano en el centro de su agenda de infraestructura. La ciudad y la provincia de Santa Fe trabajan en un proyecto de tren eléctrico de alcance metropolitano que, de concretarse, modificaría de manera estructural la forma de moverse en uno de los principales aglomerados urbanos del país.
La propuesta contempla un recorrido cercano a los 38 kilómetros, con integración territorial y una inversión estimada que oscila entre los 500 y 600 millones de dólares.
El recorrido proyectado combina el eje costero con ingresos al tejido urbano, conectando áreas de alta demanda social, educativa, sanitaria y administrativa.
El plan se encuentra en etapa de definición técnica y política. Según fuentes oficiales, el diseño general podría quedar cerrado en un plazo aproximado de seis meses, lo que abriría luego el debate sobre financiamiento, ejecución y plazos de obra.
La intención oficial es avanzar con una iniciativa que, además de resolver problemas de conectividad, incorpore criterios de eficiencia energética y reducción del impacto ambiental.
Una respuesta a un sistema de transporte exigido
El punto de partida del proyecto es el diagnóstico sobre las limitaciones del esquema actual de movilidad.
El transporte automotor, especialmente el colectivo urbano y metropolitano, enfrenta problemas de saturación, demoras y costos crecientes, en un contexto donde la expansión urbana complejizó los desplazamientos diarios entre Rosario y las localidades vecinas.
En ese marco, la propuesta ferroviaria busca ofrecer una alternativa estructural, con mayor capacidad, previsibilidad en los tiempos de viaje y menores emisiones.
Desde el gobierno provincial entienden que la escala del área metropolitana exige soluciones de fondo y no únicamente ajustes parciales sobre un sistema que muestra signos de agotamiento.
La iniciativa se inscribe, además, en una mirada de mediano y largo plazo. La administración santafesina evalúa que el tren urbano permitiría ordenar flujos de pasajeros, aliviar la presión sobre el tránsito vehicular y mejorar la accesibilidad a zonas clave de la ciudad, hoy condicionadas por la congestión.
Una traza pensada para unir nodos estratégicos
El recorrido proyectado combina el eje costero con ingresos al tejido urbano, conectando áreas de alta demanda social, educativa, sanitaria y administrativa.
Según detalló el secretario de Vinculación Estratégica de Santa Fe, Julián Galdeano, el trazado incluiría puntos como el ex Batallón 121, el Distrito Sur, el predio universitario de la Siberia, facultades estratégicas, Tribunales, el Hospital de Emergencias Clemente Álvarez y la Terminal de Ómnibus Mariano Moreno.

La lógica del diseño apunta a integrar centralidades existentes y futuras, facilitando los traslados entre Rosario, Villa Gobernador Gálvez y Granadero Baigorria.
En una primera etapa, la extensión rondaría los 35 kilómetros, con un costo por kilómetro estimado entre 15 y 18 millones de dólares, en línea con experiencias similares en otros países.
El proyecto recupera estudios previos realizados en la última década, pero incorpora un enfoque actualizado.
Tecnología, plazos y antecedentes internacionales
A diferencia de otras propuestas del pasado, la iniciativa actual no contempla obras subterráneas ni estructuras elevadas.
El modelo elegido es el de un tranvía moderno o tren urbano de superficie, capaz de convivir con el tránsito vehicular y adaptarse a calles existentes sin intervenciones de gran complejidad.
Este esquema ya fue aplicado con éxito en ciudades como Cuenca, Bilbao, Milán o Curitiba, donde sistemas ferroviarios urbanos se integraron al entramado urbano en plazos relativamente cortos.
El equipo técnico provincial analizó esas experiencias para evaluar la factibilidad local y reducir riesgos en la ejecución.
Uno de los aspectos más destacados es el impacto en los tiempos de viaje. Las proyecciones oficiales indican que recorridos que hoy demandan largos traslados podrían resolverse en menos de diez minutos, lo que modificaría de forma sustancial la dinámica cotidiana de miles de usuarios.
Rosario no es ajena a este tipo de debates. Entre 2012 y 2014 se analizaron alternativas como un tranvía eléctrico y un subterráneo, iniciativas que no avanzaron más allá del plano discursivo. Aquellas propuestas quedaron asociadas a ciclos políticos y no lograron superar las barreras financieras y de gestión.





