Mientras el Brent se disparaba por la guerra en Medio Oriente, el país informó que alcanzó los 4,2 millones de metros cúbicos en un mes, con Vaca Muerta como epicentro y fuertes contrastes entre provincias.
El mercado internacional del petróleo y el gas atraviesa semanas de alta volatilidad. La escalada del conflicto entre Irán, Estados Unidos e Israel, sumada a la amenaza de interrupciones en el estratégico Estrecho de Ormuz —por donde circula cerca del 20% del suministro mundial— volvió a tensionar los precios y reinstaló el fantasma de un barril por encima de los 100 dólares. En ese escenario incierto, la industria hidrocarburífera argentina acaba de marcar un hito productivo.
De acuerdo con datos oficiales de la Secretaría de Energía, en enero se extrajeron 4.262.675 metros cúbicos de petróleo, el mayor volumen mensual del que se tenga registro en la estadística nacional. La cifra superó el récord previo alcanzado en diciembre de 2025, cuando la producción había llegado a 4.245.403 m3.
El detalle provincial deja en evidencia la fuerte concentración del crecimiento. Neuquén, corazón de Vaca Muerta, produjo en enero 2.971.259 m3, con un alza interanual del 32,37%. Ese volumen equivale al 69,7% del total nacional, un nivel de incidencia inédito en la historia reciente del sector.
El salto interanual también resulta significativo: frente a enero de 2025, el crecimiento fue del 15,7%. La comparación histórica amplifica la magnitud del dato. Entre 2010 y 2022, el país no había logrado perforar el umbral de los tres millones de metros cúbicos en el primer mes del año.
Incluso si se amplía la mirada a toda la serie desde 1999, apenas en cinco oportunidades se superaron los cuatro millones de m3 mensuales.
Vaca Muerta, con casi 7 de cada 10 barriles de petróleo
El detalle provincial deja en evidencia la fuerte concentración del crecimiento. Neuquén, corazón de Vaca Muerta, produjo en enero 2.971.259 m3, con un alza interanual del 32,37%. Ese volumen equivale al 69,7% del total nacional, un nivel de incidencia inédito en la historia reciente del sector.
El Ministerio de Economía celebró el desempeño y precisó que la producción diaria promedió 882,2 mil barriles, un 16,5% más que un año atrás. Según el propio análisis oficial, el no convencional neuquino creció 35,5% interanual, confirmando que el shale es hoy el verdadero motor de la expansión.
La contracara es la marcada disparidad con otras cuencas tradicionales. En Chubut, la producción de enero fue de 587.163 m3, el registro más bajo para ese mes en los últimos 25 años y un 6,51% inferior al de igual período de 2025.
Santa Cruz exhibió una caída aún más pronunciada: 255.014 m3, un retroceso del 21,5% interanual y el peor arranque de año desde que existen estadísticas provinciales. El contraste histórico es elocuente: en 1999, esa jurisdicción había superado 1,24 millones de m3 en enero.
Cuencas maduras en retroceso y señales mixtas
Mendoza, otra provincia históricamente asociada al petróleo, tampoco logró revertir su tendencia declinante. En enero extrajo 240.586 m3, un 10,63% menos que en el mismo mes del año pasado. A comienzos de siglo, su producción duplicaba los niveles actuales.
Río Negro, en cambio, mostró un desempeño más auspicioso. Con 114.849 m3 —equivalentes al 2,69% del total nacional— registró un incremento interanual del 6,97% y encadenó su segundo enero consecutivo en alza. Sin embargo, aún se mantiene lejos de los picos de comienzos de los 2000, cuando superaba los 200 mil m3 en el primer mes del año.

El mapa productivo confirma así un cambio estructural: el crecimiento argentino ya no es homogéneo ni depende de múltiples cuencas, sino que se apoya de manera decisiva en el desarrollo no convencional.
Ventana de oportunidad y riesgo inflacionario
El contexto externo agrega una dimensión estratégica. La escalada bélica en Medio Oriente empujó al Brent por encima de los 80 dólares y reintrodujo volatilidad en las cotizaciones.
Para los exportadores, el escenario implica mayores ingresos en divisas y mejora de márgenes. Hasta hace pocas semanas, el crudo local se comercializaba en torno a los 70 dólares por barril; una suba sostenida del precio internacional podría fortalecer la caja de las operadoras y acelerar inversiones, especialmente en Vaca Muerta.
No obstante, existe un efecto colateral. El petróleo representa cerca del 40% del precio final de los combustibles. Si el barril continúa escalando, el traslado a surtidor se vuelve probable. Cada ajuste en nafta y gasoil impacta de forma directa en los costos logísticos y, en consecuencia, en la estructura de precios de toda la economía.






